Coco Echagüe y Álvaro Armand Ugón: el teatro, los prejuicios, lo popular y actuar juntos en "Extraña pareja"

Coco Echagüe y Álvaro Armand Ugón estrenan Extraña pareja en Teatro Alianza y revelan cómo dos trayectorias opuestas encontraron la química perfecta para darle nueva vida al clásico de Neil Simon.

Coco Echagüe y Álvaro Armand Ugón.
Coco Echagüe y Álvaro Armand Ugón.
Foto: Ignacio Suárez.

Antes de que empiece la entrevista, Coco Echagüe llega a la cafetería del teatro, mira la mesa donde se va a sentar y, casi por reflejo, pasa una servilleta por la superficie. Álvaro Armand Ugón lo observa, se ríe y Coco también. El gesto dura apenas unos segundos, pero alcanza para que los dos empiecen a bromear sobre quién de los dos se parece más a Félix, el obsesivo del orden, y quién a Oscar, el desprolijo encantador de Extraña pareja que estrenan el sábado en Teatro Alianza. Entradas por Redtickets.

La escena tiene algo de simbólico. Porque, más allá de los personajes que interpretan (Echagüe es Oscar y Armand Ugón, Felix) ambos parecen venir de mundos opuestos. Uno construyó su carrera desde el teatro de texto, las puestas más clásicas y es un nombre repetido en los Florencio; el otro llegó desde la música tropical, se convirtió en una de las caras más populares de la televisión; hoy conduce Desayunos Informales y A Todo o Nada por Canal 12.

Sin embargo, en lugar de chocar, esas diferencias, adelantan, se potencian en el escenario. Ellos mismos cuentan que esa mezcla de formación, recorrido y formas de trabajar tan distintas terminó convirtiéndose en uno de los mayores aciertos de esta puesta.

Extraña pareja es un clásico de Neil Simon que se estrenó en Broadway en 1965, tuvo una adaptación al cine (con Walter Matthau y Jack Lemon) en 1968, una serie de televisión en 1970, y no integraba la cartelera teatral de Uruguay desde hacía 14 años. La última versión la dirigió Jorge Denevi; ahora el proyecto está en manos de Álvaro Ahunchain.

Seis décadas después de su estreno, esta comedia vuelve a demostrar que los mejores vínculos también se pueden forjan entre dos personalidades muy distintas.

Álvaro Armand Ugón y Coco Echagüe.
Álvaro Armand Ugón y Coco Echagüe.
Foto: Ignacio Suárez.

—¿Cómo vienen los ensayos?
Coco Echagüe: Muy divertidos. Se armó un grupo hermoso y nos reímos de verdad. Hay momentos en los que tenemos que parar porque nos tentamos. La obra lo permite: más allá del texto de Neil Simon, aparecen situaciones nuevas sin perder el espíritu del original. Es increíble que un texto escrito en 1965 siga teniendo tanta vigencia.

Álvaro Armand Ugón: La estoy disfrutando muchísimo. Hace tiempo que hago comedia, pero no es el lugar donde me siento más cómodo como actor; siempre estuve más cerca de lo dramático. Justamente por eso me encanta el desafío. Además, trabajar con Coco es un aprendizaje constante.

—Hace poco trabajaron juntos en Paranormales. ¿Qué cambia ahora?
Armand Ugón: En esa comedia compartíamos escenario, pero no teníamos un ida y vuelta tan fuerte. Acá sí. Tener esa química con Coco es realmente disfrutable.

Echagüe: Yo me había quedado con ganas de trabajar más con Álvaro. Lo respeto muchísimo como actor y ahora pudimos construir una relación muy linda en escena. Nos complementamos muy bien: él viene desde un lugar más estructurado y yo soy mucho más impulsivo. Esa diferencia termina potenciando a los personajes.

—¿Cómo describirían esa química que lograron?
Echagüe: Lo más importante es sentirse cómodo con el otro. Yo puedo improvisar o disparatar, pero siempre sabiendo hasta dónde llegar para no incomodar al compañero.

Armand Ugón: Nuestras diferencias juegan a favor. En la obra uno de los personajes desestructura al otro y eso también sucede, de alguna manera, en nuestra forma de trabajar. Esa energía termina apareciendo arriba del escenario.

Álvaro Armand Ugón y Coco Echagüe.
Álvaro Armand Ugón y Coco Echagüe.
Foto: Ignacio Suárez.

—Los dos vienen de trayectorias muy distintas. ¿Eso se nota en el trabajo?
Armand Ugón: Hace tiempo intento salir de mi zona de confort. El teatro de texto es parte de mi formación, pero no quiero quedarme solamente ahí. Estos desafíos hacen crecer. Y tener enfrente a alguien como Coco, que devuelve todo con tanta energía, es un lujo.

Echagüe: Yo también aprendo muchísimo de Álvaro. Creo que lo lindo es que ninguno intenta parecerse al otro.

