¿Por qué no ves resultados en el gimnasio? Los errores de entrenamiento que frenan tu progreso físico

Ir al gimnasio varias veces por semana no siempre garantiza cambios. La intensidad, los descansos, la concentración y la constancia son factores clave para mejorar el rendimiento y la composición corporal.

Mujer en el gimnasio
Mujer en el gimnasio
Foto: Freepik

Voy al gimnasio pero no veo resultados. ¿Qué pasa? Es una de las frases más escuchadas en el fitness. Gente que va tres, cuatro veces por semana, que no falta nunca y después de meses sigue igual. Sin cambios en el cuerpo, desmotivado y surge el ¿para qué voy?

Mis preguntas en estos casos siempre van del lado de la alimentación, sueño y paciencia. No todo ocurre inmediatamente, en esos momentos seguir hace la diferencia.

Pero hoy hablaré de otros factores y uno de ellos es la intensidad. La respuesta muchísimas veces tiene que ver con esto.

Transpirar

Hay una idea muy instalada de que si no terminás empapado, no entrenaste bien. Y no es así, transpirar depende de la temperatura, de la genética, de si tomaste agua, de mil cosas que no tienen relación directa con lo que le pasó a tus músculos esa hora.

Sí importa para cuantificar tu intensidad el qué tan cerca llegaste del límite en cada serie. No el límite del colapso claramente sino el punto donde las últimas repeticiones te costaron e implicaron un esfuerzo donde tuviste que concentrarte para terminarlas bien. Eso es intensidad.

Si terminaste cada serie con energía, podrías haber hecho más o si las últimas repeticiones fueron iguales que las primeras, el músculo no tuvo un motivo para adaptarse. Y si no hay motivo, no hay cambio. Así de simple funciona.

ESTIMULO.jpg
¿Vas al gimnasio a ejercitarte o a pasar el rato?
Imagen generada por Gemini.

Darle una razón

El organismo es muy eficiente. Cuando algo le resulta fácil, lo repite sin estresarse, no construye más músculo, no desarrolla más fuerza, no mejora sus porcentajes de tejido adiposo o muscular. Una lógica coherente: si uno tiene una tarea fácil, no se complica por amor al arte.

Una rutina que se repite igual durante meses, con mismos pesos, número de repeticiones y nivel de esfuerzo, en algún momento deja de dar resultados. El cuerpo ya la conoce y domina. Necesita un nuevo desafío para avanzar. Es importante seguir una planificación y hacerse una pregunta honesta: ¿el entrenamiento realmente me está exigiendo o ya se volvió un hábito cómodo?

Conexión mente músculo

¿Habías escuchado sobre este término? Pocas veces se menciona pero es realmente importante el factor -concentración-. Dónde está la atención mientras entrenás cambia el resultado.

Quien hace una serie pensando en el movimiento, registrando lo que siente en el músculo, controlando cada repetición, obtiene algo diferente a quien mueve el peso como si fuera algo automático, mirando el celular o pensando en lo que tiene que hacer después.

Y se que acá estamos varios, me he pescado algunas veces pensando en lo que iba a cocinar para la noche en lugar de enfocarse en el movimiento que estaba realizando.

El músculo responde diferente cuando la cabeza está presente, y si no me crees, te invito a practicar vos mismo esa conexión.

Acá también hay algo interesante incluso para los que entrenan hace años: muchas veces el problema es que el cuerpo aprendió el movimiento tan bien que lo hace en modo automático.

Volver a prestar atención, de verdad, puede cambiar bastante más de lo que parece.

Ejercicio gimnasio mancuernas
Mujer hace ejercicio en el gimnasio.
Foto: Freepik.

Descansos/repeticiones

Descansar poco entre series (cantidad de veces/bloques que se realiza determinada cantidad de repeticiones de un ejercicio) acumula fatiga y las siguientes rinden menos. Descansar más de lo pautado corta el ritmo y baja el estímulo. Tanto si te querés ir rápido y no descansas como si te colgás con los descansos conversando o mirando el celular, no ayudan a tu progreso.

Mi consejo siempre es llevar un reloj o usar el del celular para controlar esos tiempos y por supuesto, para las repeticiones, no distraerse contándolas, pero, si aplicamos lo mencionado anteriormente, al implicar un esfuerzo probablemente vas a estar deseando llegar a la última repetición y te aseguro, no te vas a distraer.

De más está decir que si el plan dice 12, no hay que hacer ni 6 ni 14, son 12, el entrenador tiene su motivo para darte una cantidad determinada y las cantidades de repeticiones están fríamente calculadas, tu entrenador no las puso al azar.

Clases grupales

Mis consejos para quienes optan por los grupos son básicamente los mismos pero en una clase, solo que probablemente el instructor te guíe sobre la técnica, repeticiones y descansos. De todas formas hay algo que quiero destacar de este tipo de clases y es uno de los factores que más me gustan: el componente social del gimnasio.

Para muchos adultos, especialmente después de determinada edad, el gimnasio es uno de los pocos lugares donde hay una razón para salir, encontrarse con otros, intercambiar, pertenecer.

En una sociedad -jovencentrista- pero con mayoría de población adulta/adulta mayor, las opciones son escasas y la mejor decisión que se puede tomar es acercarse a un gimnasio.

Las clases grupales, los compañeros de siempre, el instructor que te conoce y pregunta sobre tus ‘nanas’ tu mascota, o familia. Todo eso suma, y mucho. La evidencia sobre el impacto de los vínculos sociales en la salud es enorme retrasando en un 27% el deterioro cognitivo y el gimnasio es uno de los espacios donde eso ocurre de manera natural y nada más y nada menos, mientras cuidas la salud física.

Así que sí, vale la pena ir. Vale la pena no faltar. Y también vale la pena, mientras se está ahí, darle al cuerpo un motivo real para mejorar, si los resultados no aparecen, paciencia, revisá tu intensidad, concentrate que en algo seguro estás fallando, los resultados nunca son una razón para bajar los brazos.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

gimnasioactividad física

Te puede interesar