Un método de entrenamiento de bajo impacto empieza a ganar terreno entre personas mayores de 60 años por su enfoque accesible y seguro. La propuesta apunta a mejorar la resistencia física sin someter al cuerpo a exigencias agresivas, algo clave para quienes buscan mantenerse activos sin poner en riesgo las articulaciones.
La rutina se basa en ejercicios rítmicos que combinan movimiento corporal y coordinación al compás de la música. A través de secuencias simples y repetitivas, se trabaja la condición física en un entorno dinámico, que además suma un componente lúdico y motivador.
Movimiento adaptado y sin impacto
Este tipo de práctica se inscribe dentro del fitness funcional, una tendencia que prioriza el bienestar integral por sobre la exigencia extrema. En este caso, el eje está en adaptar los ejercicios a las capacidades reales de cada persona, reduciendo el riesgo de lesiones.
La dinámica suele incluir el uso de baquetas u objetos similares para golpear superficies de manera controlada, acompañando los movimientos con desplazamientos suaves. Así se logra involucrar tanto la parte superior como inferior del cuerpo sin generar impacto.
Incluso quienes tienen limitaciones de movilidad pueden sumarse, ya que muchas de las secuencias pueden realizarse sentados, manteniendo el estímulo físico sin comprometer la seguridad.
Beneficios físicos y mentales
Uno de los principales aportes de esta rutina es el fortalecimiento de la resistencia cardiovascular sin sobrecargar zonas sensibles como rodillas, caderas o espalda. A eso se le suman mejoras en la coordinación motriz, el equilibrio y la capacidad de atención.
El componente rítmico también juega un rol importante: seguir patrones al compás de la música estimula la memoria y mantiene activa la mente durante toda la práctica.
Una alternativa accesible y sostenida
A diferencia de otras actividades como nadar o andar en bicicleta, este entrenamiento no requiere equipamiento específico ni grandes espacios, lo que facilita su incorporación en la rutina diaria.
Los especialistas recomiendan sesiones moderadas, de entre 20 y 45 minutos, siempre ajustadas a la condición física de cada persona. La clave, coinciden, no está en la intensidad sino en la constancia.
En conjunto, se trata de una opción que promueve el envejecimiento activo desde un enfoque integral, combinando movimiento, coordinación y disfrute en una propuesta que cuida el cuerpo sin dejar de desafiarlo.
En base a El Tiempo/GDA
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