Hacer ejercicio es beneficioso para la salud, aunque muchas veces la falta de cambios en la balanza termine desmotivando. Sin embargo, una nueva declaración científica de la Asociación Americana del Corazón pone el foco en un aspecto clave: la actividad física produce importantes mejoras en el organismo, aun cuando no se consiga bajar de peso.
Los especialistas sostienen que el movimiento tiene efectos que no siempre se perciben a simple vista, pero que repercuten directamente en el bienestar general. En particular, las personas con sobrepeso u obesidad pueden experimentar mejoras en la presión arterial, la sensibilidad a la insulina, los niveles de colesterol y la capacidad cardiorrespiratoria.
Por ese motivo, la entidad científica plantea que la actividad física debe ocupar un lugar central en el abordaje del sobrepeso y la obesidad, como parte de un tratamiento integral.
Mucho más que una cuestión de kilos
Según explicó Antonio Clavero-Jimeno, investigador y docente del Departamento de Educación Física y Deportiva de la Universidad de Granada, el ejercicio contribuye a la pérdida de peso, pero su mayor aporte está en la mejora de la salud. Además, cuando se combina con una alimentación saludable, favorece un mayor descenso de peso, ayuda a preservar la masa muscular y facilita el mantenimiento de los resultados a largo plazo.
En la misma línea, Damon L. Swift, profesor de la Universidad de Virginia y uno de los responsables de la declaración científica, señaló que la actividad física aporta importantes beneficios para la salud cardiovascular y metabólica, incluso cuando el peso corporal permanece estable. Según el experto, esto adquiere especial relevancia porque muchas personas con sobrepeso u obesidad ya presentan factores de riesgo cardiovasculares.
Cada movimiento suma
Los especialistas coinciden en que cualquier cantidad de actividad física es mejor que ninguna. Pasar del sedentarismo a incorporar algo de movimiento ya produce mejoras en el funcionamiento del corazón, el metabolismo y la calidad de vida.
La Organización Mundial de la Salud recomienda realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada o vigorosa y sumar, como mínimo, dos jornadas de ejercicios de fuerza. No obstante, para lograr pérdidas de peso clínicamente relevantes generalmente se requieren entre 225 y 420 minutos semanales de ejercicio, además de cambios en la alimentación.
La importancia de conservar el músculo
La evidencia científica también muestra que combinar una dieta para bajar de peso con ejercicio ayuda a preservar la masa muscular. Si además se incorpora entrenamiento de fuerza y se consume una cantidad adecuada de proteínas, es posible perder grasa manteniendo el músculo.
Esto resulta especialmente importante porque la masa muscular influye en la fuerza, la movilidad, el metabolismo y el control de la glucosa en sangre.
Los expertos también recuerdan que mantener el peso perdido suele ser más difícil que adelgazar. Aun así, destacan que, aunque se recupere parte de los kilos, la actividad física sigue aportando beneficios al organismo, ya que ayuda a conservar una mejor salud cardiovascular y metabólica y a mantener mejoras en indicadores como la presión arterial y el control de la glucosa.
En base a El Tiempo/GDA
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