Nuevo libro revela las historias que están detrás de los balnearios uruguayos que amamos

La periodista Victoria Varela recoge relatos, recuerdos y fotos inéditas en el nuevo tomo de Balnearios, una lectura recomendada para esta temporada de verano.

Inicios del balneario La Coronila
Inicios del balneario La Coronila.
Foto: Cortesía Victoria Varela.

En 1956, avionetas sobrevolaron centros poblados del Uruguay lanzando paracaídas con un puñado de arena y un número de solar a sortear en el recientemente construido balneario Kiyú, en San José. La primera vez que la periodista Victoria Varela escuchó eso, creyó que era broma. Pero investigó y descubrió que era real, al igual que muchas otras historias que forman parte de su nuevo libro Balnearios II. Historias, relatos y leyendas*.

La obra —continuación de Balnearios I— conduce al lector por las historias que dieron inicio a seis balnearios repartidos por los departamentos de Rocha, San José y Colonia. Recuerdos, impresiones y experiencias de residentes, visitantes y expertos reviven personajes enigmáticos y relatos emocionantes; sin duda, una lectura ideal para disfrutar este verano y reconectar con aquel o aquellos balnearios que cada uno lleva en su corazón.

— ¿Qué te llevó a escribir sobre los balnearios del Uruguay?
— Quería revalorizar. Cuando escribí el primer libro, transitábamos el final de la pandemia y estaba muy latente esa nostalgia de libertad y disfrute de los espacios. Además, todos tenemos un balneario en nuestro corazón, uno donde fuimos felices y guardamos recuerdos, pero no siempre conocemos mucho sobre ese lugar. De niña, iba a Piriápolis con mi familia; sin embargo, no sabía nada del balneario y su historia. Tenía claro que Francisco Piria había sido el fundador, pero hasta ahí nomás. Entonces, me propuse investigar más sobre esos lugares que me gustan mucho y conozco poco. Por eso, el primer libro reúne balnearios que tienen un significado para mí: Piriápolis, Punta del Este, Punta Ballena, La Floresta, Solís, Atlántida y La Paloma.

— ¿Y el segundo?
— La verdad es que nunca pensé que habría una segunda parte, pero el proyecto tuvo muy buena recepción. Sabía que Rocha estaba en el debe; si bien había elegido La Paloma en el primer libro, la gente empezó a pedir más. Y ahí me decidí por hacer un segundo tomo con Cabo Polonio, Punta del Diablo, La Coronilla y Santa Teresa, además de dos balnearios del oeste que son Kiyú y Santa Ana.

Inicios de Cabo Polonio
Inicios de Cabo Polonio.
Foto: Cortesía Victoria Varela.
Victoria Varela en la biblioteca
Victoria Varela recopila información en la biblioteca.
Foto: Cortesía Victoria Varela.

— ¿Cómo obtuviste la información para ambos libros?
— Primero, me documenté muchísimo. Ahora tengo una biblioteca llena de libros de balnearios de distintos autores; por ejemplo, del investigador Juan Antonio Varese, del estudioso Humberto Ochoa Sayanes, de la antropóloga Mabel Moreno y del magíster en Historia José María Olivera Orecchia. Luego, armé una estructura e identifiqué dónde había historias que valieran la pena contar, es decir, que generaran interés y tuvieran cierta emotividad, entre otras cosas que entran en juego. Y lo siguiente fue pensar en a quién entrevistar. Recuerdo el caso de Cabo Polonio, por ejemplo, que había leído acerca de la lobería —caza de lobos marinos, la principal actividad económica de la zona hasta 1991— y pude acceder a Daniel Machado, sobrino del legendario lobero Toto Machado y descendiente de una familia de generaciones de loberos. También había leído que los primeros veraneantes del balneario fueron integrantes de la familia Pertusso y me pareció tremendamente interesante porque se trató de la primera casa de veraneo… Accedí a fotos inéditas de esa época y entrevisté a Pablo Enrique Pertuzzo, un octogenario hijo de aquel primer poblador.

— ¿Hubo algo que te sorprendió o emocionó especialmente?
— Sí, la vida de los pescadores. En Punta del Diablo, por ejemplo, vivían hacinados; en un mismo ambiente tenían el comedor, la cocina, el dormitorio y el depósito para las herramientas, y no había mucha intimidad. Los baños eran casillas rústicas de madera sin techo que se construían alejadas. Eran lugares inhóspitos y tenían que dejar rastros para no perderse, porque no había nada. Si querían proveerse de alimentos y demás, debían viajar hasta la ciudad de Castillos, a casi 40 kilómetros de distancia. Y también caminaban kilómetros y kilómetros cargando la pesca del día. Para movilizar las embarcaciones y entrarlas al mar utilizaban rolos de eucaliptos; era un trabajo extremadamente sacrificado y las mujeres participaban a la par de los hombres. Cuando uno conoce eso desde la comodidad de su casa, valora aún más los privilegios que tiene.

Hago hincapié en algo más: el sentimiento de comunidad. Es un detalle a destacar en todos los balnearios. Los propios pescadores fueron quienes construyeron con sus manos la Escuela Nº96.

Victoria Varela
Periodista y escritora Victoria Varela.
Foto: Cortesía Victoria Varela.

— ¿Qué percepción te dejó esta experiencia sobre Uruguay y su gente?
— Que tenemos lugares con historias maravillosas y personas que bregaron por ellos. Horacio Arredondo, por ejemplo, luchó contra la burocracia estatal para restaurar la abandonada fortaleza de Santa Teresa, que muchos pobladores saqueaban para construir sus propias casas. Incluso la pila bautismal —recipiente que se usa en las iglesias cristianas para contener el agua bendita— funcionaba como bebedero para cerdos… Arredondo no sólo impulsó su conservación, sino que, además, hizo catarsis y publicó libros de más de 600 páginas: El fuerte de Santa Teresa y Santa Teresa y San Miguel: la restauración de las fortalezas y la formación de sus parques. Realmente hubo quienes valoraron muchísimo la historia y a veces nosotros no nos damos cuenta de lo que tenemos. Viajamos y decimos: ‘Qué lindo tal país’, pero tenemos cosas maravillosas acá. ¿Por qué no las cuidamos? ¿Por qué no las conservamos?

También está Francisco Piria, que inauguró el Argentino Hotel siendo un octogenario. Sabía que quizás no viviría para recuperar el dinero que invirtió; lo hizo, tal vez, por orgullo, por el ego personal de dejar una huella. Y esos hombres, si hoy estuvieran vivos, se morirían de vuelta al ver cómo a veces no valoramos lo que tenemos.

* Balnearios II. Historias, relatos y leyendas está disponible en todas las librerías de Uruguay. En Cabo Polonio, que no hay librerías, está a la venta en el restaurante Lo de Dany.

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