La importancia de las pausas activas durante la jornada laboral y algunas claves para salir del sedentarismo

Incorporar movimientos breves durante la rutina de trabajo ayuda a mejorar la circulación, despejar la mente y romper con la inercia de estar sentados varias horas.

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Pararse y moverse (pausas activas) en el horario de trabajo en la oficina contribuye a la productividad.
Foto: Pxhere.

La rutina cotidiana de millones de personas transcurre frente a computadoras y teléfonos celulares: jornadas sentados que solo se interrumpen para buscar un café o reunirse, para luego culminar el día frente a nuevas pantallas. Aunque habitualmente se reserva un momento de la jornada para realizar deporte, la especialista en gimnasia laboral Laura Castagneto plantea reflexionar sobre lo que ocurre durante las horas intermedias.

Su enfoque busca desmitificar la idea de que el ejercicio requiere necesariamente un gran sacrificio, indumentaria deportiva o equipamiento específico. La profesora sostiene que existen diversas alternativas sencillas para sumar movilidad en el lugar de trabajo y evitar que la escasez de tiempo sea un pretexto para la inactividad prolongada.

El impacto de las pausas activas en el cuerpo y la mente

Las pausas activas consisten en intervalos de movimiento que pueden extenderse por 20 o 30 minutos, pero también reducirse a solo cinco minutos o menos. Pueden llevarse a cabo en la oficina o en la casa con una simple silla como apoyo y con la misma ropa del día. Para Castagneto, la clave no reside únicamente en la cantidad de entrenamiento diario, sino en reducir el tiempo continuo en postura sedentaria.

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Foto: Commons.

Acciones simples como levantarse, caminar, articular el cuerpo o realizar ejercicios de coordinación generan los siguientes efectos:

  • A nivel físico: favorecen la movilidad articular y estimulan la circulación sanguínea.
  • A nivel mental: interrumpen la inercia, despejan la cabeza, ayudan a cambiar de aire y permiten retomar las tareas con mayor foco y productividad.
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Foto: Pexels.

La especialista remarca que el cuerpo humano no está diseñado para permanecer ocho horas sentadas e insiste en generar un cambio de conciencia: el movimiento no debe ser un hecho extraordinario aislado de la rutina, sino una práctica accesible integrada a la jornada diaria.

En base a El Tiempo/GDA

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