La actividad física es uno de los pilares más consistentes para cuidar tanto el cuerpo como la mente. Según Harvard Health Publishing, incorporar movimiento en la vida diaria es clave para contrarrestar el sedentarismo y sostener una buena salud integral. No se trata necesariamente de hacer ejercicio de alta intensidad, sino de encontrar actividades que puedan mantenerse en el tiempo.
Entre las opciones más accesibles está caminar. Es una práctica simple, sin necesidad de equipamiento, que ayuda a mejorar la circulación, controlar el peso y favorecer el equilibrio emocional. La constancia, más que la intensidad, es lo que marca la diferencia en sus beneficios.
La natación aparece como otra alternativa completa, especialmente útil para quienes buscan reducir el impacto en las articulaciones. Al realizarse en el agua, disminuye el riesgo de lesiones mientras fortalece músculos, mejora la resistencia y contribuye a la salud cardiovascular.
También se destaca el Tai Chi, una disciplina que combina movimiento, respiración y concentración. Su práctica está asociada a mejoras en el equilibrio, la coordinación y la flexibilidad, lo que la vuelve especialmente recomendable para personas mayores o para quienes recién comienzan a moverse.
A estas actividades se suma el entrenamiento de fuerza, que puede realizarse con el propio peso corporal o con elementos simples. Este tipo de ejercicio ayuda a preservar la masa muscular, fortalecer los huesos y mantener la movilidad, aspectos clave a medida que avanza la edad.
El impacto del ejercicio no es solo físico. La actividad regular está vinculada a una disminución del estrés y la ansiedad, así como a mejoras en el estado de ánimo. Esto se debe, en parte, a la liberación de endorfinas, que generan sensaciones de bienestar y contribuyen a un mejor descanso. Además, mantenerse activo influye en funciones cognitivas como la memoria y la concentración, y aporta estructura a la rutina diaria, lo que también favorece el equilibrio emocional.
Para sostener el hábito, las recomendaciones apuntan a la regularidad más que a la exigencia: realizar al menos 30 minutos diarios de actividad aeróbica, sumar dos o tres sesiones semanales de fuerza y avanzar de forma progresiva. Elegir actividades agradables y variadas también ayuda a mantener la motivación en el tiempo.
Con base en El Tiempo/GDA
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