Hay frases que quedan marcadas en el imaginario colectivo, y Gustaf lo tiene clarísimo. “Sulfatear la parra” se convirtió en una contraseña del humor uruguayo a comienzos de los años 2000, cuando Atilio Capanga apareció en una campaña publicitaria de los diarios numerados de El País. En plena crisis económica, el personaje de Gustaf se ganó un lugar en la memoria colectiva con sus excusas insólitas, sus historias de barrio y una manera muy particular de celebrar la suerte.
Más de dos décadas después, el actor sigue recibiendo referencias a aquel personaje. Pero su presente está puesto en muchos otros escenarios. En una entrevista con Malena Castaldi y Nicolás Lauber en En Clave País, el actor y humorista habló de Crónica de un pequeño milagro, el unipersonal con el que reconstruye su infancia en Capurro, reflexionó sobre los límites del humor y adelantó los proyectos que tiene en carpeta para el próximo año.
La obra tendrá su última función de la temporada este viernes a las 21.30 en la Sala Teatro del Movie. Y el unipersonal que comenzó con cuatro presentaciones, gracias a la respuesta del público llevó a completar ocho funciones. Las últimas entradas están a la venta en movie.com.uy.
Una infancia en Capurro hecha teatro
El punto de partida de Crónica de un pequeño milagro está en un lugar que ya no existe como Gustaf lo recuerda. La casa en la que vivió cuando tenía dos años desapareció cuando se hicieron las obras de los accesos a Montevideo, a inicios de los años ochenta. Hoy, cuando Gustaf pasa por allí, reconoce el sitio que ocupaba su casa, aunque la ruta y el puente hayan cambiado para siempre el paisaje de ese barrio.
La reconstrucción de este espectáculo comenzó a partir de un trabajo previo: una ambientación de época que lo llevó a detenerse en la arquitectura de Capurro y en la obra del arquitecto florentino Giovanni Veltroni. De allí surgió el deseo de contar una historia sobre ese barrio y sus habitantes, entre ellos una figura fundamental del arte uruguayo cuya identidad Gustaf revela en el espectáculo.
“No es Viena, no es Praga, es Capurro”, dice al comienzo del monólogo. Y ese puntapié inicial resume una de las búsquedas de su obra: encontrar historias dignas de ser contadas en los lugares cotidianos, sin necesidad de trasladarlas a las grandes capitales del mundo que suelen protagonizar películas y obras de teatro.
Para construir ese universo, Gustaf volvió a conversar con personas que conocieron a sus padres y que todavía viven en la zona. Quería comprobar si las imágenes que conservaba de su infancia coincidían con los recuerdos de los demás. La memoria, asegura, es uno de sus grandes capitales, y la reconstrucción confirmó que sus recuerdos eran acertados, salvo algunos detalles.
Su madre trabajaba en una textil, limpiaba una casa vecina y peinaba a clientas en el living los sábados. Su padre hacía platería criolla y aprovechaba los fines de semana para elaborar anillos y alianzas que luego vendía. En las recorridas aparecieron antiguos vecinos y personas vinculadas a la familia, que terminaron aportando sus propias piezas a la reconstrucción.
“La dramaturgia mundial o las películas no se van a acordar de ellos, y yo quería acordarme de ellos”, explicó en el programa de streaming En Clave País.
El resultado es una historia personal que también habla de personajes comunes, de sus vínculos y de aquello que los vuelve singulares. El milagro al que alude el título puede tener una explicación científica o sobrenatural, según las creencias de cada espectador. Pero, para el actor, hay algo que no necesita explicación: las personas que aparecen en la obra existieron.
“¿Dónde está el humor en un insulto?”
Como acostumbra hacer, el humor del espectáculo funciona como una puerta de entrada a otras emociones. Gustaf quiere que el público se ría, pero también que se conmueva y salga de la sala transformado por lo que vio.
“Me gusta la risa y la esperanza”, resumió. Su objetivo no es ofrecer una obra que se limite a comentar la actualidad ni imponerle al espectador una lectura determinada. Prefiere que la historia lo mantenga atento, sin mirar el celular, y que el recorrido tenga momentos capaces de llevarlo de la risa a la emoción.
En esa concepción, y gracias a su humor blanco, la burla y la ofensa no tienen cabida. “¿Dónde está el humor en un insulto?”, preguntó durante la charla. Para él, el humor nace de la observación, del absurdo, de la rapidez y de la capacidad de encontrar algo reconocible en los demás.
