ARTE

Origamista reunió deseos de todo el mundo en obra de arte inspirada en leyenda japonesa

La artista argentina Paula Pietranera terminó de plegar mil grullas conteniendo mil deseos que le envió gente de todas partes del mundo y las plasmó en un cuadro que exhibirá por varios lugares.

Paula Pietranera
La artista con su obra terminada, un círculo en el que dispuso las mil grullas con sus deseos.

"La mayoría de los deseos que recibo están relacionados con la situación que estamos viviendo, desean que se descubra la vacuna contra el coronavirus o que termine la pandemia”. Eso decía la origamista Paula Pietranera en julio del año pasado. En mayo había empezado a doblar grullas de papel siguiendo una vieja leyenda japonesa que dice que si se doblan mil y se pide un deseo, este se hará realidad.

Para la tarea había convocado a que gente de todo el mundo le enviara sus deseos para incluir en cada una de las grullas. La pandemia lamentablemente sigue, pero las vacunas ya están entre nosotros. Uno de los mil deseos enviados se cumplió y muchos pueden pensar que fue porque Paula logró su objetivo.

Paula Pietranera
Colocar las grillas en el círculo le llevó mucho tiempo por lo delicado de la tarea.

“Recolectar los mil deseos y plegarlos me llevó nueve meses”, contó esta artista argentina que desde 2015 está instalada en San Francisco, Estados Unidos.

Como la convocatoria la había hecho en inglés, en un principio todos los deseos que le llegaban estaban expresados en ese idioma aunque no fuera el que hablaban sus autores.

“Cuando me di cuenta empecé a incentivar a que me mandara los deseos en sus idiomas y ahí entré a recibir un montón en idiomas tal vez más conocidos para nosotros, como italiano, francés, portugués. Pero después me empezaron a llegar en ruso, coreano, polaco... hasta en guaraní. Eso fue muy lindo”, recordó quien contó hasta 28 idiomas diferentes en los mensajes.

Terminó teniendo una tira compuesta por grullas de 30 metros de largo. El siguiente paso fue imaginar cómo hacer el cuadro que tenía pensado armar con la tira finalizada.

Paula Pietranera
Plegar cada grulla con su deseo fue otra ardua tarea, mientras iban llegando los mensajes.

“Primero pensé en acomodar las grullas en un espiral que comenzara desde el centro del cuadro y se fuera abriendo hacia afuera. Calculé que más o menos iba a ser un círculo de un metro de diámetro”, explicó.

La figura del círculo y las intenciones vinculadas a la paz mundial que contenían muchos de los deseos la inspiró a acercarse a Kasuaki Tanahashi, un pintor y calígrafo japonés que es además un escolástico budista de renombre que ha dedicado toda su viva al estudio de escrituras budistas antiguas y es un reconocido activista por la paz.

Tanahashi, que sigue muy activo a sus 87 años, es muy famoso por sus ensos, una pintura japonesa entre caligráfica y pictórica en forma de círculo que se hace de una sola pincelada y que, según explicó Paula, “tiene mucho que ver con la conexión interna y la unidad del todo”.

Teniendo en cuenta todo eso, la artista le consultó a Tanahashi si le interesaba colaborar con su obra haciendo uno de los círculos de color que servirían como base para disponer el espiral de mil grullas.

Paula Pietranera

“Para mi gran emoción aceptó hacerlo y pintó este círculo en tonos azules. Creo que los colores, el tamaño y todo se amalgaman muy bien”, señaló la artista.

Con la pintura de base terminada comenzó a pegar las grullas, tarea que le llevo bastante tiempo por la delicadeza de cada pieza. “Hay que tener cuidado de que no se rompa ese pequeño puente, el milímetro de papel que une cada una de las grullas hasta formar el círculo que para mí es muy simbólico”, detalló.

El cuadro ya está terminado y ahora la intención de la origamista es comenzar a mostrarlo en varios lugares, comenzando por San Francisco y los Estados Unidos. La idea es que cuando el mundo comience abrirse al dejar atrás la pandemia, pueda recorrer distintos puntos del planeta.

“Quiero contar la historia detrás de la obra, que no sea simplemente un hecho artístico. De alguna manera lo siento como una colaboración entre mil personas, no es solamente una obra mía. Creo que es un espacio que unificó a un montón de gente”, destacó en diálogo con El País.

Como complemento abrió una cuenta en Instagram (@1000wishes1000cranes) en la que publicó los mil deseos para que todos los puedan conocer.

“Mi idea es invitar a la gente a que siga mandando deseos, que sea una red social en la que puedan volcarlos y yo los seguiré publicando. Por ahí, eventualmente en un futuro, hago otra obra de arte”, anunció dejando abierta la puerta. Quizás entonces el deseo de que la pandemia sea parte del pasado se haya cumplido.

Paula Pietranera

Paso a paso

“Se empieza con un papel grande y se van haciendo cortes. Cada grulla tiene su cuadradito de papel y todos los cuadraditos están unidos unos con otros por un milímetro de papel que queda sin cortar”, explicaba Paula a El País en julio de 2020 sobre la técnica renzuru. Para entonces llevaba recibidos 650 deseos y plegadas 600 grullas. Las colaboraciones eran de todas partes del mundo, con pedidos que iban desde la paz mundial hasta la vuelta de los abrazos. Los más personales pasaban por la salud de algún familiar o la situación económica del país del autor. Todos los deseos se pueden conocer en una cuenta de Instagram que Paula creó especialmente: @1000wishes1000cranes

Mil grullas

Argentina enamorada del arte japonés

Paula Pietranera se formó como arquitecta en Buenos Aires, especializándose en la restauración de edificios históricos. Comenzó con el origami mientras estudiaba arquitectura y luego sumó el sumi-e, que es una técnica de pintura con tinta japonesa.

En 2012 abrió un local de ventas en el que aplicaba el origami a objetos de uso cotidiano.

En 2015 se fue por seis meses a Japón con su esposo y allí profundizó en todo lo que es la cultura y el arte de ese país. Conoció al maestro de origami Tomita Mizuho, especialista en la técnica renzuru (plegar grullas).

El siguiente destino fue San Francisco (Estados Unidos), a donde se trasladaron para pasar un año en el Centro Zen, el más grande que existe fuera de Japón. Estuvieron tres meses en Tassajara, la sede más aislada y monástica del Centro, y luego volvieron a San Francisco, donde están instalados en la sede de esa ciudad.

Desde hace más de tres años se dedica a la técnica del renzuru como medio de expresión artística. Siguiendo esta técnica fue que en mayo del año pasado se le ocurrió intentar llevar adelante la leyenda japonesa de las mil grullas, para lo cual convocó a la gente a que le mandara sus deseos en forma anónima. Fue colocando cada uno en una grulla hasta llegar a mil con la idea de convertir eso en una obra de arte que recorriera el mundo.

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