SALUD

Enfermó de cáncer de mama y desde su rol de coach armó un curso para ayudar a otros

Raquel Rojo decidió utilizar su experiencia personal y su formación como coach profesional para armar un curso virtual que ayude a quienes están enfermos de cáncer.

La manera en la cual se afronte el cáncer es esencial
Enseña a a encarar la enfermedad de otra manera, haciéndonos cargo de lo que nos pasa. 

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"No puedo creer la actitud que estás teniendo”, le decía su familia y amigos a Raquel Rojo. En 2019 le diagnosticaron cáncer de mama y ella, lejos de hundirse por la noticia inesperada, salió a darle pelea de una manera que sorprendió a su entorno.

“El primer día me devastó y me di permiso para estar triste y tener miedo. Pero al día siguiente empecé a aplicar las herramientas de coaching que había aprendido y todo cambió”, cuenta esta mujer formada en el curso de coach de la Federación Internacional de Coaching Ontológico Profesional.

Basándose en su formación y en su experiencia con el cáncer, Raquel decidió armar un curso para ayudar a otros a enfrentar esta enfermedad.

“Parece que es algo que nunca te va a llegar. El primer día fue como un balde de agua helada para mí; me mató. Cuando pude gestionar mis emociones, a raíz de lo que pude aprender a través del coaching, realmente mi actitud desde el día dos fue magnífica”, recuerda.

Aclara que no fue una postura de levantar la alfombra y barrer para abajo, ni de ‘hacer de cuenta que no’ existía, sino que realmente lo vivió desde un lugar muy favorable para sus emociones y las emociones de su entorno. “Terminé yo apoyándolos a ellos”, cuenta.

Entendió entonces que había otra forma de ver el cáncer y que ella debía transmitirla.

Raquel es consciente de que hay gente que dirá ‘esto no es para mí’, pero ella apuesta a quienes sí están dispuestos a cambiar su forma de pensar y de ver las cosas.

“Estamos en una era de mucho cambio. En 2020 el universo nos demostró que de todo lo que sabíamos había que hacer un replanteo, ¿entonces por qué no replantearnos la forma en que aprendimos a dar respuesta a lo que nos pasa?”, señala.

Lo que Raquel pretende comenzar por combatir es esa reacción que aprendemos a tener desde chicos cuando nos va mal en algo, que es echarle la culpa a otro. “Cuando un niño se saca una mala nota en la escuela, le dice a sus padres ‘la maestra me puso una mala nota’ en vez de hacerse cargo y decir ‘yo me saqué una mala nota’. Como es algo malo, algo negativo, algo que nos hace daño, intentamos buscar la culpa afuera”, explica.

Raquel Rojo
El curso dura 120 minutos dividos en doce módulos de video cortos. 

Eso cuando somos pequeños es normal porque es como un mecanismo de control que adaptamos y vamos aprendiendo en base a él. El problema aparece cuando lo mantenemos de adultos, buscando culpas en los otros y no asumiendo nuestra propia responsabilidad.

“El coaching me enseñó, y en este curso lo vuelco, que es hora de empezar a cambiar la forma en que pensamos y vemos las cosas. Porque si vos te hacés cargo de algo que te corresponde, tenés la libertad y la posibilidad de cambiarlo, porque depende de vos. Ahora, si frente a algo que te pasa le echás la culpa a lo externo, a alguien de afuera, no tenés punto de injerencia, no podés hacer nada para que eso cambie. Y esto sirve, no solo para el cáncer, sino para todas las cosas en nuestra vida, para cualquier adversidad que tengamos”, destaca la coach en diálogo con El País.

Dos horas de video y dos meditaciones guiadas

El curso está dirigido mayormente al diagnosticado con cáncer, pero sirve también para sus familiares y para cualquier persona que quiera hacer frente a un problema en la vida. Se dicta en modalidad e-learning y dura 120 minutos divididos en videos de entre 4 y 7 minutos cada uno; en total son 12 módulos. “Es mucho contenido y hay personas que tienen que verlos varias veces para incorporarlos bien”, explica Raquel Rojo. Incluye dos meditaciones guiadas, una para el dolor, el malestar que genera la quimioterapia, y la otra para mejorar la postura corporal dado que es una forma para intervenir las emociones. Contiene tres cuestionarios para ir chequeando lo aprendido. Tiene garantía de siete días para ver si es lo que necesitaba la persona, sino lo puede devolver. Cuesta US$ 70, pero por estos días están en promoción a mitad de precio. Más información en las redes sociales de Rojo (Instagram y Facebook) y en la web tomandoimpulso.com/curso-cancer.

