Hay quienes abren un sobre buscando a Messi. Otros sueñan con encontrar a Luis Díaz o a Federico Valverde. El físico y divulgador Ernesto Blanco busca otra cosa: datos. Mientras pega figuritas en su álbum, anota fechas de nacimiento, alturas, pesos y posiciones en una planilla. Después hace cuentas. Y también muchas preguntas: ¿por qué tantos futbolistas nacen en enero?, ¿por qué los goleros son más altos?, ¿cuánto costaría llenar el álbum comprando sobres al azar?
Las respuestas revelan que detrás de cada figurita hay mucho más que fútbol: también hay estadística, probabilidad y algunos secretos sobre cómo se forman los deportistas de élite.
El desembolso.
La primera pregunta que se hacen muchos coleccionistas es simple: ¿cuántos sobres hay que comprar para llenar el álbum?
La respuesta, según las matemáticas, puede hacer doler el bolsillo.
Primero, lo obvio: a medida que el álbum se completa, cada nueva figurita tiene más chances de ser repetida. “Si cada figurita fue empacada al azar —como asegura Panini—, la probabilidad de que te toque una que no tenés depende de cuántas figuritas te faltan”, explica Blanco, docente de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.
Ese fenómeno puede modelarse matemáticamente y permite calcular cuántas figuritas habría que comprar, en promedio, para completar las 980 del álbum sin recurrir a intercambios.
El resultado sorprende: harían falta unas 7.325 figuritas. Como cada sobre trae siete, eso equivale a unos 1.046 sobres. “Es el valor esperado de sobres que me permitiría completar el álbum, aunque no me lo asegura”, aclara Blanco a Domingo.
Con un precio de $ 60 por sobre, completar el álbum exclusivamente comprando figuritas costaría alrededor de $ 62.760 (unos US$ 1.510, tomando un dólar a $ 41,55).
Por supuesto, se trata de un promedio estadístico. Algunas personas podrían tener más suerte y gastar menos; otras, más. Pero el cálculo ayuda a entender por qué los intercambios siguen siendo una parte esencial de la experiencia. Sin cambios de figuritas, completar el álbum puede convertirse en una empresa sorprendentemente costosa.
Ganan los acuario.
La próxima vez que abra un sobre, quizá quiera mirar algo más que el nombre o la selección del jugador. En dos sobres comprados durante la producción de esta nota aparecieron 14 futbolistas distintos (pura suerte estadística). Nueve habían nacido entre enero y junio. Y tres —Josko Gvardiol, Tomáš Chorý y Declan Rice— nacieron en enero. Uno solo nació en diciembre: Youngwoo Seol.
Por supuesto, se trata de una muestra demasiado pequeña como para sacar conclusiones. Pero el patrón se repite cuando se analizan cientos de figuritas.
Al ingresar en una planilla los datos de 320 jugadores del álbum —una muestra significativa del total—, Blanco encontró que el 60,3% había nacido durante los primeros seis meses del año. Enero fue el mes más frecuente, con casi el 12% de los futbolistas analizados, mientras que diciembre apenas superó el 6%. En otras palabras, en la muestra analizada hay casi el doble de futbolistas nacidos en enero que en diciembre.
¿Por qué ocurre esto? La explicación podría estar en un fenómeno conocido como efecto de la edad relativa. En la mayoría de las categorías juveniles, los niños compiten agrupados por año de nacimiento. Eso significa que un jugador nacido en enero puede ser casi un año mayor que otro nacido en diciembre dentro de la misma categoría. A edades tempranas, esa diferencia puede traducirse en más altura, mayor desarrollo físico, más madurez emocional y, eventualmente, mejores oportunidades para destacarse.
“Si alguien tiene unos meses de ventaja y por eso es más alto o más fuerte, es más probable que sea elegido para jugar. Después aparecen otras diferencias: practica más, gana confianza y acumula experiencia. Eso puede transformarse en una ventaja difícil de revertir”, explica Blanco.
Estudios realizados en el fútbol español muestran que los efectos de la edad relativa ya son visibles en las categorías juveniles y que pueden ser especialmente marcados en determinados puestos.
Se trata, claro, de tendencias estadísticas y no de destinos escritos de antemano. Lionel Messi nació en junio, un mes que no representa ni una ventaja ni una desventaja particular. Luka Modric nació en setiembre, una fecha que, en teoría, lo ubicaba en una posición menos favorable. Ninguno de los dos parece haber tenido problemas para desafiar las estadísticas.
Los jóvenes y los viejos.
Las figuritas también permiten explorar otra pregunta clásica del fútbol: ¿a qué edad alcanza un jugador su mejor rendimiento?
Entre las 14 figuritas que aparecieron en dos sobres comprados para esta nota había un futbolista nacido en 1993 y otro en 2002. El primero era el defensor suizo Silvan Widmer; el segundo, la estrella española Pedri. Entre ambos había casi una década de diferencia. Aun así, al calcular la edad promedio de las 14 figuritas, el resultado fue 27,6 años. La cifra está muy cerca de la que obtuvo Blanco. En su muestra, el promedio se ubicó entre los 28 y los 29 años.
