“Lo más cerca que tengo de Robe son ustedes”: Milongas Extremas y cómo cantarle al poeta que los perforó

El 29 y 30 de mayo, Milongas Extremas llega a Sala del Museo para rendirle homenaje a Robe Iniesta, una figura clave en su historia. Antes, Paio Piñeyro y Santiago Martínez repasan su historia.

Milongas
Milongas Extremas. De izquierda a derecha: Francisco Stareczek, Santiago Martínez, Camilo "Piquela" Gramoso, Matías Rodríguez y Paio Piñeyro.
Foto: Marcos Mezzottoni

El 10 de diciembre, en algún rincón de Plasencia, una ciudad de 40 mil habitantes ubicada a pocos kilómetros de la frontera con Portugal, murió Robe. En Montevideo todavía era 9 cuando la noticia llegó sin anticipos, sin preámbulos. Roberto Iniesta, el cantor, el artista, el poeta, había muerto. Y antes de pensar en sus amigos, su familia, sus afectos, un montón de uruguayos pensó en Milongas Extremas.

En este proceso de duelo, la banda ocupa un lugar extraño. Nacida hace 18 años como un cuarteto de guitarras que versionaba por milonga el repertorio de Extremoduro, y luego convertida en un quinteto como un ecosistema en el que conviven aquel repertorio con las composiciones propias y a veces los temas de Alfredo Zitarrosa, recibió pésames casi como si tuviera una relación filial. El mensaje que más recibieron decía, más o menos, esto: “Lo más cerca que tengo de Robe son ustedes”. Ese es el tipo de cosas que provoca la música.

Por eso, Milongas Extremas tocará el 29 y 30 de mayo en Sala del Museo. Bajo el título Siempre, siempre, siempre, que dibujaron como bordado en hilo negro en un afiche que protagoniza un corazón, la banda honrará su legado a través de las canciones. Esas que ellos, sí, pero sobre todo su gente, quiere volver a cantar. Quedan entradas en Redtickets desde $ 860.

“En lo personal es un artista que me perforó, hay un antes y un después de conocerlo y habitarlo”, resume Paio Piñeyro. “Y con todo lo que pasó, algo teníamos que hacer. Y no van a ser solo temas de Robe, porque para nosotros él fue una pieza fundamental para que empezáramos a hacer nuestros temas, porque él nos insistió para que hagamos eso. Entonces la mejor manera de homenajearlo también es esta”.

La cronología es algo así.

En 2012 lanzaron su disco debut. Era homónimo y solo de versiones extremoduras. Se lo enviaron a la banda española y la respuesta fue un mail: “Esto mola mucho”.

Ese mismo año, Extremoduro vino al Teatro de Verano. Allí se conocieron personalmente. Milongas fue con regalos, incluyendo su propio disco; Robe lo recibió y fue contundente: “Estos temas ya los conozco, quiero los de ustedes”.

Ese día habría otro punto de quiebre. “Fue un show hermoso, una aplanadora”, dice Paio, “y ahí dije: ah, ya está. Ya están las Milongas Extremas. Gracias por lo que hicimos. Vamos a hacer otra cosa. Y creo que esas emociones y esos sentimientos fueron clave para empezar a hacer nuestros temas. Y para crecer, también. Porque si hacés temas de otro, o tenés un techo o tenés fecha de vencimiento”.

En esa visita consolidaron su amistad con el guitarrista Iñaki Antón. Fueron a un bar, compartieron un asado “demencial” en Solymar, le tocaron —a pedido— todo el disco La ley innata en clave Milongas.

Dos años más tarde, Extremoduro iba a volver a Uruguay e iba a romper su regla de nunca aceptar teloneros para convidarlos especialmente a abrir su show. Con una sola condición: que no hicieran ningún tema de Extremoduro.

Así, el primer toque de Milongas Extremas solo hecho de canciones propias fue para la banda que los hizo nacer.

“Las Milongas tienen una historia hermosa, que fue sin querer, y eso es lo más lindo. Toda esa historia, todo lo que pasó con Robe, amerita que hagamos algo”, dice Paio sobre esta doble fecha de la Sala del Museo.

Es curioso, pero aunque nació como un proyecto que traía a lo criollo a una de las bandas más relevantes del rock español, Milongas Extremas fue conociendo en profundidad a Extremoduro a medida que fue haciendo camino y traduciendo toda esa obra a un lenguaje rioplatense y personal. No es un tributo hecho por fanáticos de primera hora sino, más bien, un ejercicio llevado adelante por personas que alguna vez fueron atravesadas por la poesía de Robe, un distinto.

La primera vez que escuchó Extremoduro, Santiago Martínez viajaba en un ómnibus de Cita desde la ciudad de Libertad. “Sonaba todo raro”, dice. “Eran gallegos, y eran difíciles los gallegos. Yo no podía cruzar la barrera ni con Evaristo, ni con esto, ni con La Polla. Y al poco tiempo antes de entrar a Milongas escuché Grandes éxitos y fracasos, el recopilatorio en el que habían regrabado todo, y con esa calidad de sonido pasé la barrera del lenguaje y entré a Extremoduro como si hubiesen sido Los Redondos: pum”.

Cuando a Matías Rodríguez, que venía de tocar tango, lo convocaron para sumarse a las Milongas —un proyecto que hoy completan Francisco Stareczek y el bajista Camilo “Piquela” Gramoso—, Santiago pensó: “Voy para ahí. Esta es la mejor banda del mundo”.

Para él, volver al repertorio de Robe y hacer estos conciertos tiene una cuestión de fondo: “Recordar lo importante que es el buen uso de las palabras, y cómo el tipo armaba metáforas de amor con tanta mugre por momentos. Se atrevía a componer cosas que cuando vos las tenías que cantar decías: pah, ¿cómo metió todo esto acá?”. Era un cantante “espeluznante”, dice Martínez, pero lo central era otra cosa: la belleza del mensaje bien hecho, a pesar de que la rotura se filtrara por todos lados.

Estos conciertos serán un desvío obligado en el plan de Milongas Extremas, que tenía —y tiene— otros proyectos por delante. El principal: un demorado disco de canciones propias (el último, El mismo cielo, es de 2020). Llevan un año de proceso creativo y es la urgencia central en un calendario que, además de estas fechas en Sala del Museo (con invitados y repertorio especial para cada día), incluye su vuelta a Buenos Aires a “regar la plantita”, según Santiago Martínez, y una importante celebración del cancionero de Alfredo Zitarrosa que ocurrirá en Montevideo en octubre. En esos limbos, entre el rockero y el folclórico, viven las Milongas, que ahora vuelven a sacar el corazón y a cantar —con los que sienten todo como lo sienten ellos— en carne viva.

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Milongas Extremas en el Auditorio del Sodre.
Foto: Difusión

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