Zaz y un proceso de sanación hecho disco: "Necesitaba librarme de vínculos tóxicos y dejar de ser la víctima"

La cantante francesa dialogó con El País sobre "Sains et saufs", su nuevo disco , donde aborda una etapa llena de cambios personales. "Quería ser libre y responsable de mi felicidad", asegura.

Zaz.
La cantante francesa Zaz.
Foto: Jan Welters.

Zaz atiende la videollamada desde un hotel en Bucarest. Allá son las 18.00; acá, en Montevideo, las 13.00. Anoche cantó en la capital rumana y ahora hace una pausa para conversar con la prensa del Cono Sur antes de viajar a Polonia, donde la esperan dos shows: uno en Katowice y otro en Varsovia.

No somos los únicos en la pantalla: Judit, una traductora de marcado acento español, oficia de puente idiomático entre El País y la artista. Ella no habla español — —aunque lo canta casi a la perfección— ni inglés. Yo no hablo francés.

La escena respira engranaje internacional: tres países, dos idiomas y una agenda que no da descanso. En el centro está Sains et saufs, su primer álbum en cuatro años, un trabajo que condensa un período de cambios personales y reordena su energía creativa. Es el disco que explica su presente y el que impulsa esta gira.

En ese recorrido, Uruguay está ausente. Y eso que la cantante de “Je Veux” y “On Ira” tiene una larga relación con el público local. Actuó en el Teatro Solís en 2014 y 2015, y volvió en 2023 al Auditorio Nacional del Sodre. En las tres fechas agotó entradas con semanas de antelación. La gira latinoamericana de Sains et saufs, que despegó el jueves en México, recorrerá la región pero esquivará Montevideo: hasta el 7 de marzo ofrecerá ocho conciertos con escalas en Argentina, Brasil y Chile.

Apenas se le preguntan sus recuerdos de Uruguay, Zaz sonríe unos segundos antes de responder -con oficio, a través de la traductora- con una fórmula en clave regional: “Cada vez que voy a América Latina siento mucho amor. Cada país es diferente, pero siempre me sorprende el nivel de amor con el que me reciben. Tengo un recuerdo muy cálido y una gran alegría de volver… No puedo decir más que: ¡mucho amor!”.

Donde sí se explaya es al hablar de las canciones de su nuevo disco, atravesado por una reformulación de identidad tras el duelo que implicó la muerte de su padre. El título resume su presente luego de varias turbulencias emocionales; Sains et saufs se traduce como “Sanos y salvos”. Entre los puntos altos se incluye la balada “Que des liens”, que describe el funeral de su padre y deja como reflexión: “No sos vos quien me hace llorar, / son aquellos que te amaban (…) en esta carrera contra el tiempo, solo somos vínculos”.

La pérdida reaparece en “Une passerelle vers la mer”; el escapismo a través de las adicciones asoma en “Au pays des merveilles”; el autocuestionamiento sostiene “Un enfant pour toujours”. En contraste, “Mon sourire” y la canción que da nombre al disco reivindican la música y los afectos como refugio. La declaración más personal llega desde el inicio: “Je pardonne”, que abre el álbum, propone mirar hacia adelante sin negar la herida.

Sobre esa reconstrucción -artística y personal- va esta entrevista.

-“Perdono con o sin razón, / La amargura no es mi hogar, / Rabia pero no rencor”, dice la letra de “Je pardonne”. ¿Qué significa para vos cantar esa frase?

-Es muy fuerte. Por mi historia, por las pruebas que me puso la vida y por las relaciones que tuve, llegué a un momento en el que sentía mucha rabia. Estaba resentida, le daba mil vueltas al pasado; quería que las personas reconocieran ciertas cosas, pero no querían, no podían o no eran capaces. En un momento entendí que yo estaba haciendo lo mismo: me aferraba a la idea de que debían asumir su parte, cuando en realidad no podían hacerlo. Y ahí me dije: “Bueno, basta”. Necesitaba liberarme de ese vínculo tóxico, dejar de ser la víctima y hacerme responsable de mi felicidad. Porque si mi felicidad depende del afuera, de alguna manera sigo atada.

-De ahí la idea de perdonar...

-Sí. Y eso no cambia lo que pasó, ni el dolor ni el sufrimiento, pero me libera para construir otra cosa. Se trata de soltar la rabia. Durante mucho tiempo la rabia me ayudó a salir de la inercia; cuando vivís ciertas cosas podés quedarte congelada, y la bronca te da energía para moverte. Pero llega un punto en que esa rabia te quema. Por eso quise salir de esa parálisis, recuperar mi poder. Esperar que el otro reconozca algo es seguir dándole el control. Lo ideal sería que lo hiciera, claro, pero si no puede o no quiere, yo no puedo quedarme atrapada ahí. Quería ser libre y responsable de mi felicidad.

-En ese sentido, “Sains et saufs” habla de una forma de enfrentarse a esa rabia. “Sanos y salvos porque el amor salva de todo”, cantás.

-Sí, porque al final todo se trata de recuperar el amor propio, de darnos a nosotros mismos ese amor que nos hubiese gustado recibir. En vez de seguir alimentando esa carencia, me dije: “Si los otros no supieron hacerlo, me toca a mí”. Me tocó cuidarme y acompañarme. Cuando empezás a hacer eso, te rodeás de gente que se te parece; las relaciones se vuelven más respetuosas porque vos te respetás más. Todo el exterior cambia. Cuando uno no se ama, encuentra gente que no lo respeta; si estás pleno y en tu lugar, irradiás algo distinto. Entonces, si queremos que el mundo cambie, tenemos que empezar por nosotros. La sociedad es el reflejo del individuo: cuanta más libertad y amor tengamos adentro, más lo vamos a ver encarnado afuera. Es nuestra responsabilidad.

-En el final de “Je pardonne” cantás en español: “Te perdono, me perdono, pero recuerdo todo”. ¿Por qué?

-Mi madre era profesora de español y yo pasaba mucho tiempo en España de chica. Creo que para mí el idioma tiene un costado muy instintivo, muy animal. Me pasa en el cuerpo: apenas escucho hablar español me siento en casa; es parte de mi identidad, aunque no lo pueda explicar. Hay algo de mi infancia ahí, de cuando empecé a ser consciente de que había gente que no me veía solo como una 'niña', sino que veía quién era yo realmente, a Isabelle. Por eso el idioma me genera algo físico. A veces me es más fácil decir “te perdono, me perdono” en español que en francés. Siento que en español no pasa tanto por lo intelectual; viene del cuerpo, del inconsciente, de las entrañas. Es algo más animal, menos racionalizado. Cantar en español me permite “apagar” el cerebro, y esa sensación me encanta. El español es algo que llevo muy profundo, en mi ADN.

-Sains et saufs es una bitácora de un momento bisagra en tu vida. ¿De qué manera la música te ayuda a sobreponerte?

-El canto me permitió conectar con los seres humanos. Antes estaba mucho más conectada con los animales, y me costaba entender el mundo de los humanos porque me resultaba muy racional, como si hubiera una capa mental que me impedía llegar al otro. Cuando descubrí el canto entendí que esa era mi forma de expresar lo que tenía bloqueado adentro. Podía sacar mis emociones y los demás las recibían. Esa conexión los conmovía. Cantar me permite expresar mi discurso, mis valores y mi lugar en la sociedad. El escenario se volvió un lugar donde me sentía reconocida, vista y escuchada; durante mucho tiempo nunca fui tan feliz como ahí arriba. Y sigue siendo así. Pero ahora -lo intenté toda mi vida y recién lo estoy aprendiendo- busco estar igual de feliz fuera del escenario.

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