La NASA confirmó qué causó el impactante estruendo y las vibraciones en el noreste de EE.UU.

El informe de la agencia espacial detalló que una enorme bola de fuego diurna cruzó la atmósfera a velocidades extremas, descartando actividad tectónica o caída de basura satelital.

Bola de fuego.
Bola de fuego.
Foto: Getty Images

Un estruendo repentino, con vibraciones en paredes y ventanas, sorprendió a residentes de Massachusetts, Rhode Island, New Hampshire y Maine el pasado sábado 30 de mayo. La NASA (National Aeronautics and Space Administration) llegó con respuestas al otro día: se trató de una bola de fuego diurna.

Se trata de un meteoro especialmente brillante que explotó en la atmósfera sobre el noreste de Estados Unidos y generó un potente ruido percibido en varios estados e incluso en áreas de Canadá, que desconcertó a miles de habitantes que no sabían qué ocurría, ante tantos ruidos y temblores.

Según explicó la NASA, el objeto tuvo toda una trayectoria que provocó este fenómeno: ingresó a la atmósfera terrestre a más de 67.000 kilómetros por hora, se fragmentó a unos 50 a 60 kilómetros de altura y liberó una energía equivalente a unas 230 toneladas de TNT.

Esa cantidad de energía es suficiente para sacudir edificios y activar alarmas en una amplia región que se extendió desde Delaware hasta la zona de Montreal. “El meteoro parece haberse fragmentado a gran altitud sobre el noreste de Massachusetts y el sudeste de New Hampshire, y la energía liberada al romperse explica el fuerte ruido escuchado en la región”, indicó la NASA en su comunicación técnica.

La explicación de la NASA sobre la bola de fuego en EE.UU.

Los meteoros de gran brillo, o como le dicen los astrónomos "bólido", provocan explosiones atmosféricas capaces de generar ondas de choque. Los registros satelitales permitieron reconstruir la trayectoria de la roca espacial, antes de desintegrarse parcialmente.

Se confirmó que era un objeto natural, descartando tanto un sismo como la reentrada de un satélite o basura espacial. “Esta bola de fuego no estuvo asociada a ninguna lluvia de meteoros activa y fue un objeto natural, no un fragmento de satélite ni desechos espaciales”, precisó un vocero de la NASA. La institución añadió que la explosión atmosférica generó un doble boom sónico que se escuchó a cientos de kilómetros del punto de ruptura.

Un trabajador utiliza una pantalla táctil en la Sala de Operaciones de la Misión Científica (SMOR) del Centro Espacial Johnson en Houston, Texas, el 6 de abril de 2026
Un trabajador de la NASA analizando fenómenos.
Foto: RONALDO SCHEMIDT/AFP fotos

El material del bólido que sobrevivió a la desintegración cayó en el centro de la bahía de Cape Cod, en el sudeste de Massachusetts. Esa localización, en mar abierto, ayudó a reducir cualquier riesgo para zonas pobladas, aunque la onda expansiva sí alcanzó tierra firme.

Velocidad, peso y dimensiones: la reconstrucción técnica del meteoro

La reconstrucción técnica divulgada por la NASA describe un objeto de alrededor de 1,5 metros de ancho, con una masa similar a la de un elefante de varias toneladas. Esa roca espacial ingresó a la atmósfera terrestre a unos 67.600 kilómetros por hora y recorrió cerca de 41 kilómetros antes de fragmentarse por completo, en un punto ubicado a unos 40 a 50 kilómetros sobre el nivel del mar.

La combinación de tamaño, velocidad y ángulo de entrada explica la intensidad del estruendo que se oyó en buena parte del noreste de EE.UU. La energía liberada por el bólido fue comparable a 230 toneladas de TNT, que es más que suficiente para hacer vibrar estructuras, mover objetos en el interior de las casas y generar un ruido seco, descrito por muchos testigos como una “explosión” o un “trueno sin tormenta”. La NASA resaltó que, pese al impacto acústico, no se reportaron daños materiales significativos ni personas heridas.

Los especialistas destacan que las bolas de fuego forman parte del comportamiento habitual de la atmósfera superior frente al ingreso de rocas espaciales. La mayoría de los meteoros se desintegra sin dejar rastro visible. La probabilidad de que un objeto de este tamaño cause daños en superficie es baja y la mayor parte de estos episodios termina, como ahora, con restos cayendo sobre el mar o zonas despobladas.

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