El ruido de la ciudad se apaga a medida que el velero avanza. El viento sopla leve, pero firme, y el sol de verano acompaña una tarde relajada y entretenida en las aguas de Montevideo. Rodrigo Clemente —fundador de la escuela de vela de adultos La Estacada— lidera la salida en el Alphard, un velero de bandera uruguaya con espacio para hasta siete tripulantes. Tiene claro cuál es el faro de su trabajo: “Enseñar a disfrutar de la navegación; no solo a navegar”.
Lo acompaña María José —mejor conocida como ‘Majo’—, una alumna avanzada que trabaja como diseñadora gráfica y encontró en la navegación un espacio de distensión y crecimiento único. Los movimientos de ambos parecen pasos de baile de una coreografía cuidadosamente estudiada: izan la vela, prenden el motor, sueltan amarras, acomodan el bimini (un toldo que sirve de techo). El viento y las olas también hacen lo suyo, y así avanza el Alphard, balanceándose e imponiendo su propio ritmo.
“Todo puede moverse un poco, todo puede hacer un poquito de ruido”, advierte Clemente y agrega que la clave es mantener el equilibrio. No hay tanto oleaje, pero en Punta Brava —la saliente costera en la zona de Punta Carretas— todo se siente con más intensidad: “Es una de las partes más bravas de Montevideo porque confluyen muchas corrientes”.
El desafío es divertido y accesible: “No hay que ser ningún crack para navegar a vela. No es necesario saber cómo ir hasta Buenos Aires o cómo cruzar el Atlántico. Solo hay que ser ordenado, planificar y lograr salir y volver a entrar al puerto”.
Tiempo de calidad a bordo de un velero
Clemente se encarga de la escuela de vela para adultos —hay otra para niños y adolescentes— desde hace cinco años. En realidad, navega desde niño, pero fue en 2020 cuando hizo un clic y decidió dejar su trabajo como funcionario público para dedicarse de lleno a esta actividad. Además de los cursos para aprender a navegar, ofrece clases individuales, que son una opción educativa y recreativa ideal para aprovechar el verano en Montevideo.
El Alphard es uno de los cuatro barcos de la escuela. Pero son muchos más los que descansan a orillas de La Estacada; la mayoría, propiedad de alumnos y exalumnos que aprendieron a navegar y “cumplieron su sueño de comprarse un velerito”. Algunos, incluso, en sociedad con otros alumnos.
Para Clemente, ese es uno de los aspectos más lindos del proyecto: “Se forman amistades, se compran barcos y también hacemos conexiones entre gente que aprende y gente que tiene barco para que surjan más propuestas”. A su vez, han organizado viajes para navegar en Brasil, Argentina y Noruega, y en 2026 planean irse a Bélice, en El Caribe.
Majo, por ejemplo, forma parte de Las Doñas, un grupo de 24 mujeres que se conocieron a raíz de la navegación y hoy planifican salidas grupales los miércoles y los domingos. Utilizan el Doña Jean —de ahí el nombre del grupo—, uno de los barcos de la escuela. Tienen edades, trabajos y vidas distintas, pero las une la pasión por esta actividad.
Ella ha realizado travesías a Buenos Aires y a Brasil. “No es solo navegar, sino vivir a bordo. El espacio, el compartir, las guardias, quién se queda de noche, quién se siente mal, quién cubre… Es mucha planificación”, señala y añade que uno aprende mucho de sí mismo y sobre todo a convivir en un lugar reducido con condiciones cambiantes y grandes desafíos.
Por su parte, Clemente entiende que navegar hace que uno intente tomarse la vida con más calma. “Si hay una tormenta, uno sabe que hay una serie de pasos que seguir. Las cosas pueden salir bien o mal, pueden cometerse errores, pero todo error tiene una solución a corto, mediano o largo plazo. Lo mismo pasa fuera del barco. Uno puede enfrentarse a un problema, pero hay pasos para solucionarlo”, reflexiona.
El verano es mejor amigo de la navegación
La vista desde el velero es sumamente especial: la ciudad a lo lejos, el manto de agua infinito y el cielo celeste que parece más cerca que de costumbre. Como cada vez que lleva gente sin experiencia, Clemente menciona la importancia de interpretar el viento: “Su orientación e intensidad determina muchísimo el tipo de navegación que tendremos”.
Si bien realiza salidas durante todo el año, reconoce que su época favorita es el verano. Siempre prefiere planificar las clases para principiantes cuando las condiciones son las mejores; sin mucho viento ni tantas olas. Los alumnos con más experiencia, sin embargo, aprenden a navegar bajo condiciones más desafiantes e incluso lo disfrutan: “Les encanta salir con esa intensidad y sentir el golpe del barco y la fuerza que tienen el mar y las olas”.
Cada clase individual dura dos horas y puede hacerse en grupos de tres o —en casos puntuales— cuatro personas. Tiene un valor de $ 2000. Es importante llevar gorro, protector solar, calzado cómodo y una botella de agua para mantenerse hidratados.
De vuelta en tierra firme, uno no tarda en extrañar la sensación de ligereza y desconexión que ofrece el solo hecho de estar en el agua. El Alphard, por su parte, descansa junto a sus compañeros y pasa a ser refugio de aves hasta que llegue el momento de una nueva aventura.
Salidas exclusivas en Punta del Este para clientes Santander
Los clientes Select y Private Banking de Santander podrán coordinar salidas en velero gratuitas en Punta del Este. La propuesta funciona durante enero y febrero de lunes a viernes y hay dos turnos: a las 9:30 horas y a las 16:30 horas. El punto de encuentro es el Yacht Club Punta del Este, ubicado en la zona del puerto, y el paseo tiene una duración de dos horas. Para agendarse pueden contactarse vía WhatsApp al +598 98 111 132 o a través de la página web https://www.theselectexperience.com/home/.
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