Roxette en el Antel Arena: una batería de hits y un emotivo gesto de Lena Philipsson hacia Marie Fredriksson

Con un Antel Arena colmado, Per Gessle y Lena Philipsson revivieron los hits de Roxette en una noche que tuvo nostalgia, el recuerdo a Marie Fredriksson y los acordes de un clásico de La Vela Puerca.

Roxette en el Antel Arena.
Roxette en el Antel Arena.
Foto: Ignacio Sánchez

Cuando ya había pasado una hora del concierto de Roxette en el Antel Arena, Lena Philipsson le pidió al público que cantara lo más fuerte posible. “Es la canción favorita de Marie”, dijo generando una ovación. “Así tal vez pueda escucharnos allá arriba”. Los primeros acordes de “It Must Have Been Love” hicieron el resto: miles de voces en Montevideo sosteniendo una ausencia imposible de llenar.

Predominaban las parejas y los grupos de amigos: algunos filmaban con el celular, otros cantaban y acompañaban con las manos en alto. Lo que pasó en el Antel Arena no fue solo una batería de hits, sino un recuerdo compartido.

Porque de eso se trató la noche del sábado: de ver qué queda de Roxette sin Marie Fredriksson, la voz que definió al dúo durante décadas. Y la respuesta empezó a aparecer rápido. Sin mediar palabra, Per Gessle y su banda salieron a escena pasadas las 21.15 y encadenaron clásicos: “The Big L”, “Sleeping in My Car” y “Dressed for Success”, como para dejar en claro desde el primer minuto que la nostalgia no iba a ser excusa para bajar la intensidad. Para el tercer tema, Philipsson ya tenía a todos cantando con ella, y cualquier duda inicial se había diluido.

Roxette en el Antel Arena.
Roxette en el Antel Arena.
Foto: Ignacio Sánchez

No era un dato menor. La gira, anunciada como un recorrido por grandes éxitos, tenía un desafío evidente: sostener canciones que el público siente propias, pero que también tienen una voz en el imaginario colectivo. Philipsson, quien dijo que era su primera vez en Uruguay, no intentó imitar; jugó a otra cosa. Más frontal, más rockera por momentos, terminó encontrando su lugar sin esquivar el peso de Fredriksson.

"Es maravilloso estar aquí y gracias por venir", dijo Gessle en una pausa. También recordó que la última visita fue en 2011. "La última visita fue hace 15 años, y reconozco a la mayoría de ustedes", generando risas y aplausos. "Hoy vamos a tocar muchas de las canciones de Roxette. Si saben las letras, canten. Si no saben las letras, cantan igual", agregó antes de retomar el show.

Roxette en el Antel Arena.
Roxette en el Antel Arena.
Foto: Ignacio Sánchez.

La banda compuesta de seis músicos (entre ellos Jonas Isacsson en guitarra y Clarence Öfverman en teclados) funcionó como una maquinaria bien aceitada, con arreglos fieles a las versiones originales y el suficiente aire como para que la rockera voz de Philipsson se luzca. No hubo grandes sorpresas en el setlist, pero tampoco hacían falta: el repertorio de Roxette sigue siendo una colección de hits que resisten el paso del tiempo y que, en vivo, parecen encontrar una nueva dimensión al ser coreados por miles de personas.

La conexión con Uruguay ayudó. Había público que venía desde aquella primera presentación, de 1992 en el Estadio Centenario, cuando el dúo estaba en el podio del pop gracias al exitoso Joyride. Y también había público del show que se sintió como una despedida, en 2011 en el Velódromo, dos años antes de la muerte de Fredriksson. Esa memoria colectiva se activó desde que se apagaron las luces del Antel Arena, y sostuvo el clima durante todo el show.

Hubo momentos para bajar la intensidad, como la versión acústica de “Church of Your Heart” y “Listen to your Heart”- Y otros para volver a poner al recinto de pie, como “How Do You Do!” y “The Look”. Y cuando el show estaba por cerrarse, en medio de las presentaciones de los músicos, sonaron los primeros acordes de “El viejo” de La Vela Puerca, un guiño local que arrancó aplausos inmediatos.

En algún punto, la pregunta que sobrevoló la noche es vieja: si a un barco le cambian todas sus piezas, ¿sigue siendo el mismo? La paradoja del barco de Teseo aparece casi inevitable: Roxette ya no tiene a su voz original, pero sus canciones siguen ahí, intactas, y funcionando como un puente entre lo que fue y lo que todavía puede ser. Y en ese cruce, Philipsson encontró un lugar que no intenta reemplazar, sino ser la continuadora de un legado.

Roxette en el Antel Arena.
Roxette en el Antel Arena.
Foto: Ignacio Sánchez.

Pasadas las 23.00, luego de 19 hits, quedaron solo Gessle y Philipsson en el escenario, saludando a un Antel Arena que no dejaba de aplaudir. Por un rato, la respuesta pareció clara: el nombre sigue pesando, las canciones siguen vivas y, entre miles de personas cantando, la sensación fue que Marie Fredriksson también estuvo ahí.

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