Redacción El País
Algo tan simple como sostenerse sobre un solo pie puede decir mucho más de lo que parece. Lejos de ser solo una prueba de destreza física, el equilibrio se ha convertido en un indicador silencioso del estado del cuerpo y del cerebro a lo largo del envejecimiento. Especialistas en salud coinciden en que esta habilidad ofrece pistas relevantes sobre la fuerza muscular, la coordinación neurológica y el riesgo de caídas en etapas posteriores de la vida.
El desarrollo del equilibrio comienza en la infancia y se estabiliza alrededor de los 9 o 10 años. Durante la adultez temprana alcanza su punto óptimo, generalmente hacia el final de la tercera década, y luego inicia un deterioro progresivo. A partir de los 50 años, la dificultad para mantenerse en esta postura durante más de unos segundos puede reflejar cambios físicos y neurológicos propios del envejecimiento.
Además de su valor como señal de alerta, pararse sobre una pierna puede transformarse en una herramienta preventiva accesible. Entrenar el equilibrio ayuda a reducir el riesgo de caídas, fortalece la musculatura y puede tener un impacto positivo en funciones cognitivas como la memoria. “
Una de las razones por las que los profesionales observan esta capacidad es su vínculo con la sarcopenia, la pérdida gradual de masa muscular asociada al paso del tiempo. Desde los 30 años, el cuerpo puede perder hasta un 8% de músculo por década y, según algunas investigaciones, cerca de la mitad de las personas de 80 años presenta sarcopenia clínica. Esta condición debilita especialmente las piernas y las caderas, lo que dificulta mantener la estabilidad.
El entrenamiento con apoyo en una sola pierna contribuye a preservar estos grupos musculares. Por eso, quienes lo practican con regularidad tienen menos probabilidades de desarrollar sarcopenia en edades avanzadas.
El equilibrio, sin embargo, no depende solo de los músculos. Involucra la coordinación entre la visión, el sistema vestibular del oído interno y el sistema somatosensorial, que informa al cerebro sobre la posición del cuerpo y el contacto con el suelo. Por eso, las dificultades para sostenerse en un solo apoyo pueden reflejar alteraciones en áreas cerebrales vinculadas con la velocidad de reacción y la integración sensorial.
El equilibrio también se entrena
La buena noticia es que el equilibrio puede entrenarse a cualquier edad. Los ejercicios con apoyo en una sola pierna fortalecen el tronco y las extremidades inferiores, y estimulan áreas cerebrales relacionadas con la integración sensoriomotora y la percepción espacial.
Este tipo de entrenamiento activa la corteza prefrontal y puede mejorar el rendimiento cognitivo, incluso durante tareas simultáneas. En adultos jóvenes sanos también se ha observado un impacto positivo en la memoria de trabajo. Por eso, se recomienda que las personas mayores de 65 años practiquen estos ejercicios al menos tres veces por semana, idealmente integrándolos a la rutina diaria.
Tareas domésticas habituales pueden transformarse en oportunidades de entrenamiento. Los expertos aconsejan reducir el balanceo, dedicar al menos 10 minutos diarios a estas prácticas y sumar ejercicios suaves de fortalecimiento de cadera con resistencia ligera. Combinar fuerza, actividad aeróbica y equilibrio puede reducir los factores de riesgo de caídas hasta en un 50%.
En base a El Tiempo/GDA
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