A 15 años de la segunda vez que Roxette se presentó a un público uruguayo, el dúo escandinavo vuelve a Montevideo para tocar en Antel Arena el 18 de abril. En aquel 2011 en el Velódromo, el dúo venía debilitado por el frágil estado de salud de la cantante Marie Fredriksson, por lo cual el compositor del repertorio de la banda, Per Gessle, tuvo que hacerse cargo de mucho más que lo que hacía habitualmente.
Hoy, Gessle no recuerda demasiado de aquella noche, o de la primera vez que tocó en Uruguay, en 1992 en el Estadio Centenario, cuando Roxette estaba en la cima de su popularidad pero sí sabe que se presentará ante un público sudamericano, uno que más allá de todas las particularidades que separan a la población de un país de otras, comparte ciertas características con otros: “Es un público ruidoso y entusiasta” dice con diplomacia el cantante, guitarrista y compositor de Roxette.
Al lado suyo, la nueva cantante de la banda, Lena Philipsson, asiente. Por ahora, ella parece autoimponerse un rol de bajo perfil, como para no quitarle nada de la atención a Gessle, el encargado de administrar el legado de esta agrupación, que nació a mediados de la década de 1980.
Sin embargo, su voz es cualquier cosa menos introvertida. Tal como Fredriksson, la nueva cantante —que tiene una larga y exitosa trayectoria solista en su país, y que siempre grabó música en sueco— es de esas vocalistas que nunca pasan desapercibidas, y será interesante volver a escuchar clásicos como “The Look”, “Dressed For Success”, “Listen To Your Heart”, y otros interpretados por esta potente cantante en el escenario del Antel Arena.
Aunque recién ahora forman parte de una misma agrupación, el vínculo de Gessle con la nueva cantante tiene historia. Gessle fue coautor de la canción con la que Philipsson se hizo famosa en Suecia, "Kärleken är evig", en 1986.
Y aunque en la conversación con El País el músico dice más de una vez que esta etapa de Roxette es para revisitar los grandes éxitos, él y ella ya grabaron una canción juntos, la rockera "Bad Blood":
Volver a empezar
Cuando Marie Fredriksson falleció en 2019 —por las secuelas que le dejó un tumor cerebral— Per Gessle se volvió a encontrar solo, un lugar en el cual nunca pareció estar muy cómodo.
Si bien tanto en Roxette como en su banda anterior —Gyllene Tider (Tiempos Dorados)— él era protagonista, el tiempo ha demostrado que Gessle alcanza su máximo potencial cuando forma parte de algo más grande que él, sea un dúo o un grupo.
Gessle comenzó su camino dentro de la música en sus años liceales, cuando empezó a componer canciones por su cuenta, en su habitación. A fines de los años 70 y principio de los 80, Gessle era un hijo del Estado de Bienestar sueco, un modelo de gestión política y social llevado adelante por el partido Socialdemócratas que alcanzó algunos de los más indicadores de equidad que se hayan registrado (y que el neoliberalismo luego se encargaría de hacer todo lo posible por desmantelar).
Pero como dice el personaje que interpreta a Gessle en la película Sommartider —una biopic sobre los primeros años de Gessle como músico—, él no se sentía del todo a gusto con esa equidad e igualdad. En Gessle había un impulso individual que lo empujaba a querer destacarse, exponerse y separarse de la masa. En alguna entrevista ha contado que cuando Gyllene Tider tuvo su primer hit, él se tiñó el pelo de rojo y salió a caminar por el centro de su ciudad, Halmstad, una localidad con aproximadamente 100.000 habitantes.
Acaparó todas las miradas en esa caminata por su comparativamente pequeña ciudad natal con ese color de pelo, y aunque a muchas personas de "pueblo chico" les puede resultar estresante tener ese grado de escrutinio, Gessle se la bancó bastante bien. Y eso que como él mismo dijo en la misma entrevista, siempre tuvo inseguridades respecto a su apariencia.
En esa época, empero, no tenía mucho tiempo de pensar en su apariencia. Él ya había grabado algún que otro tema antes de Gyllene Tider, pero nada que tuviera repercusión masiva. Pero una vez como cantante y compositor de esa banda, Gessle se encontró con el éxito inmediatamente. “Cuando el primer simple de nuestro primer disco llegó al primer puesto en la lista de ventas de Suecia, como banda habíamos tocado apenas seis veces en vivo”, contó Gessle en una charla en la radio sueca.
Y no se trató de un one hit wonder. Cuando fue el turno del segundo disco, el primer simple de ese trabajo también alcanzó el mismo lugar de privilegio en la lista de ventas, y Gyllene Tider se convirtió en una de las bandas más populares de Suecia de entrada.
Hoy, cuando todo se mide en cantidad de reproducciones en plataformas como Spotify o Youtube, y se llega a números altísimos como 1.000 millones de reproducciones en muchos casos, la venta de objetos como un disco de vinilo puede ser un indicador extraño de entender. Gyllene Tider llegó a vender cerca de cuatro millones de discos en dos períodos (porque el grupo tuvo una segunda etapa “nostálgica”, digamos). Eso, en una nación de aproximadamente nueve millones de habitantes, es un disparate de discos vendidos.
Fin de un ciclo
Pero un éxito tan rápido y tan fulgurante casi siempre redunda en una trayectoria corta. En 1984, Gyllene Tider sacó su cuarto y último disco (el primero había salido en 1980), y Gessle se halló en la situación de ser casi una marca registrada en la música pop sueca, pero sin banda. Sacó un disco solista, pero cuando antes vendía 100.000 ejemplares, ahora no llegaba ni a la mitad de eso. ¿Qué hacer? Buscar un socio, claro. En la banda anterior había tenido a Mats Persson, con quien componía todo el repertorio. Lo que encontró fue una socia, Marie Fredriksson, una cantante de voz expansiva y que venía en franco ascenso. “Cuando estábamos por formar Roxette, me enteré que hubo quienes le dijeron a Marie que no le convenía juntarse conmigo, porque ella venía en una trayectoria ascendente, mientras que venía en bajada”, dijo Gessle en la misma entrevista en la radio sueca.
En las privilegiadas cuerdas vocales de Fredriksson, Gessle encontró un notable vehículo para sus gemas pop. Aunque él nunca dejó de cantar en las canciones del dúo, Roxette es para muchos la fórmula “Voz de Marie Fredriksson + canciones de Per Gessle”.
Esa fórmula vendió aproximadamente 100 millones discos (otra vez: un disparate). Fredriksson ya no está, pero las canciones siguen ahí, para el deleite de nostálgicos y para que recién llegados intenten descifrar cómo esa fórmula llegó tan alto.