Bad Bunny en Argentina: crónica de la noche de salsa y perreo que entregó un baile inolvidable en el Monumental

El País fue parte del primero de los tres shows agotados que el puertorriqueño presentó el viernes 13 en Buenos Aires para celebrar el éxito del disco "Debí tirar más fotos". Así fue el espectáculo.

Bad Bunny en el Estadio Monumental.
Bad Bunny en el Estadio Monumental.
Foto: @vickydragonetti.

En el barrio porteño de Belgrano, el viernes deja de ser viernes. A la salida de la línea D, en Congreso de Tucumán, el flujo de gente ya no responde al horario laboral sino a otra lógica: la de un recital que todavía no empezó y, sin embargo, ya se respira.

La entrada a la estación de subte se convierte en una feria improvisada: remeras con la cara de Bad Bunny, camisetas con la bandera de Puerto Rico, bandanas. También hay sombreros de paja, llaveros y muñecos de Concho, el sapo convertido en icono de Debí tirar más fotos. Todo está a la venta y se compra enseguida.

En las cuadras que conducen al Monumental, los parlantes de bares y autos repiten las canciones del puertorriqueño y se imponen al ruido blanco del asfalto. El forastero no necesita Google Maps: alcanza con seguir la música o sumarse a la procesión.

El Barrio Chino, epicentro de la previa, también está tomado. Una feria desborda merchandising. After-shows anunciados en pizarras. Un hombre con una máscara gigante del cantante posa para fotos y, por un rato, le roba protagonismo a un Spider-Man y un Stitch que custodian la entrada.

Buenos Aires está a punto de vivir su primer gran fenómeno de masas de 2026. El show empieza mucho antes de las 21.00. Entre el viernes y el domingo convoca a 200 mil personas en la cancha de River. Las entradas se agotaron hace meses; se habilitó un sector de visión restringida y también se vendió enseguida. Quienes llegan temprano buscan un buen lugar, un video viral y, sobre todo, la cámara con luces LED que entregan al ingresar y que se volvió souvenir de la gira.

El contexto potencia todo. El 1° de febrero ganó el Grammy al mejor álbum del año por Debí tirar más fotos y se convirtió en el primer cantante latino en lograrlo. El 8 encabezó el show de entretiempo del Super Bowl, visto por 128 millones de personas en vivo y por otras 98 millones en YouTube. Desde entonces, el top 5 global de Spotify le pertenece.

Pero hoy todo eso son solo cifras.

Lo real aparece cuando cae la tarde en Belgrano, en la fila que avanza metro a metro, en los móviles de televisión que buscan declaraciones exaltadas, en los vendedores que no dan abasto, en las heladeritas abiertas sobre la vereda, en esa sensación compartida de que no se está yendo solo a un recital. No hace falta ser fan para confirmarlo: alcanza con saber mirar.

Previa del show de Bad Bunny en Buenos Aires.
Previa del show de Bad Bunny en Buenos Aires.
Foto: Luis Robayo/AFP.

A las 20.00, en el Monumental, el cuarteto puertorriqueño Chuwi sube a uno de los dos escenarios y adelanta el clima de la noche. No es la previa típica de un show masivo de reggaetón. Es una declaración que reafirma el espíritu de Debí tirar más fotos. El grupo, que grabó “Weltita” con Bad Bunny, convierte el estadio en una clase abierta sobre identidad boricua. Lorén Aldarondo Torres repasa la historia cultural de Puerto Rico y canta contra la gentrificación y el desplazamiento. Suenan “Rico y pico”, “Tierra” y “Guerra”: festivas en la forma, filosas en el mensaje.

Así como el show de Chuwi es atípico para lo que se esperaría de Bad Bunny, lo mismo sucede con el inicio del recital: empieza minutos antes de la hora pactada. A las 20.55 se apagan las luces del Monumental y el rugido de 70 mil personas es inmediato, físico, contagioso. En las pantallas aparece un video: un padre y un hijo, sentados en una vereda del barrio La Boca, hablan del boricua como si invocaran a un mito. “Si decimos las palabras mágicas, aparece el chabón. ¿Querés probar?”, lo desafía el padre.

