Bajo la arena y las rocas sedimentarias del desierto del Sahara se oculta una gigantesca reserva de agua fósil que acumula cientos de miles de kilómetros cúbicos de recursos hídricos subterráneos. Este recurso se formó durante antiguos períodos húmedos en África, un continente con países históricamente azotados por sequías.
El origen y las características del agua subterránea en el Sahara
Las investigaciones revelan que el agua subterránea no forma un mar abierto en el subsuelo africano ni una inmensa cámara hueca, sino que ocupa pequeños poros y fracturas en las rocas sedimentarias, funcionando como una esponja gigante. Según datos del Servicio Geológico Británico (BGS), el continente alberga un estimado de 660.000 kilómetros cúbicos de agua subterránea, aunque con un rango de incertidumbre de entre 360.000 y 1,75 millones de kilómetros cúbicos.
Los depósitos más importantes se encuentran en el sistema acuífero de la piedra arenisca de Nubia, considerado por la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) como el mayor sistema de agua fósil conocido en el planeta. Esta reserva abarca aproximadamente dos millones de kilómetros cuadrados entre Chad, Egipto, Libia y Sudán.
El origen de este recurso se remonta a épocas en que el actual desierto contaba con un clima templado y lluvioso, según Science Blog. Durante el denominado Período Húmedo Africano, que ocurrió hace 14.700 hasta 5.500 años, y en episodios anteriores registrados en los últimos 245.000 años, las precipitaciones alimentaron ríos y filtraron lentamente el agua a través de las rocas hasta depositarse a cientos de metros de profundidad.
Los desafíos técnicos para la extracción del recurso hídrico
Pese a la magnitud del volumen almacenado, los científicos destacan que el total estimado no equivale directamente a una oferta de agua disponible para el consumo público o la agricultura. La capacidad real de extracción depende de la porosidad y la permeabilidad de las capas de roca, así como de la profundidad y la salinidad.
En zonas como el distrito de Kufrah, en el sur de Libia, donde las lluvias anuales apenas alcanzan un milímetro, según la NASA, la vida y la producción agrícola dependen por completo del bombeo profundo. Imágenes de la NASA captadas por el satélite Terra y la Estación Espacial Internacional muestran patrones de cultivo circulares y en cuadrícula en la ciudad de Al Yauf, Libia, donde se aplican sistemas de riego por pivote central y por surcos alimentados desde el acuífero de piedra arenisca de Nubia.
A nivel regional, Libia construyó en las décadas de 1980 y 1990 la red de tuberías del Gran Río Artificial para transportar el líquido subterráneo hacia la costa del Mediterráneo, según la agencia estadounidense. Este proyecto abastece a ciudades densamente pobladas como Trípoli y Bengasi, representando cerca del 70 % del agua consumida en ese país.
Sin embargo, la sobreextracción prolongada muestra señales de deterioro en varios acuíferos del norte de África. En Marruecos, la capa freática del acuífero profundo de Saïss sufrió un descenso medio de tres metros por año en las últimas dos décadas, según The Guardian.
Frente a la variabilidad del clima, expertos señalan que el recurso subterráneo puede proporcionar una oportunidad para que los agricultores pasen de un riego por lluvia muy incierto, sujeto a los vaivenes del clima, a un riego suplementario, que les ofrece la capacidad de aportar agua cuando el cultivo realmente lo necesita, indica el medio británico. La explotación sostenible de estas reservas fósiles exige políticas rigurosas para evitar el agotamiento definitivo de los depósitos no renovables.
Este contenido fue hecho con la asistencia de inteligencia artificial y verificado por un periodista de El País.
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