¿Por qué las abejas están en agonía y cómo podemos salvarlas?

Investigadores uruguayos de distintas instituciones trabajan para detener la mortandad de colmenas y mejorar su estado nutricional

Polen. Foto: Pixnio
Las abejas enfrentan varias amenazas. Foto: Pixnio

Por 18 minutos la actriz Angelina Jolie ha permanecido inmóvil mientras decenas de abejas le cubrían el rostro sin sufrir ni una picadura. El truco: no se duchó ni utilizó ninguna crema durante tres días. Lo importante fue el mensaje: las abejas son fundamentales para el planeta. Muchas veces se pierde de vista que “gran parte de los alimentos dependen o se ven favorecidas” por la polinización de las abejas y se olvidan de algo que es importante recordar este Día Mundial del Medio Ambiente: las abejas están en agonía.

Pero tienen quienes las defiendan a pesar de que ellos no se han salvado de algunas picaduras en varias décadas de estudio y trabajo: Karina Antúnez, responsable del Laboratorio de Microbiología y Salud de las Abejas del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) y Enrique Nogueira, docente encargado del Área Apicultura de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República, llevan adelante distintos proyectos de investigación que apuntan a mejorar su estado sanitario y su labor productivo; en definitiva, a que sigan vivas.

Principales amenazas.

En Uruguay hay aproximadamente unas 550 mil colmenas. Ese número se ha mantenido en los últimos años a pesar de los eventos también sostenidos de mortandad. ¿Cuál es el truco? “Hay un apicultor detrás”, señaló Nogueira. Los apicultores dividen las colmenas sobrevivientes en colmenas más chicas, manteniendo estable la cantidad aunque eso baja la producción de miel. Antes esta estaba por encima de los 30 kilos; ahora “no llega a 20”, indicó el veterinario.

Antúnez lidera un estudio sobre pérdidas de colmenas desde 2013, registrando mortandades entre el 20% y el 30% cada año; no obstante, ahora el promedio está más cerca del guarismo superior (en algunos países de la región esto supera el 45%). Y esto solo contempla a las abejas melíferas; se desconoce cuál es la situación para las abejas silvestres.

El problema es que las sobrevivientes muestran signos de estrés y de déficit nutricional y, si no reciben ayuda, no tendrán suerte. Una línea de trabajo de Antúnez es el desarrollo de complementos nutricionales que permitan mejorar la fortaleza de la colmena. A partir de octubre, su equipo comenzará a probar distintos preparados. Al mismo tiempo se investiga la función de los probióticos. “Sería como un yogur para las abejas”, bromeó la experta (y lo anterior sería el Gevral). Estos apuntan a devolver su microbiota a un estado saludable. Y, en tercer lugar, se avanza en la utilización de las propiedades antivirales, antifúngicas y anticancerígenas del propóleo para tratar algunos patógenos de las propias abejas.

Apicultor trabajando en una colmena de miel. Foto: Faustina Bartaburu
Apicultor trabajando en una colmena de miel. Foto: Faustina Bartaburu

¿Pero por qué estos insectos la están pasando mal? Hay varias razones. Una de ellas es la extensión de los monocultivos. En el recorrido kilométrico que hacen las abejas en busca de alimento van a encontrar solo un tipo de polen y, por lo tanto, no van a conseguir todos los requerimientos nutricionales necesarios para su desarrollo. Lo ideal es que las abejas consuman polen de diferentes flores porque así balancean las proteínas y, según explicó Nogueira a El País, “le dan más valor biológico a su dieta”. Alimentarse solamente de una flor les provoca desnutrición.

Las propiedades del veneno.

Enrique Nogueira, docente encargado del Área Apicultura de la Facultad de Veterinario, está actualmente abocado a la producción de la apitoxina, el veneno secretado por las obreras de varias especies de abejas. Su trabajo se centra en que la extracción y producción sin que afecte la salud y rendimiento de la colmena. “Vemos distintos protocolos para sacar veneno para ver cómo responden en cuanto a la producción y al desarrollo”, explicó. Pero este proyecto tiene otros objetivos a futuro: encontrar nuevas aplicaciones terapéuticas a la apitoxina. Ya se conoce que es útil para tratar, por ejemplo, dolores articulares por sus propiedades antiinflamatorias. Pero Nogueira quiere ir más allá: probar, primero in vitro, posibles usos veterinarios. En el mundo ya hay algunas experiencias in vitro para determinados tipos de cáncer de mama.