El dato resulta llamativo porque diversos estudios realizados en las principales ligas europeas sitúan el pico de rendimiento de los futbolistas entre los 25 y los 27 años.
La amplitud de edades en el Mundial, sin embargo, es notable. El arquero escocés Craig Gordon llegó al torneo con 43 años y 162 días, mientras que el mexicano Gilberto Mora lo hizo con apenas 17 años y 240 días. Cuando Gordon debutó profesionalmente, Mora ni siquiera había nacido.
Entonces, ¿por qué los jugadores del álbum parecen ser un poco mayores? Una posible explicación es que el álbum no constituye una muestra perfecta de los futbolistas que finalmente disputarán el Mundial. Panini diseña sus colecciones antes de que se conozcan las listas definitivas —“tengo la figurita de Nahitan Nández”, se ríe el físico al hablar con Domingo— y, además, solo incluye una selección de jugadores por equipo. Eso favorece la presencia de figuras consagradas y de larga trayectoria, mientras que las jóvenes promesas tienen menos posibilidades de aparecer. La prueba está en aquellos dos extremos: Gordon figura en el álbum; Mora, no. “La promesa de 17 o 18 años que podría ser convocada por primera vez probablemente no aparezca en el álbum. Eso genera un sesgo hacia edades más altas”, señala Blanco.
Algunos trabajos sugieren que la edad de máximo desempeño en el fútbol profesional ha aumentado ligeramente en las últimas décadas, gracias a mejoras en entrenamiento, nutrición y recuperación física. Además, la experiencia también juega. La lectura del juego, la toma de decisiones y el manejo de la presión suelen mejorar con los años, algo especialmente valioso en torneos cortos y exigentes como un Mundial.
Si las matemáticas dicen que completar el álbum comprando sobres al azar podría costar más de $ 60.000, la buena noticia es que casi nadie lo hace de esa manera. “La estrategia óptima es cambiar figuritas”, resume Ernesto Blanco. La explicación también es matemática.
A medida que el álbum se llena, aumenta la cantidad de repetidas y disminuyen las chances de encontrar una figurita nueva.
Por eso, intercambiar las que sobran por las que faltan permite reducir drásticamente la cantidad de sobres necesarios para completar la colección.
Existen otras alternativas. Una es comprar sobres en grupo y compartir las repetidas. Si cinco personas adquieren figuritas y luego las distribuyen entre sí, el costo individual puede bajar considerablemente. Sin embargo, Blanco señala que tampoco es una solución perfecta: probablemente uno de los participantes logre completar su álbum antes que los demás. Los intercambios siguen siendo el método más eficiente. Y no solo por una cuestión económica. En Uruguay, bares, centros comerciales y clubes organizan jornadas de canje que reúnen a coleccionistas de distintas edades. Lo que empieza como una búsqueda de figuritas termina generando encuentros, conversaciones y nuevas amistades.
Hablar de cuerpos ajenos.
¿Y qué nos dicen las matemáticas sobre el físico de los futbolistas? Hay patrones claros. Los más altos son los arqueros, con una estatura promedio de 1,90 metros. Les siguen los defensas, con 1,84. Más atrás aparecen mediocampistas y delanteros, ambos con un promedio de 1,80 metros. “El resultado es prácticamente idéntico al que obtuve con el álbum del Mundial de Qatar 2022”, señala.
Los extremos del Mundial 2026 ayudan a dimensionar esas diferencias. El arquero austríaco Florian Wiegele, con 2,05 metros, es el futbolista más alto convocado al torneo. En el otro extremo aparecen el panameño César Yánis y el venezolano Yeferson Soteldo, ambos mediocampistas con 1,60 metros.
La explicación tiene lógica futbolística. Para un arquero, unos centímetros extra pueden facilitar el alcance de remates dirigidos a los ángulos del arco. En defensa, la altura también resulta valiosa para disputar pelotas aéreas y despejar centros. En cambio, otras posiciones suelen privilegiar atributos como la velocidad, la aceleración o la habilidad técnica.
Las figuritas también incluyen otro dato curioso: el peso de cada jugador. A partir de esa información y de la altura es posible calcular el índice de masa corporal (IMC). El promedio de los futbolistas analizados por Blanco fue de aproximadamente 23, dentro de los valores considerados normales para la población general. Sin embargo, algunos jugadores superaban el valor de 25 que suele asociarse al sobrepeso, mientras que otros quedaban por debajo de 18,5.
Eso no significa que estén fuera de forma. Un futbolista muy musculoso puede registrar un valor elevado sin tener exceso de grasa corporal. Del mismo modo, jugadores muy delgados pueden presentar valores bajos sin que eso implique un problema de salud. “Son indicadores útiles, pero no números absolutos”, resume Blanco.
Salga la figurita que dicte el azar, Blanco no pierde de vista lo que considera importante: disfrutar el ritual de abrir sobres, pegar jugadores y, de paso, hacerse preguntas. Invita a familias, coleccionistas y docentes a hacer lo mismo. Porque entre cuentas, probabilidades y recuerdos de infancia, el álbum termina revelando algo inesperado: que la ciencia puede esconderse en los lugares más cotidianos, incluso detrás de una figurita de fútbol.