La Ilha da Queimada Grande, conocida popularmente como “isla de las serpientes” o “isla de las cobras”, figura entre los destinos más peligrosos y restringidos del planeta. Se trata de una formación rocosa situada frente a la costa del estado de Sao Paulo, en Brasil, entre Itanhaém y Peruíbe. Carece de playas de arena y de fuentes de agua dulce, y su territorio está completamente dominado por la víbora de la isla dorada (Bothrops insularis).
Debido al alto riesgo que representa, las autoridades brasileñas optaron por impedir el acceso al público como medida de seguridad. Incluso, en el pasado, la Armada de Brasil llegó a intentar erradicar la población de serpientes mediante incendios.
Aun así, algunas personas han logrado visitarla. La isla es considerada la segunda con mayor concentración de serpientes del mundo, solo por detrás de Isla Shedao, ubicada en China.
Por qué son tan venenosas estas serpientes
El desarrollo de esta especie se produjo debido al aislamiento geográfico al que ha sido sometida desde la época de la glaciación de la Tierra, hace 10 mil años. Cuando el agua de deshielo cubrió grandes extensiones de tierra, se formaron varias islas como ésta. La mayoría de los animales migraron al continente, pero los que no sabían nadar fueron confinados y sólo sobrevivieron aquellos que pudieron adaptarse a las condiciones de la isla.
Atrapada en una isla rocosa donde la comida se limita a las aves, estas serpientes comenzaron a trepar a los árboles, lo que no es natural en este continente. Su veneno se volvió más potente para garantizar la muerte inmediata de la presa que, si tardaba demasiado en morir, podía acabar en el mar.
Quiénes han logrado visitar la isla de las serpientes
Aunque el acceso está estrictamente restringido por las autoridades de Brasil, algunas personas han llegado a la isla. Según un informe de National Geographic, distintos científicos han viajado hasta allí con fines de investigación. Incluso, hace algunos años, una producción de TV Australiana realizó un reportaje especial en el que obtuvo veneno de estas serpientes para avanzar en el desarrollo de sueros antiofídicos más eficaces, capaces de aumentar las probabilidades de supervivencia ante una mordedura.
El estudio de esta especie comenzó a tomar impulso en 1911, cuando el farero Antônio Esperidião da Silva envió ejemplares al Instituto Butantan, institución que dio inicio a las principales investigaciones sobre estos reptiles. Años más tarde, en 1925, los fareros fueron retirados de la isla y el funcionamiento del faro pasó a ser automatizado.
National Geographic informa que hoy en día nadie está autorizado a ir. Pero hay quienes lo hacen. Solo los cazadores furtivos de la zona se aventuran en la densidad de la selva para conseguir ejemplares específicos, por los que llegan a cobrar cerca de 30 mil dólares. Sin embargo, el Estado brasileño ha hecho esfuerzos importantes para evitar que investigadores, exploradores y turistas se adentren a las profundidades de la Isla de las Cobras, señala este medio.
Con información de O Globo/GDA