La apitoxina es una sustancia de defensa y está presente en las abejas obreras, también en la reina (aunque usa el veneno solo al momento de nacer para “matar a sus hermanas”); el zángano no tiene aparato defensivo. Las obreras al nacer no tienen veneno, sino que lo secretan a lo largo de su vida dentro de la colmena y, cuando estas salen a trabajar fuera de la misma, la apitoxina ha completado su transformación en el saco de veneno y este es biológicamente activo, es decir, es capaz de generar lesión y/o muerte.

Por otra parte, estos monocultivos están asociados a agrotóxicos (pesticidas, herbicidas y fungicidas) que inevitablemente se vuelven parte de su dieta. Antúnez apuntó: “Cuando se encuentran toda la colmena muerta es un síntoma clásico de intoxicación; la mortandad es muy rápida”.

En el Laboratorio de Microbiología y Salud de las Abejas del IIBCE se ha visto que pequeñas dosis de glifosato no son letales en el corto plazo pero generan cambios en el sistema inmune y en la microbiota de las abejas y, además, fomenta el desarrollo de patógenos y aumenta la susceptibilidad a plagas por lo que, a la larga, sí mata a la colmena.

“Hay entre 50 mil y 60 mil individuos viviendo en un espacio reducido; se contagian rápidamente con virus, bacterias y hongos”, comentó Antúnez. La distancia física es imposible en una colmena.

La experta también analiza el impacto de otros pesticidas. “Tenemos resultados interesantes sobre imidacloprid, sulfoxaflor y glufosinato de amonio. Los dos últimos fueron aprobados hace poco y los vamos a estudiar más porque no hay mucha información”, añadió. Esta información será próximamente publicada.

El cambio climático es otra amenaza. La sequía ocasionada por el fenómeno de La Niña hizo que las colmenas permanecieran muy pequeñas entre octubre de 2020 y febrero de 2021. Otras primaveras han sido muy frías y extremadamente lluviosas y eso mantiene a las abejas reinas dentro de las colmenas perdiendo la posibilidad de la fecundación.

Nogueira también recordó que algunas crecientes de ríos y arroyos han sido tan grandes que han llegado hasta algunas colmenas, arrasándolas.

Respecto a la división de colmenas y producción de apitoxina durante la última temporada, el veterinario dijo a El País que sobre el final del periodo se llegó a una fórmula que parece que ha aumentado la generación de veneno. No obstante, se está a la espera de una confirmación para saber si puede ser reproducido con éxito.

Antúnez se pregunta: “Nosotros estudiamos la pérdida de colmenas de abejas melíferas pero ¿qué pasa con las abejas nativas, con los abejorros y con otros insectos que están sometidos a los mismos factores de estrés, a los mismos agrotóxicos y a la desnutrición? Ellos también se están perdiendo”.

Todos ellos son fundamentales para la polinización y para la producción de alimentos como manzanas, zapallos, cebollas, tomates, kiwis, entre otros cultivos en el país; es decir, son esenciales para nuestra propia subsistencia.

Abejas. Foto: AFP

Mal del río: un misterio por más de 80 años.

Por 80 años no se tenía una respuesta a la mortandad de larvas que ocurría al final de cada primavera y comienzo del verano en las colonias próximas a cursos de agua con abundante vegetación. “Mal del río” fue el nombre que se eligió para este misterio de la naturaleza. En las últimas décadas comenzó a aparecer en forma cada vez más frecuente, generando grandes pérdidas a los productores. Sin embargo, “hace unos años lo resolvimos”, dijo Enrique Nogueira, docente veterinario especializado en apicultura. Y añadió: “Resolvimos qué causaba la enfermedad y encontramos cuáles son los mejores manejos para que los productores puedan convivir con ella y sacarle rédito a la miel”. Se descubrió que las excreciones del flátido Epormenis cestri cuando se encuentra en los árboles Sarandí Colorado son la causa de la muerte.

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