Redacción El País
Marearse en el gimnasio no es algo “normal” ni debería minimizarse. Así lo advierte el doctor Juan Carlos Gudiño, cardiólogo clínico y del deporte, director del Centro de Rehabilitación Cardíaca y Cardiología del Deporte del Hospital Christus Muguerza Alta Especialidad, en Monterrey, y exintegrante del cuerpo médico del FC Barcelona. En un video que compartió en Instagram —donde reúne a más de 30 mil seguidores— explicó qué sucede en el cuerpo cuando aparece este síntoma y por qué conviene prestarle atención.
Según Gudiño, durante el ejercicio los vasos sanguíneos se dilatan para llevar más sangre y oxígeno a los músculos que están trabajando. El problema puede aparecer en movimientos como las sentadillas o ejercicios que implican cambios bruscos de postura. La sangre puede acumularse en la parte superior del tórax y, cuando uno se incorpora o estira las piernas, esa sangre desciende de forma súbita hacia los miembros inferiores, explica.
Ese desplazamiento rápido provoca una caída de la presión arterial y una menor irrigación del cerebro, lo que desencadena el mareo, la visión borrosa o, en casos más extremos, el desmayo.
Este fenómeno se conoce como respuesta vasovagal o hipotensión post ejercicio. Y el riesgo aumenta si la persona llega al entrenamiento deshidratada o sin haber comido adecuadamente. Si no tenés suficiente volumen de sangre o agua para compensar el esfuerzo, el cuerpo responde peor, señala el especialista.
Por eso, cuando estos episodios se repiten y no se conoce cómo responde el sistema cardiovascular, pueden volverse peligrosos y requieren evaluación médica.
Cómo prevenir los mareos durante el entrenamiento
Los expertos coinciden en que hay varias medidas simples que pueden reducir significativamente el riesgo:
- Hidratarse bien antes, durante y después del ejercicio. La deshidratación favorece la caída de la presión arterial, especialmente en entrenamientos intensos o con calor.
- No entrenar en ayunas prolongadas. Comer algo liviano antes de ir al gimnasio ayuda a mantener estables los niveles de glucosa y energía.
- Evitar cambios bruscos de postura. Al terminar una serie exigente, conviene incorporarse de forma gradual y no “levantarse de golpe”.
- Respirar correctamente. Contener la respiración durante el esfuerzo (maniobra de Valsalva) puede aumentar el riesgo de mareos. Exhalar durante la parte más intensa del movimiento ayuda a regular la presión.
- Escuchar al cuerpo. Si aparece mareo, náuseas o visión borrosa, lo indicado es detener el ejercicio, sentarse o acostarse y elevar las piernas.
- Progresar de forma gradual. Aumentar cargas e intensidad de manera escalonada permite que el sistema cardiovascular se adapte.
Finalmente, el mensaje del cardiólogo es claro: entrenar mejora la salud, pero hacerlo de forma segura es clave. Si los mareos aparecen con frecuencia, lo mejor es consultar con un médico para evaluar el estado cardiovascular y descartar problemas de base.
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