Nacho Cardozo conoce cada rincón del Teatro Alianza. Allí debutó profesionalmente el 12 de junio de 1976 y, desde entonces, regresó una y otra vez con varias obras para niños y musicales. Sin embargo, esta vez el escenario tiene otro significado. Con 50 años en escena celebra medio siglo de trayectoria, que vuelve a reunirlo con el lugar donde comenzó una historia que terminaría convirtiéndolo en uno de los referentes del teatro musical uruguayo.
El espectáculo, que agotó localidades y sumó una tercera función para el 2 de agosto, repasa esos 50 años a través de anécdotas, humor, música y conversaciones con invitados que fueron compañeros de distintas etapas de su trayectoria. Mañana lo acompañan Rafael Pence, Sergio Pereira, Leo Lorenzo, Adriana da Silva, Franklin Rodríguez, Jorge Lentino y Gabriela Barbosa; y en la del 19 de julio: Sergio Puglia, Luis Alberto Carballo, Petru Valensky, Pablo Atkinson y Fito Galli. Más que un homenaje, la propuesta es un recorrido por varias décadas del teatro uruguayo.
A la celebración se suma otra coincidencia. Este año Cardozo también cumple 70 años de vida y 30 desde que fundó su escuela de formación artística. Sin embargo, rechaza cualquier idea de despedida.
“No es una parada”, dice entre risas. “Quiero seguir adelante”.
Mañana cumple 50 años de su debut en las tablas, aunque su historia con el teatro empezó mucho antes de aquella noche de 1976.
Salvo los primeros años de escuela, que transcurrieron en un colegio religioso para varones donde el arte tenía poco espacio, siempre encontró la forma de acercarse a un escenario. El verdadero punto de inflexión llegó cuando ingresó a la Escuela Experimental de Malvín. Allí era el primero en ofrecerse para cantar, bailar una chacarera, participar de un acto escolar o interpretar un cuadro de Montevideo antiguo. Sin saberlo, ya estaba buscando el lugar donde terminaría pasando buena parte de su vida.
En el liceo aparecieron otros cómplices inesperados. Las profesoras de Literatura insistían en que los textos clásicos no debían quedarse en los libros. Si en clase estudiaban a Molière y El Galpón tenía en cartel El avaro o El médico a palos, organizaban una salida para ver la obra. Para Cardozo aquellas funciones fueron una revelación.
“Las primeras grandes obras que vi fueron gracias a ellas. Nunca me olvidé de Las brujas de Salem en El Galpón, ni de Noche de Reyes o La alondra en la Comedia Nacional”.
Poco después encontró la oportunidad de cruzar una frontera que lo fascinaba: dejar de ser espectador para descubrir qué ocurría detrás del telón.
Tenía 15 años y asistía a un taller de expresión plástica dirigido por Mirta Nadal de Badaró, quien fue convocada para diseñar el vestuario de una producción de la Comedia Nacional protagonizada por Estela Medina. Como el Teatro Solís (previo a la remodelación) todavía no tenía ascensor, toda la ropa debía subirse por las escaleras hasta los talleres ubicados en el último piso. Mirta necesitaba ayuda y le preguntó si quería colaborar.
La respuesta fue inmediata.
Entre idas y vueltas cargando vestuarios, Cardozo empezó a recorrer camarines, pasillos y bambalinas. Estaba cerca de actores a los que hasta hacía poco observaba desde la platea. Descubrió un mundo que el público nunca veía y comprendió que quería formar parte de él.
“Estar del lado de los artistas era fascinante. Conocer el Solís por dentro siendo tan joven fue una experiencia que me marcó para siempre”.
No era la primera vez que buscaba excusa para acercarse a un escenario. Años antes había participado en un concurso de disfraces por el estreno de Drácula. Él mismo armó la capa, se maquilló en el baño del cine y terminó con el primer premio: un año de entradas gratis al cine. Todavía conserva fotos posando sobre una carroza fúnebre tirada por caballos frente al Metro.
En estos 50 años, Cardozo construyó una trayectoria poco común por lo prolífico y diverso. Ha sido actor, director, coreógrafo, productor y docente; transitó el teatro de texto y el musical, integró el Carnaval, trabajó en televisión y participó en decenas de espectáculos infantiles y grandes producciones. Junto a Rafael Pence formó una de las duplas creativas más prolíficas del teatro uruguayo, responsable de títulos como La Bella y la Bestia, Cenicienta, Alicia, Robin Hood, El jorobado de Notre Dame y El soldadito de plomo, además de musicales como Cabaret, La jaula de las locas, Sugar, Víctor/Victoria y El violinista en el tejado. Paralelamente desarrolló una extensa carrera como formador de artistas, una faceta que considera tan importante como la de subirse a un escenario.
—Después de 50 años de carrera, ¿qué sentís que cambió más en el teatro musical uruguayo?
—El otro día vi A Chorus Line en el Solís y quedé impresionadísimo. Ver un musical con orquesta en vivo es una maravilla y me dio la pauta de que el género va a tener larga vida. Durante mucho tiempo me sentí un poco solo en esto, junto a Omar Varela y Luis Trochón. Peleamos mucho para hacer musicales con grandes elencos y música en vivo, y hoy ver que eso creció me pone muy feliz.
—También fuiste una puerta de entrada para muchos artistas. ¿Eso se disfruta tanto como estar arriba del escenario?
—Muchísimo. En casi todos mis espectáculos hay un debutante. Hoy veo a Natalia Chiarelli, Leandro Núñez, Jimena Pérez o Rosario Martínez haciendo carreras importantes y me llena de orgullo recordar que trabajaron conmigo primero. En Uruguay ese primer empujón puede cambiar una carrera.
—Después de todo lo que hiciste, ¿todavía quedan sueños pendientes?
—Muchísimos. Me gustaría dirigir una gran producción en el Sodre, que para mí es como Disneylandia; volver a hacer un espectáculo para niños en el Solís y montar algunos musicales que tengo en carpeta para el año que viene. También quiero viajar, ir al Carnaval de Río y ver ballet en la Ópera de París.
—¿Y qué te gustaría que el público se lleve de este espectáculo?
—Que pase un buen rato. El teatro, por encima de todo, tiene que divertir y emocionar. Habla de mi recorrido, sí, pero no quería hacer un espectáculo para hablar de mí durante dos horas. Quería compartir historias, música, humor y agradecerles a todas las personas que hicieron posible estos 50 años.
-
Ruben Rada anunció "¿Quién va a cantar?", un ciclo de canciones con invitados; cuándo sale y quién participa
Pinocho Routin: su show con Paola Bianco, la vuelta de "Murga Madre" y cómo imagina su despedida del carnaval
Ciro Tamayo: el regreso al BNS, el desafío de hacer "Cenicienta, el musical" y reencontrarse con la danza
“A Chorus Line”, el musical de Broadway nacido de grabaciones secretas, llega por primera vez al teatro Solís
Se basa en un clásico, estuvo 10 años en un cajón y llega en formato musical: "Doña Flor y sus dos maridos"