Hay pocos artistas uruguayos con una producción tan constante y diversa como la de Leo Maslíah. Mientras alterna su actividad entre Montevideo y Buenos Aires, el músico, escritor y compositor continúa ampliando una obra que desde hace más de cuatro décadas desafía cualquier intento de clasificación. Canciones, piezas instrumentales, libros, espectáculos teatrales y proyectos junto a otros músicos forman parte de una trayectoria que sigue expandiéndose por múltiples caminos.
Su actividad de 2026 confirma ese impulso creativo. En febrero editó Microtonal, un disco gestado durante más de una década en el que explora la microtonalidad. Más tarde publicó una nueva versión de “Zanguango”, una de las canciones más populares de su repertorio, y recuperó la grabación original de “Corriente alterna”, registrada en 1987. Hoy, además, publica en plataformas “Una sombra en el espejo”, una composición escrita a fines de los años noventa para una película que reencontró por azar entre viejos borradores.
Ese recorrido también se extiende a los escenarios, sobre todo en Buenos Aires, donde en los últimos meses presentó La clase de piano junto a Lorena Rizzo —espectáculo del que surgió la canción “La cumbia del arrepentido”—, ofreció varios conciertos en formato de piano solo y días atrás actuó con La Orquestita del Oeste, integrada por 30 músicos.
Mañana volverá a presentarse en Montevideo. Lo hará en Sociedad Urbana Villa Dolores junto a la cantante María Betancur y el percusionista Tato Bolognini, dos músicos con quienes mantiene una sólida relación artística. Con Betancur compartió, entre otros proyectos, el disco en vivo Leo Maslíah & María Betancur en el CCK (2023). Con Bolognini, en tanto, grabó un álbum en trío junto al bajista Marcos Messina.
El concierto reunirá distintas etapas de ese recorrido compartido. “Vamos a hacer algo de todos esos repertorios; va a estar lo instrumental y también lo cancionístico, tanto en la voz de María como también cantando yo”, adelanta Maslíah a El País, por correo electrónico.
El formato también le permite aprovechar la versatilidad de Bolognini. Su set, explica, “combina algún cuerpo de batería con otras percusiones, inclusive electrónicas”, una mezcla que “le permite acomodarse a distintos géneros”.
El concierto contará además con la participación especial del cantautor Fernando Cortizo, con quien Maslíah empezó a compartir escenarios recientemente. Lo descubrió “en la década pasada asistiendo a un recital que él compartía con otra gente” y desde entonces siguió de cerca su obra. “Su música me encanta, tiene canciones fabulosas y además su virtuosismo guitarrístico es tremendo”, afirma. Con el tiempo, “surgió la idea de hacer algo juntos y ahí vamos agrandando el repertorio conjunto de a poco”.
Las entradas para el concierto están a la venta en RedTickets, y los precios van de 600 a 800 pesos.
Antes de la presentación, brinda más detalles sobre el disco Microtonal y “Una sombra en el espejo”.
—En febrero publicaste Microtonal, un disco en el que trabajaste durante años. ¿Cómo nació ese proyecto y qué fue lo que más te interesó explorar musicalmente?
—Ese disco lo empecé a grabar hace como 12 años. Fui trabajando en eso de a poco y esporádicamente en momentos en que podía apartarme de lo más urgente y finalmente se pudo terminar a fines del año pasado. Lo principal que hay en ese trabajo me parece que es conjugar el trabajo microtonal (o sea, el uso voluntario e independiente de intervalos menores que el semitono) con una rítmica más cercana a la música popular que la que suele tener.
—¿A qué te referís con un uso “independiente” de esos intervalos?
—Al manejo de ese tipo de intervalos a conciencia en cualquier lugar, ya que en un montón de géneros (por ejemplo el blues, el soul y mundos conexos), los intervalos menores que el semitono ocurren todo el tiempo pero solo en ciertos lugares de las escalas o como eventuales adornos en otros lugares, en los melismas vocales o frases guitarrísticas. También son omnipresentes en los modos de sistemas musicales de distintas partes de Asia y África, pero desde el punto de vista de esas músicas lo microtonal podría ser lo que es normal para el oído acostumbrado al temperamento igual que se usa en Occidente (sin dejar de problematizar la cuestión de si nosotros somos occidentales o no, como bien cuestionó Arturo Ardao), ya que usamos notas que para ellos están en medio de dos notas sucesivas de sus escalas.
—Acabás de publicar “Una sombra en el espejo”. En Instagram contaste que la rescataste “del olvido” porque pensabas que podía interesarle a quienes disfrutan canciones tuyas como “Dónde estabas”. ¿Cómo nació esa canción y qué hizo que ahora decidieras publicarla?
—Creo que la hice para Qué absurdo es haber crecido pero no estoy seguro, sé que es de la época en que estaba haciendo la música para esa película, año 1999. Buscando otra cosa entre borradores la encontré y me dio ganas de sacarla a flote. En realidad no se parece a “Dónde estabas” (que es 10 años anterior, o más), pero hay cierto parentesco en la forma de cantarla y en la temática de la letra. Esta va más por el lado del pop melódico internacional, aunque vaya a tener eco solo en participantes tardíos y ebrios de un asado en Rodó (Soriano).
Dos libros para ponerse al día con su obra escrita
A fines del año pasado, Maslíah publicó Moderador y otros desbordes. Editado por Criatura, reúne 64 relatos que transitan entre la experimentación narrativa, la reflexión conceptual y el juego con el lenguaje. Hay correos de lectores de un medio ficticio, resúmenes de óperas, piezas teatrales breves y relatos donde lo fantástico se entrelaza con lo cotidiano. Como en buena parte de su obra, el humor, los desvíos formales y la curiosidad por las posibilidades del lenguaje funcionan como hilo conductor.
La publicación llegó tiempo después de la reedición de El oráculo, que reúne los textos que Maslíah escribió para la columna Humor o No del semanario Brecha e incluye ilustraciones de Sanopi. “La generosidad y amplitud de los que dirigían el semanario y esa sección en aquellas épocas me permitían experimentar y arrancar tanto para el lado del cuento como el de la poesía o cualquier género ad hoc”, comentó el autor a El País en 2024. “No había problema si un día estaba hablando de la actualidad social o política y otro día me metía en la reflexión idiomática, filosófica o en la fantasía más delirante”.
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