Un argentino rescató de forma insólita dos canciones de Eduardo Mateo que estuvieron perdidas por más de 50 años

Zelmar Garín creció escuchando música uruguaya y es fanático de Eduardo Mateo. Por azar, encontró un acetato perdido con dos canciones inéditas grabadas en los míticos estudios TNT de Buenos Aires.

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El músico y restaurador sonoro Zelmar Garín con el vinilo de canciones inéditas de Eduardo Mateo.
Foto: Gisela Peláez.

Dos canciones inéditas de Eduardo Mateo, grabadas entre 1969 y 1971 en los estudios TNT de Buenos Aires, acaban de salir a la luz más de medio siglo después de su creación. Una es una versión distinta de “Mejor me voy”, conocida por Diane Denoir y El Kinto, cantada esta vez por el propio Mateo, con leves ajustes en la letra. La otra, “Vieja”, es un tema completamente inédito que evoca la época dorada de El Kinto. Ambas están disponibles en plataformas bajo el título Mateo inédito 1969-1971 y también en un vinilo simple editado por el sello argentino Noseso Records, con autorización de la familia del músico y una foto poco conocida cedida por Jaime Roos.

Pero lo que sorprende no es solo el hallazgo, sino cómo ocurrió. El responsable es Zelmar Garín: músico, coleccionista, restaurador sonoro, creador de Noseso Records y conductor del podcast Vinilo y Sustancia. Vive en el barrio porteño de La Boca, trabaja en el Instituto Nacional de Musicología Carlos Vega y desde hace años se dedica a recuperar grabaciones olvidadas de la música rioplatense.

El punto de partida de esta historia fue su podcast. La quinta temporada, estrenada en 2022, estuvo dedicada a Carlos Bisso, líder de Conexión N°5, aquel grupo de los sesenta que versionaba éxitos del rock anglosajón y cuyo nombre aún aparece en las bateas de vinilo de Tristán Narvaja, a través de ensaladas de época como 12 conjuntos for Export, Los favoritos de la Luna y Sótano Beat.

Para producir los episodios, Garín digitalizó más de 500 cassettes, entrevistó a músicos e incluso rescató un disco inédito que Bisso grabó en 1973 y que incluía dos delicadas versiones de temas de Mateo: “Quién te viera” y “Mejor me voy”. El álbum, titulado Americano soy, finalmente se publicó y es una joya.

Durante la investigación para su podcast, Garín conoció al uruguayo Bernardo Bergeret, quien no solo había producido a Conexión N°5 sino que había creado los históricos Conciertos Beat, que a mediados de los sesenta tuvieron funciones en el Teatro Solís y contaron con la participación de Mateo y otras figuras de la época como Diane Denoir y Ruben Rada.

Siguieron en contacto y, tiempo después, cuando Bergeret se preparaba para mudarse a Málaga tras décadas viviendo en Argentina, Garín fue a despedirse. Antes de entrar al trabajo, fue en un Uber hasta su casa. En ese encuentro fugaz, con el living ya desarmado, Bergeret le hizo una pregunta clave: “¿Te gustan los simples?”. “Obvio”, respondió. “Acá tengo una cajita y no sé qué hacer. Capaz que la tiraba”, le comentó antes de guardársela en la mochila. Se limitó a decirle que ahí estaban algunas de sus producciones.

Cuando llegó a su trabajo, Garín se sumergió en la caja de vinilos, y algo le llamó la atención. Era un acetato con una etiqueta escrita a mano que apenas decía “Mateo” junto al logo de los estudios TNT.

Se quedó helado.

Aunque nació y vive en Argentina, Garín no recuerda su vida sin música uruguaya. Sus padres son uruguayos y creció entre discos de Rada, Maslíah y Lazaroff. Un día, con 11 años, su padre le dijo al pasar que tenía que escuchar a Mateo. El nombre le quedó fijado.

Ya melómano, consiguió el vinilo de La mosca, el último que grabó en vida, gracias a su abuela, que se lo regaló para aquel Día del Niño. Fue en el Palacio de la Música, y la cosecha se completó con Hace calor, de Osvaldo Fattoruso y Mariana Ingold. Ese día fue tan importante que Garín todavía guarda la factura. Más adelante llegaron Mateo solo bien se lame y Circa 1968, dos discos esenciales en su formación.

