La vida de la comunicadora e influencer Camila Rajchman atraviesa en el último tiempo por un proceso de transformación profunda desde lo amoroso, lo material y lo emocional y en redes sociales, la rubia decidió abrir su corazón compartir sus impresiones, altos y bajos de todo el proceso.
En los últimos tiempos, Rajchman protagonizó varios cambios significativos. Se mudó por primera vez, se separó del piloto Santiago Urrutia y comenzó a poner en palabras —y en imágenes— un duelo que hasta ahora no había expuesto públicamente con este nivel de detalle.
En una serie de publicaciones en Instagram, la influencer compartió lo que definió como una “crónica de una mudanza y muchos cambios en los últimos dos años y medio”, donde recorre desde la venta de su casa familiar en Carrasco hasta su presente en un apartamento que primero fue proyecto en pareja junto al deportista y luego refugio en soledad.
“Mantua (la calle de Carrasco donde estaba la casa) representó siempre mucho más que un hogar. Era la casa del pueblo”, escribió sobre la vivienda que dejó atrás, un espacio cargado de historia afectiva, encuentros y vida compartida. La decisión de irse coincidió con el inicio de su relación amorosa con Urrutia: “Me ennovié y eso agilizó mi impulso para al menos no irme sola a un lugar desconocido”.
El nuevo apartamento fue, en un comienzo, un proyecto en común: “Lo amamos cuando lo conocimos, sentí la vibra. Era la primera vez que me mudaba en mi vida y quería que fuera perfecto. Así lo fue”. Contó que la decoración estuvo principalmente a cargo de ella, con la excepción de los artefactos electrónicos, que fueron responsabilidad de Urrutia.
Sin embargo, ese escenario ideal pronto se vio atravesado por la ruptura, conocida hace un año.
“Pero al tiempo me separé. Qué doloroso fue”, expresó Rajchman con crudeza. En una de las imágenes que acompañó la publicación, donde se observa un living casi vacío, sintetizó por primera vez públicamente el impacto emocional del duelo: “Sensaciones post separación: vacío, soledad, dolor, frustración, heartbroken”.
A pesar de la ruptura, la comunicadora decidió quedarse en el apartamento, lo que hizo más desafiante el duelo. “No me iba a ir. No en ese momento. No quería (ni sentía poder) soltar nada más en ese entonces”. Sin embargo, la separación implicó un desprendimiento inevitable, también en lo material. “Se iban cosas… La prueba de que esto estaba sucediendo se vio reflejada en algunos ítems”, relató, en alusión a objetos —especialmente electrónicos— que formaban parte de la vida en común y que debieron ser reemplazados.
Rajchman agradeció a una marca de electrónica que "se puso la 10: “Llamé y les dije lo que quería encargar para evitar el impacto material del momento". En la siguiente foto de la publicación, aparece el living con nueva pantalla.
A partir de ahí, comenzó un proceso de resignificación del espacio: “Resignifiqué muchos rincones”, escribió junto a una imagen donde se la ve incorporando nuevos cuadros y detalles personales.
Más allá de lo tangible, Rajchman puso el foco en el aprendizaje emocional que le dejó la experiencia: “Por más que la vida me enseñó que lo material es lo de menos, saber que vivo en un espacio que me encanta, repleto de rincones lindos, me da paz”. Y concluyó con una reflexión que sintetiza su presente: “Mi hogar será en donde sea que esté bien yo”.
En otra publicación de Instragram, centrada en su evolución emocional durante el último año, la influencer volvió a abrir su intimidad. “Podrá haber motivos para estar triste PERO FAA, tengo demasiados para ser feliz”, escribió. En una de las imágenes, se la ve llorando y recuerda: “Hace un año lloraba y pensaba: ‘¿quién me va a ayudar a salir de esta?’”.
El contraste con su presente es elocuente: sonriente, agradece a su entorno cercano —hermanas, amigas, amigos, compañeros de trabajo—, a sus seguidores y a sus padres, destacando el rol clave del acompañamiento en su proceso.