También exige que quien hace reír esté dispuesto a reírse de sí mismo. “El primer objeto de humor soy yo”, afirmó. Y explicó que su estilo se construye desde un lugar de igualdad con el público, lejos de la posición de quien se coloca por encima de los demás para convertirlos en objeto de sus chistes.
Gustaf tampoco cree que el humor sea una característica exclusiva de los uruguayos o que el público local sea más difícil de hacer reír que el de otros países. Durante el Mundial de fútbol en Qatar, donde trabajó como presentador de Uruguay, comprobó que las reacciones podían ser similares a las de cualquier otro lugar.
“El humor tiene un idioma universal”, sostuvo. Para él, una sonrisa puede convertirse en un punto de contacto entre dos desconocidos, incluso cuando no comparten la misma lengua.
Atilio Capanga, un éxito nacido en plena crisis
La conversación también volvió a uno de los capítulos más populares de su carrera. Atilio Capanga apareció por primera vez el domingo 25 de agosto de 2002, en una campaña que buscaba promover los diarios numerados de El País, en un momento en que Uruguay atravesaba una profunda crisis económica.
La campaña jugaba con la expectativa de un ganador que tardaba en presentarse a retirar su premio. Cuando le preguntaron por qué no había ido antes, Gustaf improvisó una respuesta que terminaría convirtiéndose en una frase célebre: estaba “sulfateando la parra”.
La expresión fue improvisada, pero no salió de la nada. El actor la había escuchado en Madrid, donde se utilizaba como código para justificar una demora. Años después, la recuperó espontáneamente durante la grabación y el equipo la adoptó.
“Todo el mundo estaba con sulfatear la parra, desde abuelos a niños”, recordó.
El proceso para llegar a ese momento había sido largo. Gustaf llevaba cerca de un año haciendo pruebas para la campaña y estaba a punto de firmar un contrato laboral en España. Aunque el retraso de un vuelo en Barajas le permitió recibir el aviso de que lo habían elegido, y poder volver para continuar con el proyecto.
El éxito de la campaña fue inmediato. Atilio se volvió una figura reconocible, apareció en los hogares uruguayos y fue viral, mucho antes de las redes sociales, hasta se volvió tema de conversación en escuelas y liceos.
Para Gustaf, que un personaje alcance semejante popularidad es una bendición, aunque también obliga a saber cómo seguir adelante sin quedar atrapado en él. Cuando alguien le advirtió que sería Atilio Capanga para siempre, respondió con una comparación cinematográfica: Sean Connery había interpretado a James Bond y no había quedado reducido a ese papel.
“Hay que tener el bagaje, el estudio y la capacidad para deslindarse de eso”, reflexionó.
Gira por España y proyecto en Argentina
Mientras cierra la temporada de Crónica de un pequeño milagro, Gustaf prepara una gira por España para noviembre. Participará en el festival Fes Jajá y llevará su espectáculo Todo es posible a Mallorca, Barcelona, Madrid, Vigo y Valencia.
En paralelo, mantiene conversaciones con Carmen Barbieri para trabajar juntos en una propuesta teatral en Argentina durante el segundo semestre de 2027.
La actriz y conductora lo vio actuar por recomendación de un matrimonio argentino que se había convertido en admirador de su trabajo. Después de asistir a la función, le planteó la posibilidad de hacer algo juntos.
Gustaf se mostró interesado, en particular porque comparte con Barbieri una preocupación por el lugar que ocupa el humorista dentro del mundo de la actuación. “Es lo único que soy, actor y autor”, afirmó, al cuestionar la idea de que el humor sea un subgénero separado de la actuación.
La propuesta todavía está en etapa de conversaciones. El actor tiene interés en hacer una comedia de texto, con personajes y material de peso, aunque también contempla la posibilidad de escribir una obra pensada específicamente para ese proyecto. La elección dependerá, entre otros factores, de los derechos disponibles y del régimen de ensayos.
Por ahora, su prioridad inmediata es despedir la temporada de Crónica de un pequeño milagro y después viajar a España. Los planes para el año próximo siguen abiertos, pero Gustaf tiene claro qué busca en cada nuevo desafío: trabajar en proyectos que le den felicidad y le permitan seguir explorando su oficio.
Y, mientras Atilio Capanga continúa apareciendo en los recuerdos de quienes crecieron con la campaña, el actor vuelve a Capurro para contar otra historia. Esta vez, una en la que el humor no está reñido con la emoción y en la que los personajes no necesitan ser famosos para merecer un lugar en el escenario. Y como siempre lo hace siguiendo su máxima: “El humor salvará el mundo”.