Cambio de actitud.

¿Pero qué pasa con algo como el cáncer, que nos puede llegar sin que hayamos hecho nada para contraerlo?

En ese caso Raquel aclara que a lo que apela el curso es a hacernos responsables respecto a lo que pensamos de la situación.

“Estamos hablando de la parte emocional que genera el cáncer; la mayoría de las personas que transitan un cáncer por norma general tienen miedo, están tristes. Hay gente que afortunadamente consigue transitarlo desde una postura favorable. Mi cirujano, cuando me lo diagnosticó, me dijo: ‘Este proceso es 50% medicina y 50% actitud’. El coaching influye sobre ese 50%”, apunta.

Si toda la vida hemos escuchado que el cáncer mata, ese juicio hará que aparezcan determinadas emociones en los pacientes que reciben el diagnóstico.

“Eso hace que cuando llega a nuestra vida se dispare una emoción automática de tristeza, de miedo, de ‘me voy a morir’ y es lo que nos hace estar tristes, preocupados, con miedo por nuestra vida, por nuestra familia, por nuestros amigos, por la gente que nos quiere. El miedo a la muerte y una tristeza enorme son dos emociones muy presentes en la mayoría de las personas diagnosticadas con cáncer”, dice.

Raquel Rojo
Raquel ya está curada y sigue un tratamiento para evitar que la enfermedad vuelva. 

Cómo realizar el cambio.

El curso de Raquel propone cambiar la forma de pensar sobre el cáncer. Para ello parte de la base de que, como cifra general, el 80% de las personas hoy sobrevive a un cáncer. Entonces, ¿por qué no puedo pertenecer a ese 80%?

Un pensamiento que propone desterrar es el de “¿por qué a mí?” y cambiarlo por “¿para qué?”: “Hay dos posibilidades, que lo ocultes y quieras tener una actitud de ‘aquí no pasa nada’, o que lo aceptes y digas ‘este cáncer vino, está en mí, ¿para qué?’”.

Para Raquel, esta enfermedad puede enseñarnos muchísimas cosas, aunque reconoce que el proceso no es fácil. La idea es empezar por pensar que uno puede superar esta enfermedad más allá de los diagnósticos desalentadores. “Hay personas que consiguen milagros, desafían a la medicina”, insiste.

La coach está convencida de que su curso es un gran aporte para las personas que estén dispuestas a cambiar lo que están pensando. “De esa forma van a poder transitar un cáncer sin miedo, sin tristeza y en paz. Estoy segura de que quienes lo tomen desde ese lugar, lo van a poder conseguir. No es un remedio mágico, requiere de un trabajo personal”, concluye.

Aprendió a quererse y sumar a su familia

“El cáncer vino a enseñarme un montón de cosas”, sostiene Raquel Rojo. Dice que lo primero que le enseñó fue a priorizarse, porque ella estaba siempre para los demás. “Con mi cáncer tuve que cambiar y ponerme en el rol de protagonista, cosa que jamás pude en mi vida. Ahora soy capaz de decir ‘no”, ‘puedo’, ‘no puedo’, ‘tengo ganas’, ‘no tengo ganas’”, reconoce. El quedarse pelada por el tratamiento de quimioterapia fue otro golpe. “Fue de los procesos más fuertes que viví porque lo que más amaba de mí era mi pelo y siempre me lo halagaban”, cuenta. Despojarse de su cabello fue muy transformador, al punto que nunca usó peluca y se animó a salir a la calle pelada y usando tapabocas en una época en la que el coronavirus no era parte de nuestras vidas. “Iba al supermercado y a veces la gente se me alejaba. Me enfrenté a esos desafíos y me dije ‘ok, el cáncer vino, ¿qué voy a hacer?, ¿voy a sufrir al santo botón? No, voy a aprender”, relata. Salió al mundo sin importar el qué dirán, algo que nunca había hecho. “Desde esa parte del proceso me amo como nunca jamás me amé en mi vida. Ahora me puedo mirar al espejo y me digo cosas lindas. El cáncer vino a enseñarme a amarme”, destaca. Para ello fue fundamental la compañía de su familia, de su esposo y sus dos hijos (un varón de 16 años y una niña de 13). A ellos les habló con claridad desde el primer día. “Hay mucha gente que no quiere compartir con su familia para no preocuparla y realmente es todo lo contrario. Es algo que hay que cambiar”, afirma. Recomienda compartir e invita a armar equipo con la familia, los amigos, los vecinos. “Si se consigue esa comunicación productiva, se consigue transitar el cáncer desde otro lugar porque todas las partes saben lo que pasa y están tranquilas por el proceso”.

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