Dormir con la puerta abierta o cerrada: qué dice esta elección sobre la personalidad y el descanso

Especialistas explican cómo esta costumbre se relaciona con la sensación de seguridad, el control, la privacidad y la ventilación del dormitorio.

Mujer durmiendo. Foto: Pixabay
Mujer durmiendo. Foto: Pixabay

Redacción El País
Dormir con la puerta del dormitorio abierta o cerrada suele parecer un detalle menor dentro de la rutina nocturna.

Sin embargo, psicólogos y especialistas en comportamiento señalan que esta elección está vinculada a la manera en que cada persona percibe la seguridad, la intimidad y el control de su entorno.

Quienes prefieren irse a la cama con la puerta cerrada suelen buscar una sensación clara de protección. Para estas personas, cerrar el dormitorio funciona como una forma de “sellar” el espacio, estableciendo un límite frente al resto de la casa y el exterior.

Esta preferencia se asocia con individuos que valoran especialmente la privacidad, las rutinas estructuradas y la idea de tener todo bajo control antes de dormir.

Mujer duerme en su cama
Tener un buen descanso por las noches es clave.
Foto: fizkes/Getty Images/iStockphoto

En cambio, quienes duermen con la puerta abierta o entreabierta tienden a sentirse más cómodos manteniendo cierta conexión con lo que ocurre fuera de la habitación. Les resulta tranquilizador poder oír a otros miembros del hogar, a las mascotas o sonidos habituales que indican que todo está en orden.

Por lo general, toleran mejor los estímulos externos y no perciben su casa como un espacio amenazante.

Los especialistas destacan que estas costumbres están influenciadas por la historia personal. Por ejemplo, quienes crecieron en hogares donde los adultos dejaban las puertas abiertas para vigilar a los hijos o fomentar la comunicación suelen reproducir ese patrón en la adultez.

Por el contrario, personas que han atravesado robos, conflictos o miedos nocturnos tienden a cerrar la puerta como una especie de “escudo” simbólico frente a posibles peligros.

También existen razones prácticas detrás de esta elección. Dormir con la puerta cerrada puede ofrecer mayor protección en caso de incendio, ya que retrasa la entrada de humo y calor al dormitorio.

Este aspecto es especialmente relevante en viviendas donde las salidas de emergencia son limitadas.

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Foto: Unsplash.

No obstante, cerrar completamente la habitación puede afectar la calidad del aire. Si no hay una ventilación adecuada, el dióxido de carbono se acumula y el ambiente se vuelve más cargado, lo que puede perjudicar el descanso.

Por esta razón, algunos expertos de la Universidad Técnica de Eindhoven recomiendan mantener abierta la puerta o una ventana durante la noche para reducir la concentración de CO2.Investigaciones de la Universidad Técnica de Dinamarca encontraron que dormir en espacios con altos niveles de dióxido de carbono afecta la capacidad de concentración al día siguiente. En pruebas de lógica, los participantes obtuvieron mejores resultados después de haber dormido en ambientes ventilados.

Desde la psicología, se subraya que ninguna de las dos conductas es “buena” o “mala” en sí misma. Dormir con la puerta abierta o cerrada no define un trastorno ni permite encasillar la personalidad de forma rígida.

Más bien refleja preferencias, necesidades de seguridad y aprendizajes acumulados a lo largo de la vida.Solo cuando esta costumbre se vuelve extremadamente rígida —por ejemplo, si una persona es incapaz de dormir si la puerta no está en una posición exacta o experimenta ansiedad intensa ante cambios— podría ser recomendable consultar con un profesional de la salud mental para explorar el origen de ese malestar.

En base a El Tiempo/GDA

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