Durante años, el ejercicio aeróbico ocupó un lugar central en las recomendaciones de salud por sus beneficios para el corazón y el sistema cardiovascular. Actividades como caminar, correr, nadar o andar en bicicleta fueron consideradas fundamentales para mejorar la calidad de vida y aumentar la longevidad.
Sin embargo, investigaciones recientes en el campo de la medicina deportiva y la fisiología muestran que el entrenamiento de fuerza cumple un papel clave en el envejecimiento saludable. Los especialistas advierten que la pérdida progresiva de masa muscular, conocida como sarcopenia, afecta no solo la movilidad, sino también distintos procesos metabólicos esenciales para el organismo.
El músculo cumple funciones que van mucho más allá del movimiento. Según investigaciones de la Clínica Mayo, el tejido muscular actúa como un órgano endocrino capaz de liberar miocinas, proteínas vinculadas a la regulación de la inflamación, la sensibilidad a la insulina y diversas funciones del organismo.
Por eso, los expertos señalan que limitar la actividad física únicamente al ejercicio cardiovascular puede resultar insuficiente para contrarrestar algunos de los cambios asociados al paso de los años. En particular, el entrenamiento de fuerza contribuye a preservar la masa muscular y la densidad ósea, dos factores estrechamente relacionados con la autonomía y la prevención de lesiones en la edad adulta.
Especialistas de la Escuela de Medicina de Harvard destacan que este tipo de ejercicio favorece adaptaciones estructurales en músculos y huesos, ayudando a reducir el riesgo de caídas y fracturas, una de las principales causas de complicaciones de salud en personas mayores.
Los beneficios no implican abandonar el cardio, sino incorporar el trabajo de resistencia como parte habitual de la rutina. La Organización Mundial de la Salud recomienda combinar ambas modalidades de actividad física, mientras que el Colegio Americano de Medicina del Deporte aconseja realizar ejercicios de fuerza entre dos y tres veces por semana, trabajando los principales grupos musculares.
Además de favorecer la movilidad y la estabilidad corporal, mantener una masa muscular activa ayuda a conservar una adecuada utilización de la glucosa y las grasas, un aspecto vinculado con la prevención de trastornos metabólicos.
En este contexto, la comunidad científica coincide en que el entrenamiento de fuerza se ha convertido en una herramienta fundamental para promover un envejecimiento más saludable, manteniendo la funcionalidad física y la independencia a medida que avanzan los años.
En base a El Universal/GDA
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