Entonces empiezan a recitar “La mudanza”, una de las canciones centrales de Debí tirar más fotos, la que cuenta cómo se conocieron los padres de Bad Bunny. El estadio entero levanta el celular y se suma al canto: “Vivieron en Morovis, en donde hicieron al nene, que en Bayamón por primera vez vieron”. La frase queda suspendida en el aire. Por única vez en la noche, el silencio es total.

Bad Bunny en el Monumental.
Bad Bunny en el Monumental.
Foto: @vickydragonetti.

De la tarima donde antes tocó Chuwi emerge el cantante. Detrás, una orquesta de diez músicos. No se apura. Plantado frente al micrófono, contempla el estadio lleno y estira la espera hasta volverla insoportable. Sonríe mientras 70 mil voces corean su nombre real, Benito. Se acerca y suelta: “Un aplauso para mami y papi, porque en verdad rompieron”.

El golpe de los vientos corta el aire. Las luces LED de las cámaras se encienden al mismo tiempo. Son 70 mil puntos blancos que se suman a otros miles de flashes de celulares. La fiesta, ahora sí, despega.

El primer tramo del recital es salsero. Bad Bunny viste un traje color crema y usa unos lentes oscuros como los que el sonero Héctor Lavoe —uno de sus héroes musicales— luce en la tapa del disco De ti depende. No hay rastros de reggaetón. Es más: “Callaíta” se reescribe en clave caribeña. El cantante deja espacios para solos de percusión y un cuatro puertorriqueño, un guiño directo a emblemáticas “descargas” del género.

“La única razón por la que estamos aquí es para que ustedes la pasen bien”, anuncia en su primer intercambio con el público. “Por un momento, aunque sea por una noche, olvidemos todo lo que pueda estar ocurriendo fuera de este estadio y tengamos una noche llena de alegría y felicidad”.

Entonces llega “Baile inolvidable”, uno de los puntos altos del show, donde un desengaño amoroso se vuelve himno festivo. La larga sección instrumental hace olvidar que se trata de un show para 70 mil personas.

Bad Bunny en Buenos Aires.
Bad Bunny en Buenos Aires.
Foto: AFP.

Cuando llega el turno del escenario secundario, “La casita” —esa escenografía que se vio en el Super Bowl y protagoniza miles de videos virales—, el clima cambia de inmediato. Vestido con una camiseta de la selección argentina, Bad Bunny se calza un micrófono de vincha y se lanza a una seguidilla de éxitos. Los músicos quedan de lado: ahora canta sobre pistas que le dispara un DJ y se mueve por los distintos puntos, incluido el techo, mientras en el pórtico varias mujeres y figuras como Tini, María Becerra y Nicki Nicole bailan a su lado.

A simple vista, la imagen parece contradictoria. Pero es sobre esa unión de raíces musicales —reggaetón, bomba y plena— que construye el relato de Debí tirar más fotos. Esos géneros son parte de la tradición musical de Puerto Rico. “Aquí nací yo y el reggaetón, pa’ que sepa’”, canta sobre el final de “Voy a llevarte pa PR”.

Bad Bunny en el Monumental de River.
Bad Bunny en el Monumental de River.
Foto: Difusión.

Y mientras le canta al perreo y a su costado más hedonista en canciones como “Bichiyal”, “Safaera”, “Veldá” y “Tití me preguntó”, el grito del público se vuelve eufórico. Las luces de las cámaras le dan todavía más potencia a las canciones. Así como el canto es al unísono, la intención de Bad Bunny es clara. “Este show se trata de la unión de Argentina con Puerto Rico y América Latina”.

El recital, que roza las 30 canciones repartidas en dos horas y media, llega a su punto máximo cuando el cantante regresa al escenario principal. Antes de cantar “Dtmf”, un recordatorio de lo importante que es celebrar el presente, pide al público que deje los celulares por un momento, que mire alrededor y guarde esa imagen en la memoria antes de entonar el estribillo con su máxima fuerza. Los abrazos se ven en todo el estadio.

Cuando se va, al final de “Eeo”, y se prenden las luces, las LEDs de las cámaras siguen parpadeando y empiezan a llenar las calles de Belgrano mientras la procesión se mueve lenta, extasiada. Quedan otras dos noches de baile inolvidable.

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