"Nadie sabía que iba a tomar esa decisión": Pedro Alonso habla de su despedida de la serie "Berlín" de Netflix

El actor español habla de la segunda temporada de la serie derivada de "La casa de papel", que llega el viernes a la plataforma de streaming, y significa su despedida del carismático ladrón.

Imagen de la serie "Berlín y la dama del armiño".
Imagen de la serie "Berlín y la dama del armiño".
Foto: Felipe Hernández/Netflix

El actor Pedro Alonso (Vigo, 54 años) ya tenía algunas décadas de carrera, y algunos éxitos como las series Gran Hotel y Bajo sospecha, cuando su rol en La casa de papel colocó su nombre en boca de todo el mundo.

Su personaje en el policial español, Berlín, traspasó la ficción creada por Álex Pina y tuvo su propia serie, que regresa con una nueva aventura: Berlín y la dama del armiño que se estrena el 15 de mayo en Netflix. Aunque la primera temporada de la serie estuvo entre las tendencias globales, Alonso ha tomado una decisión: no volverá a encarnar al carismático ladrón.

En estos días viajará a Madrid para conceder entrevistas y seguirá el tour en Sevilla, donde están ambientados los nuevos episodios. Antes de todo eso, casi una hora de conversación pausada y en la que el actor meditará mucho sus palabras. “Siento que me va a golpear la emoción por sitios que no espero”, adelanta.

—¿Por qué ha decidido dejar el personaje de Berlín?
—He tenido un viaje de reconexión con mi intuición a lo largo de los años. En ningún momento de estos nueve años, hasta este pasado, había sentido que tenía que cerrar este ciclo. Sí había tenido dudas en varios momentos sobre si yo podía sostener el personaje. Pero el año pasado fue muy duro, el rodaje fue muy demandante en lo físico y psicológico. Fue paralelo a la enfermedad y fallecimiento de una persona que me ha acompañado durante toda mi trayectoria profesional, Clara Heyman, mi única representante. No me di cuenta del impacto que estaba teniendo en mí a todos los niveles hasta que terminé de rodar. Tengo la sensación de que he completado un ciclo descomunal de la vida con un personaje que me ha hecho volar muchísimo y que la mejor forma de honrar todo lo que me había pasado era soltarlo. Es una cuestión de piel, saber que para vivir la vida uno tiene que entender que hay fases, y que una vida son varias vidas.

—Tomó la decisión después de grabar la serie. ¿Eso quiere decir que no hay una despedida, no hay un final para el personaje?
—Álex Pina (cocreador de la serie) siempre ha tenido un celo muy grande por que hubiese concordancia entre todas las piezas. Nadie sabía que yo iba a tomar esa decisión durante el rodaje, pero pienso que es un final natural. Se dejan semillas que conectan con todo el mecanismo de lo que estaba en La casa de papel.

Imagen de la serie "Berlín y la dama del armiño".
Imagen de la serie "Berlín y la dama del armiño".
Foto: Felipe Hernández/Netflix

—¿Cómo se tomaron su decisión Álex Pina y Esther Martínez Lobato, creadores de la serie?
—Tuve un encuentro con ellos realmente emocionante. Yo no quería que lo sintiesen mal. Me han hecho volar, me han dado confianza. Es un regalo de la vida que alguien te de combustible y más combustible, es algo que uno tiene que honrar. Sí, es verdad que no les ha dejado indiferentes, pero he sentido mucha empatía por su parte en términos humanos e íntimos. Hemos vivido cosas increíbles juntos, y eso queda.

—¿No intentaron convencerlo de que cambiara de idea?
—(Ríe a carcajadas y tarda unos segundos en responder) Bueno, obviamente no todo el mundo ha pensado lo mismo. Una vez me dijo Concha Velasco: “Un éxito no se deja, Pedro, un éxito no se deja”. Pero yo siento también, aunque no sé si esta frase es mía o la he dicho en la serie, que la mejor forma de honrar el amor es en ausencia, y a veces la mejor manera de honrar un éxito es yéndose. Hay un principio de responsabilidad con lo que he hecho, pero no hay cálculo, no tiene que ver con algo intelectual y una estrategia de mi vida. No soy un actor que diga, quiero hacer cada vez un personaje diferente. No, yo lo que quiero es tener un principio de conexión con lo que estoy caminando, y tener la sensación de que hay combustible que me invita a reforzar mi compromiso. Irme tiene que ver con este compromiso, pero también con la saga y el rol. Y ha sido desde el estómago, algo hizo en mi estómago clac, y cada vez hago más caso a mi estómago.

