Qué dice la velocidad al caminar sobre tu salud general y el ritmo al que envejece tu cerebro

Los motivos científicos por los que la velocidad de marcha refleja el funcionamiento del organismo y la razón neurológica por la que caminar fluido es más complejo de lo que parece.

Deportistas caminando al aire libre
Deportistas caminando al aire libre.
Foto: Magnific.

La velocidad a la que una persona camina puede ofrecer pistas sobre su estado de salud, especialmente a medida que envejece. Aunque muchas veces se percibe solo como una cuestión de hábitos o personalidad, numerosas investigaciones han encontrado que una marcha más lenta, se asocia con un mayor riesgo de deterioro físico y cognitivo.

Esto no significa que caminar despacio cause un envejecimiento acelerado ni que caminar rápido garantice una vida más larga. Sin embargo, la velocidad de la marcha se ha consolidado como uno de los indicadores funcionales más útiles para evaluar la salud general.

Diversos estudios han mostrado que la velocidad de la marcha es un predictor significativo de la supervivencia en adultos mayores. Una revisión realizada por investigadores de la Universidad de Pittsburgh, que reunió datos de más de 34.000 personas de 65 años o más, encontró que quienes caminaban más rápido presentaban una mayor probabilidad de supervivencia durante la década siguiente en comparación con quienes tenían una marcha más lenta.

Los autores señalaron que la velocidad al caminar resume el funcionamiento conjunto de múltiples sistemas del organismo, entre ellos el cardiovascular, el respiratorio, el muscular y el nervioso.

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Mujer camina al aire libre.
Foto: Freepik.

Uno de los trabajos más citados sobre este tema fue publicado en la revista Neurology por investigadores de la Universidad de Duke. El estudio siguió durante décadas a 904 personas nacidas en Nueva Zelanda y evaluó su velocidad de marcha a los 45 años junto con distintos indicadores físicos y cognitivos.

Los participantes que caminaban más lentamente tendían a obtener puntuaciones más bajas en pruebas de memoria, velocidad de procesamiento, razonamiento y otras funciones cognitivas. Además, las resonancias magnéticas mostraron que, en promedio, presentaban un menor volumen cerebral, una corteza cerebral más delgada y otras características asociadas al envejecimiento cerebral.

Los investigadores también observaron que algunas diferencias en el desarrollo cognitivo ya estaban presentes desde la infancia, lo que sugiere que la velocidad de la marcha refleja procesos acumulativos que comienzan mucho antes de la adultez.

¿Por qué caminar puede reflejar la salud del cerebro?

La neuróloga Lucía Zavala explica que caminar de forma fluida es una tarea mucho más compleja de lo que parece. Requiere la coordinación de múltiples regiones cerebrales encargadas del equilibrio, la planificación del movimiento, la integración sensorial y el control muscular.

Por eso, una disminución de la velocidad de la marcha puede ser una manifestación temprana de alteraciones en estos sistemas. Sin embargo, aclara que en neurología no se interpreta el tamaño del cerebro de manera aislada, sino como parte de un conjunto de indicadores relacionados con la llamada reserva cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para mantener su funcionamiento frente al envejecimiento o determinadas enfermedades.

Los especialistas consideran que medir la velocidad de la marcha puede aportar información valiosa durante los controles de salud, ya que se trata de una prueba sencilla, económica y no invasiva. No obstante, caminar despacio por sí solo no indica que una persona tenga un problema neurológico. Factores como lesiones musculares, enfermedades articulares, problemas cardiovasculares, dolor, sedentarismo o incluso el estado de ánimo también pueden influir en el ritmo al caminar.

Caminar
Caminata ligera.
Foto: Freepik.

Otras actividades que benefician al cerebro

Además de caminar, distintas formas de actividad física también se han asociado con una mejor salud cerebral. Zavala destaca especialmente el baile, que combina coordinación, memoria y orientación espacial; los deportes de raqueta, que exigen rapidez de reacción y planificación; y el entrenamiento de fuerza, que contribuye a mejorar la salud metabólica y puede ayudar a preservar la función cerebral durante el envejecimiento.

En conjunto, la evidencia sugiere que la velocidad de la marcha es menos una causa del envejecimiento que un reflejo del estado general del organismo. Más que intentar caminar cada vez más rápido, los especialistas recomiendan mantener una vida físicamente activa y consultar con un profesional si se observa una disminución persistente e inexplicable en la velocidad al caminar.

Con base en La Nación/GDA

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