—¿Sigue existiendo esa división entre el teatro “prestigioso” y el teatro popular?
Armand Ugón: Me da la impresión de que cada vez menos, aunque todavía quedan prejuicios. Durante mucho tiempo pareció que había un teatro “serio” o “de prestigio” y otro más popular o comercial, pero en la práctica esas fronteras son mucho más difusas. Tuve la posibilidad de trabajar en propuestas muy distintas, y en un punto terminan encontrándose. Lo último que hice con Marianella Morena, por ejemplo, era un teatro muy cercano a la gente, muy popular en el mejor sentido de la palabra. Y Extraña pareja, aunque sea una gran comedia comercial, también tiene detrás a un autor enorme como Neil Simon. A veces el prejuicio está más en cómo se etiqueta una obra que en lo que realmente sucede arriba del escenario.

Echagüe: Coincido. Hoy esas divisiones son mucho menores que antes. El carnaval, por ejemplo, ayudó muchísimo a romper esas barreras. Esta versión también refleja un poco esa mezcla. Es una obra clásica, pero está completamente traída al Montevideo de hoy. Alvarito Ahunchain logró mantener la inteligencia y la estructura de Simon, pero acercándola a un lenguaje más cotidiano y reconocible para el público de acá.

—¿Qué hace que la historia siga vigente después de 60 años?
Echagüe: Justamente eso. Hay historias que no tienen fecha de vencimiento y esta es una de ellas. Se hizo en teatro, en cine, en televisión, tuvo versiones masculinas y femeninas, y sigue funcionando porque el conflicto es universal. Nosotros la trajimos al Montevideo de hoy, con referencias actuales y un lenguaje más cercano, pero el corazón de la obra sigue siendo el mismo.

Armand Ugón: Además habla de algo muy simple y muy humano. Hay amistades que funcionan perfecto porque tienen una distancia saludable: se ven los viernes, juegan al truco o al póker, se abrazan y cada uno vuelve a su casa. El problema aparece cuando esa relación cambia de escala y la convivencia obliga a enfrentar las diferencias. Ahí es donde aparece el humor, porque todos, en mayor o menor medida, hemos vivido algo parecido.

—La comedia tiene que parecer una cosa sencilla cuando sale bien. ¿Qué tan difícil es hacerla?
Armand Ugón: Muchísimo. La comedia es precisión. Un cambio mínimo en una palabra o en un silencio puede hacer que el chiste funcione o no.

Echagüe: Todo está medido. La escenografía, la utilería, los tiempos... cualquier cosa fuera de lugar rompe la magia. Es una cosa que parece espontánea, pero detrás hay muchísimo trabajo.

—¿Cómo viven ese proceso de ensayo constante?
Echagüe: Nos encanta ensayar. Somos bastante obsesivos con eso. Repetimos hasta encontrar exactamente dónde tiene que ir cada cosa.

Armand Ugón: A veces probás una variante y descubrís que el camino correcto era el primero. Esa búsqueda también forma parte del trabajo.

—¿Se sienten identificados con sus personajes?
Echagüe: No, soy bastante ordenado, soy más como Felix.

Armand Ugón: Yo soy bastante desordenado, aunque cuando limpio me vuelvo obsesivo. Y así el actor trabaja con su propia experiencia: exagera algunos rasgos y minimiza otros para construir el personaje.

—¿Vieron la película o alguna versión teatral?
Echagüe: Sí. Volví a ver fragmentos de la película con Jack Lemmon y Walter Matthau y también algunas puestas españolas. Cuando recién arrancás a ensayar estás muy concentrado en entender el personaje y encontrarle la vuelta. Después, cuando la obra ya empezó a tomar forma, me sirvió volver a esas versiones para ver cómo resolvían determinadas situaciones. No para copiarlas, sino para descubrir soluciones escénicas. En algunas cosas pensé: “Mirá qué interesante cómo resolvieron esto”. Después uno decide si tomarlo o no, pero siempre suma.

Armand Ugón: Yo hago exactamente lo contrario. Si puedo, trato de no ver nada. Cuando un personaje es tan icónico como Félix u Oscar, siento que cualquier interpretación anterior puede condicionarme. Prefiero equivocarme buscando mi propio camino antes que hacer algo que inconscientemente se parezca a otro actor. Cada uno tiene su método; el mío pasa por descubrir al personaje desde el ensayo.

—¿Cómo saben que la obra está lista?
Armand Ugón: Hubo un momento en el que sentimos que empezó a pasar. Terminamos un ensayo, nos miramos y los dos pensamos lo mismo: “Ahora sí“. Pero eso no quiere decir que el trabajo haya terminado. La verdadera prueba llega con el público, porque el teatro no existe sin esa otra mitad que completa el fenómeno.

Echagüe: Exacto. Si nos estamos divirtiendo, pero además hay un trabajo serio detrás, es muy probable que el público también lo haga. Igual el escenario siempre te sigue enseñando cosas. A veces descubrís un remate nuevo en la función 20 o en la última. Nunca dejás de aprender una obra. Y en esta, además, dependemos mucho de todo el elenco, porque cualquiera que entra tiene que hacerlo en la nota justa para que la energía no se rompa. Por eso decimos que armamos un equipazo.

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