Dormir ocho horas seguidas durante la noche no siempre fue lo habitual. De hecho, el descanso continuo es una costumbre relativamente reciente en la historia humana. Durante siglos, en distintas regiones del mundo, las personas dormían en dos tramos: un “primer sueño” al comienzo de la noche y un “segundo sueño” antes del amanecer, separados por un intervalo de vigilia.
Registros históricos de Europa, África y Asia dan cuenta de esta práctica extendida. Al caer la noche, las familias se acostaban temprano, se despertaban alrededor de la medianoche y, tras un rato en vela, volvían a dormirse hasta que amanecía.
Un tiempo de vigilia con sentido
Ese momento en medio de la noche no era vivido como un problema, sino como una pausa natural. Algunas personas aprovechaban para realizar tareas domésticas, como atender el fuego o cuidar animales. Otras se quedaban en la cama, rezaban, reflexionaban sobre sus sueños o leían y escribían.
Incluso la literatura clásica recoge esta costumbre. Textos antiguos mencionan ese intervalo nocturno como una instancia conocida y aceptada dentro del ciclo de descanso.
La modernidad y el fin del sueño segmentado
El cambio hacia un sueño continuo se dio de forma progresiva en los últimos dos siglos, impulsado por transformaciones sociales profundas. Uno de los factores centrales fue la aparición de la iluminación artificial.
Entre los siglos XVIII y XIX, el uso de lámparas de aceite, luego de gas y finalmente la electricidad, extendió las horas de actividad más allá de la puesta del sol. La noche dejó de ser exclusivamente un tiempo de descanso y las personas comenzaron a acostarse cada vez más tarde.
Desde el punto de vista biológico, la exposición a la luz nocturna alteró los ritmos internos del cuerpo. La luz retrasa la liberación de melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia, lo que reduce la probabilidad de despertarse naturalmente a mitad de la noche.
A esto se sumó la Revolución Industrial, que impuso horarios laborales más rígidos y favoreció la organización del descanso en un único bloque nocturno.
Lo que dice la ciencia hoy
Investigaciones actuales sugieren que, en condiciones similares a las de épocas preindustriales —sin luz artificial ni relojes—, las personas tienden a volver a un patrón de sueño segmentado. En estudios donde se simulan noches largas, es común que aparezcan dos períodos de descanso separados por un tiempo de vigilia.
También se ha observado este comportamiento en comunidades sin acceso a electricidad, donde aún se mantienen formas de vida más cercanas a las tradicionales.
Por otro lado, los especialistas en sueño señalan que los despertares breves durante la noche son normales. Suelen ocurrir en los cambios de fase del sueño, especialmente cerca del sueño REM, vinculado a los sueños más intensos.
Cómo interpretar los despertares nocturnos
Hoy, despertarse a mitad de la noche suele generar preocupación. Sin embargo, entender que no siempre es un problema puede ayudar a reducir la ansiedad que muchas veces dificulta volver a dormir.
La percepción del tiempo durante la noche también juega un papel importante: cuando estamos despiertos y pendientes del reloj, los minutos parecen pasar más lento.
Por eso, enfoques como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio recomiendan no quedarse en la cama sin dormir por mucho tiempo. Levantarse, hacer una actividad tranquila con luz tenue y volver a acostarse cuando reaparece el sueño puede ser una estrategia útil.
Aceptar esos despertares con naturalidad, en lugar de luchar contra ellos, puede ser clave para recuperar el descanso.
En base a El Tiempo/GDA
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