Bernardo Stamateas: por qué las emociones pasan y cómo aprender a regularlas

Las emociones cumplen una función y pueden advertirnos sobre lo que ocurre dentro de nosotros. El desafío, según Stamateas, está en escucharlas sin dejar que gobiernen nuestras decisiones.

Hombre triste
Hombre angustiado, sentado contra una pared.
Foto: Freepik.

En una reflexión publicada por Bernardo Stamateas para La Nación, el psicólogo y escritor plantea que, en un mundo cada vez más agitado, cuidar la salud emocional resulta tan importante como atender la salud física. Ambas dimensiones están vinculadas: lo que sentimos puede repercutir en el cuerpo y, a la vez, nuestro estado corporal puede influir sobre las emociones.

Según explica Stamateas, las emociones tienen su origen en el cerebro límbico y recorren nuestro organismo. Pero hay una idea central que atraviesa su análisis: ninguna emoción permanece para siempre.

A diferencia de los sentimientos, que suelen ser más profundos y estables, las emociones son respuestas más breves. Pueden durar segundos o minutos. Por eso, señala el psicólogo, emociones como el enojo, la culpa o la ansiedad también terminan pasando.

Las emociones tienen una función, pero no deberían gobernarnos

Cada emoción transmite un mensaje y cumple un propósito. La alegría puede indicar que existe algo bueno para disfrutar o compartir. La ansiedad puede advertir sobre una preocupación o una amenaza percibida. La vergüenza aparece cuando sentimos que somos observados o evaluados, mientras que el enojo puede señalar la presencia de un obstáculo, un límite o una situación que requiere atención.

Por eso, Stamateas sostiene que el objetivo no debería ser esconder o combatir lo que sentimos. Las emociones pueden convertirse en aliadas si aprendemos a escucharlas y comprender qué están intentando señalar. Sin embargo, escuchar no significa obedecerlas de manera automática.

El punto decisivo está en qué hacemos con aquello que sentimos. Todos podemos enojarnos, pero la diferencia está en cómo respondemos ante esa emoción. Para el psicólogo, dejar que la ira tome el control supone actuar desde una respuesta infantil, mientras que crecer también implica aprender a regular lo que sentimos.

Una mujer en su dormitorio con ropa de cama
Una mujer en su dormitorio con ropa de cama
Foto: Arredo

Respirar, moverse y sostener ciertas rutinas

Una de las herramientas que destaca Stamateas para regular el mundo emocional es el cuidado del cuerpo. Respirar lentamente puede ayudar a regular el miedo, la ansiedad y el enojo. También recomienda incorporar actividad física y caminar todos los días, además de procurar un buen descanso y una alimentación adecuada.

El orden también ocupa un lugar importante en su planteo. Stamateas explica que el cerebro busca organizarse porque entre sus funciones está detectar posibles peligros y favorecer la supervivencia. Mantener determinadas rutinas y cierto equilibrio en las distintas áreas de la vida puede aportar una mayor sensación de control.

Eso no significa convertir la vida en algo rígido. El psicólogo también plantea la importancia de incorporar, cada tanto, flexibilidad, novedades y espontaneidad para evitar caer en el aburrimiento.

Algunas claves para regular las emociones

Stamateas propone prestar atención a las señales corporales antes de que se intensifiquen. Reconocer la tensión, identificar lo que se siente y ponerlo en palabras puede ser un primer paso para comprender la propia experiencia emocional.

También recomienda preguntarse si aquello que se está sintiendo responde a un hecho concreto o a una interpretación. En ese sentido, plantea una diferencia importante entre una emoción y un peligro real.

Entre sus sugerencias aparece además la práctica de la respiración rítmica varias veces al día: inhalar durante cuatro tiempos y exhalar durante seis. A esto suma la importancia de mover el cuerpo a diario y levantarse periódicamente cuando se pasa mucho tiempo sentado.

Pareja, mirada, atracción
Personas se miran.
Foto: Freepik.

Otro aspecto al que presta atención es la alimentación. Comer demasiado rápido, sostiene, puede activar distintas emociones. Por eso aconseja sentarse a comer, hacerlo despacio, masticar bien y evitar las distracciones del celular o la televisión.

Por último, destaca el valor de mantener la esperanza y tener algún proyecto en marcha. Para Stamateas, contar con objetivos puede ayudar a reducir el ruido mental y favorecer un mayor orden interior.

Pensamientos y emociones se influyen mutuamente. La manera en que interpretamos lo que sucede puede contribuir a desencadenar determinadas respuestas emocionales. Por eso, la propuesta de Stamateas no consiste en luchar contra las emociones, sino en aceptarlas, escucharlas y aprender a utilizarlas como una guía para seguir adelante.

En base a La Nación/GDA

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