En 1971 y a más de 380.000 kilómetros de la Tierra, la Luna fue testigo de uno de los homenajes más singulares de la historia de la ciencia. Mientras el mundo observaba los avances tecnológicos de la misión Apolo 15, el comandante David Scott decidió apartarse del protocolo técnico para rendir tributo a uno de los grandes científicos más influyentes del mundo: Galileo Galilei. Con un martillo de geólogo en una mano y una pluma de halcón en la otra, el astronauta se dispuso a demostrar la teoría física que Galileo había postulado tres siglos antes pero que nunca pudo probar en condiciones de vacío total.
David Scott y el experimento que no figuraba en el plan oficial de vuelo
En el último recorrido a la Luna de la misión Apolo 15, David Scott demostró en una transmisión en vivo por televisión cómo se aplicaba la teoría de resistencia de Galileo, como homenaje al científico. Ante las cámaras, Scott soltó una pluma de halcón y un martillo de 1,32 kg desde una altura de 1,6 metros. Sin atmósfera que generara resistencia, la pluma no planeó: cayó como una piedra, golpeando el suelo lunar exactamente al mismo tiempo que el pesado martillo.
En el video, Scott expresa: "En mi mano izquierda tengo una pluma, en mi mano derecha tengo un martillo. Supongo que una de las razones por las que hemos podido llegar aquí es gracia a que un caballero llamado Galileo hizo un descubrimiento muy significativo sobre la caída de objetos en campos gravitatorios, y qué mejor lugar para confirmar sus hallazgos que en la Luna."
"Así que pensamos en demostrarlo aquí para ustedes (y la pluma tenía que ser de halcón, por nuestro Falcon). Los voy a soltar desde aquí arriba y, con suerte, caerán al suelo al mismo tiempo [los deja caer]. ¿Qué les parece? Galileo tenía razón".
Qué sucedió con los objetos tras el histórico experimento del Apolo 15
A diferencia de los recuerdos personales que otros astronautas dejaron en la superficie (como fotografías o medallas) el martillo y la pluma de Scott permanecen allí como monumentos a la física clásica. Tras el experimento, los objetos quedaron en la zona de alunizaje de la región de Hadley-Apennine. Debido a que en la Luna no hay viento, erosión hídrica ni cambios atmosféricos, es muy probable que tanto la herramienta de geólogo como la pluma de ave se encuentren hoy en la misma posición exacta en la que cayeron hace más de 50 años.