Correr parece, a simple vista, una de las actividades más accesibles: alcanza con salir a la calle y arrancar. Sin embargo, esa aparente facilidad suele jugar en contra de quienes dan sus primeros pasos en el running. Especialistas advierten que empezar sin una base mínima —y, sobre todo, sin el equipamiento adecuado— puede derivar en molestias físicas, lesiones o incluso en el abandono temprano.
“El running se transformó en un espacio de encuentro”, señala Jhonattan Torres, Head Coach de Skechers Colombia, maratonista con más de una década de experiencia y referente de una comunidad de corredores. Desde su mirada, iniciarse en este deporte no es solo cuestión de voluntad: también implica hacerlo bien desde el arranque.
El error más frecuente: subestimar el calzado
Uno de los fallos más habituales entre principiantes es restarle importancia a los championes. Existe la idea de que cualquier calzado cómodo para caminar también sirve para correr, pero el cuerpo no responde de la misma manera. Cada paso puede implicar un impacto de hasta tres veces el peso corporal, repetido cientos o miles de veces en una sola salida.
Torres lo resume con claridad: para quien recién empieza, el calzado funciona como una especie de protección frente al impacto. No se trata de estética, sino de una cuestión biomecánica. Un buen par de zapatillas puede compensar la falta de técnica inicial y ayudar al cuerpo en el proceso de adaptación.
Cuando esta elección no es la adecuada, las consecuencias suelen aparecer rápido. Molestias en las primeras semanas, dolores persistentes o lesiones como la periostitis tibial o problemas de rodilla son frecuentes en quienes arrancan sin la orientación necesaria.
El cuerpo no se adapta todo al mismo tiempo
Otro punto clave tiene que ver con cómo responde el organismo al entrenamiento. El sistema cardiovascular mejora más rápido que el sistema músculo-esquelético. En otras palabras, mientras el corazón y la respiración se adaptan con mayor rapidez, tendones, ligamentos y huesos necesitan más tiempo para soportar la carga.
Ese desfasaje, sumado a una técnica deficiente —como caer con demasiada fuerza sobre el talón— y a un calzado inadecuado, genera un combo propicio para las lesiones.
Frente a esto, los especialistas coinciden en que las zapatillas no son un accesorio más, sino una herramienta clave. Hay tres aspectos básicos a tener en cuenta: amortiguación, para absorber el impacto; estabilidad, para mantener una pisada equilibrada; y retorno de energía, que favorezca una transición más eficiente en cada zancada.
A eso se suma un factor no menor: la comodidad desde el primer uso. Si el calzado resulta incómodo al principio, es muy probable que el problema se agrave con los kilómetros.
Tecnología y adherencia al hábito
En paralelo, la industria deportiva avanzó en el desarrollo de tecnologías pensadas para mejorar la experiencia del corredor, sobre todo en etapas iniciales. Algunas líneas específicas buscan combinar confort, estabilidad y eficiencia en un mismo diseño.
Según Torres, estos avances ayudan a que la pisada sea más natural, el impacto se distribuya mejor y la sensación al correr resulte más fluida. Además, incorporan suelas con mayor tracción para superficies urbanas y materiales que permiten una mejor ventilación del pie.
Más allá del rendimiento, estos detalles inciden directamente en la continuidad. Cuando el calzado reduce la fatiga y hace más llevadera la experiencia, aumentan las probabilidades de sostener el hábito.
En definitiva, elegir bien los championes no garantiza marcas personales ni resultados inmediatos, pero sí puede marcar una diferencia clave: transformar una experiencia frustrante en una práctica disfrutable y sostenida en el tiempo.
En base a El Tiempo/GDA