El paleoantropólogo Daniel Lieberman, profesor de Biología Evolutiva Humana en la Universidad de Harvard, lleva más de tres décadas estudiando cómo evolucionó el cuerpo humano y qué implica eso para la salud actual. En ese camino, se propuso desarmar algunas ideas bastante instaladas sobre correr, descansar y mantenerse activo.
Su enfoque no es menor: entender de dónde venimos, dice, permite interpretar mejor cómo funciona el organismo y, sobre todo, cómo prevenir lesiones y enfermedades.
Calzado y forma de correr
Uno de los puntos que pone sobre la mesa es el uso del calzado deportivo moderno. Según investigaciones publicadas en 2010, durante la mayor parte de la historia humana se corría sin zapatillas o con protecciones mínimas, como sandalias.
En ese contexto, observa que quienes corren descalzos tienden a apoyar la parte delantera del pie, lo que reduce el impacto. En cambio, el uso de calzado con mucha amortiguación suele favorecer el apoyo del talón, con una carga diferente sobre las articulaciones.
Respirar y moverse sin culpas
Otro de los mitos que cuestiona tiene que ver con la respiración. En una entrevista, Lieberman fue tajante al señalar que la idea de exhalar únicamente por la nariz al correr no tiene sustento. Según explicó, el cuerpo humano está adaptado a utilizar también la boca durante el esfuerzo, lo que ayuda a regular la temperatura.
En relación al sedentarismo, el especialista plantea algo que puede resultar contraintuitivo: la falta de ganas de hacer ejercicio no es solo una cuestión de voluntad. Desde una mirada evolutiva, el cuerpo tiende a ahorrar energía. Por eso, propone dejar de asociar el ejercicio con la culpa y empezar a integrarlo como parte natural de la vida cotidiana, incluso desde lo social.
Sueño y vida moderna
También revisa la creencia de que dormir ocho horas es una regla universal. Estudios en comunidades sin acceso a electricidad muestran que el descanso suele oscilar entre cinco y siete horas por noche.
Además, relativiza la idea de que la tecnología sea la única responsable de los problemas de sueño. Recuerda que, históricamente, dormir era una actividad compartida, en entornos con estímulos, muy distinta a la concepción actual.
Rodillas y actividad física
Por último, Lieberman desarma otro temor frecuente: que correr dañe las rodillas. Según sostiene, no hay evidencia que respalde la idea de que esta actividad cause artrosis.
Por el contrario, plantea que muchas lesiones pueden prevenirse con una técnica adecuada y un buen fortalecimiento muscular. Como referencia, menciona que los antepasados humanos se mantenían activos incluso en edades avanzadas, lo que sugiere que el movimiento sostenido no necesariamente implica un deterioro articular.
En definitiva, su mirada invita a repensar hábitos muy arraigados y a entender el movimiento desde una lógica más cercana a la historia evolutiva del ser humano.
En base a El Tiempo/GDA