—Ahora que lo mira con perspectiva, ¿cómo ha sido este ciclo vital que termina para usted?
—A veces me siento como el replicante de Blade Runner, he vivido cosas que no creerían. Los escenarios que he cruzado, los kilómetros que he hecho, los momentos inauditos que me han tocado vivir, las puertas y ventanas que se han abierto… He vivido nueve años en el asombro. Nadie ni nada me hubiese preparado para todo lo que ha pasado. Ha sido un fenómeno, sí, pero también por todo lo que ha supuesto en crecimiento personal, de observación de la naturaleza humana, de la mía propia y de muchos compañeros y de la gente que se iba acercando a mi vida. Doy gracias porque el arranque de la saga me agarró en un momento en el que yo estaba valorando que lo más importante era cuidarse, que sí importa el precio que la profesión te cobra. Me he cuidado muchísimo y he procurado dosificar los momentos de exposición, que han sido arrolladores, con los momentos de retiro. He viajado muchísimo, he ido al Amazonas, he publicado un libro, he escrito en prensa, he producido y dirigido, me he dedicado a atenderme y desmontarme…

Imagen de la serie "Berlín y la dama del armiño".
Imagen de la serie "Berlín y la dama del armiño".
Foto: Felipe Hernández/Netflix

—¿Sabe hacia dónde irá su siguiente ciclo?
—Dirigí y produje una serie documental (En la nave del encanto) muy de nicho, muy particular, conectada con mi afán de habitar obra propia. Fue un viaje bestial de cuatro años de muchísimo aprendizaje. Además, en estos últimos 10-12 años he escrito mucho, sobre todo no ficción, y de pronto sentí que quería dar el paso a la escritura de ficción. Me puse a trabajar con Paco Bezerra, llevamos año y medio y estamos acabando una primera versión de un guion de ficción que quiero dirigir. Me considero una persona muy ecléctica, muy transversal. No quiero dejar de trabajar como actor sin tener prejuicios, pero sí tengo una necesidad de habitar un material con el que esté muy directamente conectado, así que voy a intentar dar un paso fuerte en esta dirección. Y, después de varias tentativas en las que no lo veía, he dicho sí a un trabajo en inglés. Se ha producido una especie de pequeña revolución en mí. Uno nunca sabe lo que va a pasar, pero sí me genera esa efervescencia en el estómago que es necesaria para evolucionar, pasar miedo del bueno.

—¿Volvería a interpretar un personaje durante tanto tiempo como Berlín, durante nueve años?
—Lo que la vida me ha enseñado es que no hay quien anticipe lo que le va a pasar a uno. Lo que sí tengo claro son algunos propósitos. Berlín me ha acompañado estos años, pero también me ha permitido hacer muchísimas cosas. No me ha encerrado en mi taller personal, me ha lanzado al mundo, me ha llevado a sitios inauditos, me ha abierto la puerta de su casa gente increíble, he conocido a personas alucinantes, me han llegado opciones fantásticas. Puedo ir a muchas partes y sé que me van a escuchar.

—¿Está mentalizado para esta semana de despedida?
—Te lo juro que no sé. Hoy me ha venido a la cabeza alguna vez que me han dicho, al acabar el rodaje de alguna temporada, “Pedro, di algo”. Y de pronto fui arrollado por las emociones de una forma impactante para mí. He recibido mucho afecto, mucha complicidad y respeto con este personaje. Sentir que lo dejo ir ha supuesto para mí un temblor y quiero dar las gracias a la gente, esa peña que me ha mirado, a veces entrándome, otras sin entrar. Me alegra que un personaje tan paradójico, tan ambivalente, tan peligroso según ciertos cánones, haya sido entendido como una invitación no moralista para hablar de lo que roza la condición humana.

Natalia Marcos/El País, España

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