El Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) será parte de un proyecto internacional de gran escala que apunta a desarrollar nuevos antibióticos capaces de enfrentar bacterias altamente resistentes, uno de los mayores desafíos sanitarios de este siglo. La iniciativa fue recientemente seleccionada y financiada por la Fundación Bill & Melinda Gates, Wellcome Trust y Novo Nordisk Foundation, tres de las organizaciones científicas y filantrópicas más relevantes del mundo, que eligieron la propuesta entre más de 800 postulaciones globales.
Para la comunidad científica uruguaya, esta selección marca un hito: por primera vez un equipo nacional ingresará como socio pleno en una red internacional orientada específicamente al diseño de compuestos antimicrobianos innovadores.
La investigación se centrará en Klebsiella pneumoniae, una bacteria asociada a infecciones intrahospitalarias que ha desarrollado resistencia frente a la mayoría de los antibióticos utilizados actualmente en terapia. Considerada por la Organización Mundial de la Salud como un patógeno de “prioridad crítica”, representa un riesgo creciente para pacientes con defensas comprometidas y para los sistemas sanitarios que deben enfrentar brotes difíciles de controlar.
A nivel global, se estima que la resistencia antimicrobiana ya provoca más muertes por año que algunas de las principales enfermedades transmisibles y, si la tendencia continúa, podría convertirse en la primera causa de mortalidad mundial hacia 2050. En ese escenario, la falta de nuevos antibióticos es una amenaza concreta: desde hace décadas el mercado farmacéutico no logra sostener un flujo estable de descubrimientos en este campo, debido al alto costo de la investigación y a la baja rentabilidad del proceso de desarrollo en comparación con otros tratamientos.
El proyecto será coordinado por la científica brasileña Marisa Nicolas, del Laboratório Nacional de Computação Científica (LNCC), institución que alberga el superordenador Santos Dumont, el mayor de América Latina. Esa capacidad es clave para aplicar herramientas de inteligencia artificial y cálculos de alto rendimiento que permitan predecir cómo interactúan nuevas moléculas con los blancos biológicos de la bacteria. El consorcio está integrado por instituciones de América Latina y Europa que aportarán conocimiento especializado: desde el diseño computacional de compuestos, hasta su síntesis química, validación en laboratorio y ensayos de función biológica.
Para Uruguay, el papel será estratégico. José Sotelo, investigador principal del Departamento de Genómica del IIBCE y vicepresidente de su Consejo Directivo, explicó en diálogo con El País que su equipo trabajando en conjunto con el Dr. Pablo Smircich (responsable del Laboratorio de Bioinformatica del Departamento de Genomica) se dedicará a estudiar el comportamiento del genoma de Klebsiella en distintas condiciones de estrés. “Vamos a analizar qué genes prende y apaga la bacteria, con tecnologías que nos permiten ver qué está pasando en dentro de la célula. Esa información servirá para orientar la selección y mejora de las moléculas más prometedoras”, señaló.
El grupo utilizará plataformas ómicas —genómica, transcriptómica y traductómica— y metodologías de biología molecular y bioinformática avanzada para procesar grandes volúmenes de datos. “Cada integrante aporta desde su especialidad y lo que hacemos acá va a pesar en la toma de decisiones del consorcio”, dijo.
Uruguay posicionado a nivel global
Sotelo destacó que la participación uruguaya demuestra que el país se ha posicionado en áreas del conocimiento que antes estaban fuera de alcance. “Es un lindo reconocimiento para la ciencia del país. Las cosas interesantes y bien hechas son las que te ponen en el mapa”, afirmó. En su visión, la selección del proyecto simboliza un punto de madurez para los grupos de investigación uruguayos que se han ido consolidando pese a restricciones históricas en financiamiento e infraestructura. “Que desde afuera consideren que tenemos las capacidades para aportar en ciencia de frontera es muy valioso”, agregó.
El proyecto se desarrollará durante 36 meses y permitirá fortalecer redes de colaboración con laboratorios extranjeros, así como el entrenamiento de jóvenes científicos uruguayos en tecnologías que son cada vez más demandadas en la industria biotecnológica. Además de generar nuevo conocimiento, se espera que los avances contribuyan a una plataforma de trabajo sostenible en el tiempo, capaz de impulsar futuros desarrollos de fármacos desde Uruguay. Para los expertos, este tipo de alianzas puede convertirse en un motor para que el país avance desde la producción científica hacia la innovación tecnológica con aplicación económica.
Más allá del valor científico, el ingreso a esta iniciativa implica para Uruguay estar presente en la discusión internacional sobre cómo enfrentar la crisis de los antibióticos, una problemática que requiere inversiones públicas y privadas coordinadas para no retroceder décadas en materia sanitaria. Sotelo remarcó que el logro es también una responsabilidad: “Es una distinción para trabajar. Te dicen: te damos la aprobación para hacer un proyecto desafiante, en equipo, transversal y multidisciplinario, donde las cosas se potencien. Ahora hay que responder con resultados”.
El IIBCE adelantó que, a medida que avance la investigación, se buscará difundir los progresos y fortalecer la articulación con el sistema de salud y con otros actores del ecosistema científico-tecnológico nacional. La expectativa es que este esfuerzo permita, en el mediano plazo, contribuir a la creación de soluciones terapéuticas que puedan salvar vidas y que posicionen a Uruguay como un actor relevante en la lucha global contra las bacterias resistentes.
-
Científicas del Institut Pasteur recrearon en laboratorio una etapa clave del parásito de la toxoplasmosis
Científica uruguaya estudia el cannabidiol como posible herramienta para bajar recaídas en adicción a cocaína
La ciencia uruguaya en el mapa global: el investigador Leonel Malacrida destacado por su aporte a la fotónica
Inmigración científica en Uruguay: el 10,8% de los funcionarios del Instituto Pasteur son extranjeros