Lo que comenzó como una campaña científica para estudiar tarántulas en el norte del país terminó con un descubrimiento inesperado para la ornitología uruguaya. Durante un muestreo en Paso Farías, departamento de Artigas, investigadores de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República documentaron por primera vez en Uruguay la presencia de la torcacita escamada (Columbina squammata), un ave cuya distribución conocida hasta ahora abarcaba Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina, pero no el territorio uruguayo. El hallazgo fue publicado recientemente en la revista Ornithology Research y representa una ampliación hacia el sur de la distribución conocida de la especie.
El descubrimiento fue realizado por los investigadores Joaquín Muñoz, Esteban Russi y Diego Castelli mientras participaban en una salida de campo vinculada a la tesis de maestría de Russi, quien estudia la diversidad de las tarántulas del género Eupalaestrus en el norte del país. Durante una de las jornadas de trabajo Muñoz detectó un canto que le resultó desconocido entre las numerosas aves que rodeaban el campamento. Tras grabarlo y compartir el registro con Castelli especialista en relevamientos de aves, ambos concluyeron que pertenecía a la torcacita escamada. Luego regresaron al sitio para obtener registros fotográficos y visuales que confirmaron oficialmente la presencia de la especie en Uruguay.
En diálogo con El País, Esteban Russi relató que el hallazgo surgió de manera completamente inesperada. Contó que durante la primera madrugada en el campamento, Joaquín Muñoz escuchó un canto que le llamó la atención entre los cientos de sonidos de aves, aunque en ese momento no le dio mayor importancia. Sin embargo, cuando volvió a escucharlo al día siguiente decidió grabarlo y enviárselo a Diego Castelli. "Le dije: 'este canto no es algo habitual, ¿qué es?'. Ahí empezó toda la historia de encontrar al ave. Sabíamos que estaba ahí, pero todo arrancó a partir de ese canto en el amanecer", recordó.
Castelli explicó que, aunque su trabajo no está centrado específicamente en esta especie, su experiencia en relevamientos ornitológicos le permitió reconocer inmediatamente el sonido. Señaló que ya conocía el canto de la torcacita escamada por registros realizados anteriormente en Brasil y Colombia, por lo que pudo identificar rápidamente que se trataba de una novedad absoluta para el país. A partir de esa primera identificación orientó a sus compañeros para que regresaran al lugar y obtuvieran fotografías y mejores grabaciones que permitieran documentar científicamente el registro.
El investigador destacó que el hallazgo tiene especial relevancia porque confirma una expansión hacia el sur de la distribución de la especie. Según explicó, en los últimos años ya existían registros cada vez más australes fuera de Uruguay, por lo que la hipótesis de que la torcacita escamada estuviera ampliando su área de distribución ya era considerada por los especialistas. El registro uruguayo aporta ahora una nueva evidencia en ese sentido.
Más allá del descubrimiento puntual, los tres investigadores coincidieron en destacar el valor del trabajo de campo como herramienta para generar conocimiento científico. Russi sostuvo que muchas veces las campañas permiten encontrar fenómenos que no estaban contemplados en los objetivos originales de una investigación. "Salir al campo abre la posibilidad de encontrarse con cosas que no estaban previstas", afirmó, al tiempo que consideró que este resultado demuestra la importancia de mantener investigaciones con presencia directa en el territorio.
Muñoz agregó que, aunque el objetivo principal del equipo era buscar tarántulas, todos comparten una mirada naturalista que los mantiene atentos a cualquier elemento de la biodiversidad. "Siempre estamos mirando todo: si no son las arañas, son las aves, las plantas o los mamíferos. Cualquier huella o cualquier detalle nos llama la atención", explicó.
Trabajo multidisciplinario
Para los investigadores, el hallazgo también refleja el valor del trabajo multidisciplinario. Castelli señaló que la combinación de perfiles especializados en distintas ramas de la biología enriqueció la investigación y permitió reconocer una oportunidad que probablemente hubiera pasado inadvertida en otro contexto.
El trabajo científico demandó casi un año entre la elaboración del manuscrito y su publicación. Según detallaron, el primer registro de la especie fue realizado en diciembre de 2024, el artículo fue enviado a la revista en mayo de 2025 y finalmente aceptado y publicado en abril de 2026.
Tras difundirse el descubrimiento, la comunidad local también jugó un papel importante. Los investigadores relataron que vecinos de la zona ya habían notado semanas antes un canto que les resultaba extraño, aunque desconocían de qué especie se trataba. Más tarde, observadores de aves visitaron el lugar y confirmaron que la torcacita permaneció allí al menos hasta octubre de 2025, aportando además información sobre su comportamiento y alimentación.
Los científicos aprovecharon además para aclarar que la presencia de esta nueva especie no representa una preocupación para la producción agropecuaria. Explicaron que, a diferencia de otras palomas consideradas plagas, la torcacita escamada se alimenta de semillas muy pequeñas, no consume cultivos y tampoco forma grandes bandadas, sino que suele desplazarse en parejas o pequeños grupos familiares. Por ello, remarcaron que no existen antecedentes de conflictos con productores en los países donde la especie es habitual y llamaron a protegerla frente a posibles amenazas.
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