Eduardo Mateo
EL PAIS FOTOS

Por eso, al leer el nombre de Mateo en el acetato, no lo pudo creer. “Me puse renervioso”, dice. “Pero dije: ‘no, debe ser el otro Mateo, que era un cantante melódico feísimo que grababa para un sello llamado Parnaso. Todos los que juntamos discos nos ilusionamos cuando lo vemos, y después nos ensartamos”, cuenta, entre risas.

Aun así, algo en la textura del disco le pidió cuidado. “En aquella época, si te querías llevar tu copia de lo que habías grabado, en los estudios te cortaban un acetato”, cuenta Garín. “Así que es probable que esa fuera la única copia”. Le pasó un cepillo antiestático, evitó mojarlo y lo pinchó con precisión. Entonces apareció esa voz. La de Mateo. La reconoció enseguida. “Me quebré, se me cayeron las lágrimas”, dice ahora. “Ahí nomás lo limpié bien y lo digitalicé. Por suerte, en el trabajo tengo unos buenos fierros para eso”.

El acetato había llegado a las manos justas.

Las canciones eran “Mejor me voy” y “Vieja”. Ninguna figuraba en grabaciones conocidas de Mateo. Sorpresivamente, Bergeret le dijo que no tenía relación con la cinta del estudio TNT. Garín, consciente del valor del hallazgo, empezó a consultar con personas cercanas al universo de Mateo: Guilherme de Alencar Pinto —autor de Razones locas, su biografía definitiva—, el productor Carlos Píriz, el bajista Urbano Moraes y el baterista Reinaldo. Algunos dudaban. Otros no se reconocían. Unos decían que no era Mateo. Pero al escuchar la versión alternativa de “Mejor me voy”, cambiaban de opinión.

Esa versión apenas sobrepasa los dos minutos y tiene una estructura más pulida, como si un productor hubiera querido llevar a Mateo hacia una canción radiable. La voz, sin embargo, es inconfundible.

Vieja”, en cambio, remite al sonido de El Kinto y tiene el pulso rítmico que Mateo y Chichito Cabral bautizaron como toco, una clave rítmica esencial en su obra. Está dedicada a su madre Silvia y es un antecesor de “Un canto para mamá”, del álbum Mateo y Trasante (1976).

Finalmente, De Alencar Pinto confirmó que las grabaciones pertenecían al “período difuso” entre 1969 y 1971, cuando Mateo viajaba con frecuencia a Buenos Aires. El acetato, como soporte, es frágil: una película vinílica sobre una base de aluminio, sensible a la humedad y la oxidación. “Tienen los días contados”, resume Garín, quien es parte de los grupos Gualicho Turbio y Ácido Canario. Entonces, se apuró en preservarlo y decidió editarlo en su sello, convencido de que no podía quedar en un archivo.

Así nació el simple en vinilo que hoy se suma al catálogo cada vez más venerado de Mateo. Como homenaje, Garín incluyó la ingeniosa estampita de “San Mateo”, con un rezo basado en canciones como “Príncipe Azul”, “El Tungue Lé” y “Lo dedo’ negro”. Es su agradecimiento a todo lo que rodeó a este rescate: “Es que toda esta historia me pareció un regalo de Dios... si es que existe”.

El detrás de la foto cedida por Jaime Roos

Además del simple en vinilo y de la estampita de “San Mateo”, Mateo inédito 1969-1971 tiene otra particularidad: una tapa ilustrada con una foto cedida por Jaime Roos. Según cuenta Garín, el músico la había publicado en su Facebook más de una década atrás, y le quedó grabada. Por eso, cuando empezó a trabajar en el lanzamiento, se contactó con Roos para pedirle la imagen, y él accedió de inmediato. La había conseguido en los años noventa, mientras trabajaba en las recopilaciones Mateo clásico, editadas por el sello Sondor, y no dudó en compartirla. “Es un grande total”, agradece el argentino.

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