"Gamurgatrónica", el último disco de Ruben Rada: el álbum de murga que sentía que le debía a Uruguay

El último disco publicado por Ruben Rada fue "Gamurgatrónica", un trabajo de ocho canciones que editó en octubre y con el que volvió a una de las músicas que lo acompañaban desde sus comienzos: la murga.

Ruben Rada.
Ruben Rada.
Foto: Estefanía Leal.

Ruben Rada falleció este miércoles a los 83 años, luego de permanecer cerca de un mes internado por una neumonía bilateral. Entre la enorme obra que dejó el músico uruguayo, Gamurgatrónica, publicado en octubre del año pasado, ocupa ahora un lugar particular: fue el último disco que llegó a editar y significó, además, un regreso a una de sus primeras escuelas musicales, la murga.

El álbum, que este año fue nominado a los Premios Gardel como Mejor Álbum Canción de Autor, entrelazó composiciones nuevas con versiones de canciones de su repertorio y tuvo una particularidad: en buena parte del material, Rada se encargó de grabar él mismo todas las voces del coro.

“Le debía un disco de murga al Uruguay, a mis amigos y a los músicos”, había explicado a El País en enero.

Gamurgatrónica llegó después de un año especialmente vinculado al género. En abril, Rada había estrenado Terapia de murga, el espectáculo que ideó junto a Agarrate Catalina y que en un año giró por Argentina y Uruguay, y agotó funciones en el Auditorio Nacional del Sodre y el Teatro de Verano.

Gamurgatrónica completó ese recorrido murguero con un disco concebido como si tuviera los dos lados de un vinilo. La primera mitad está formada por cuatro canciones inéditas, mientras que la segunda recupera cuatro composiciones de espíritu murguero que ya habían aparecido en distintos momentos de su discografía: “Mamita”, “El éxito”, “El Uruguay es una taza de oro” y “Terapia de murga”.

Una de las particularidades está en el trabajo vocal. En tres de las cuatro canciones nuevas, Rada grabó personalmente todas las voces de la murga, una tarea que estaba lejos de resultarle nueva y que lo conectaba directamente con sus comienzos en La Nueva Milonga, a finales de los años cincuenta.

Fue allí donde aprendió, de manera intuitiva, a trabajar con las distintas voces de un conjunto. El encargado de los arreglos era Tito Pastrana y Rada descubrió que podía memorizar con facilidad cada una de las melodías que este enseñaba durante los ensayos en el Club Aldea.

“El Tito Pastrana se iba, y yo conocía todas las melodías que él mostraba a los músicos; me quedaban grabadas más que a quienes les tocaba”, recordó en octubre en diálogo con El País. “Cuando el Tito se iba, yo le pasaba las voces a los muchachos. Cuando volvía el Tito, la murga estaba cantando bárbaro. Entonces me decía: ‘Zapatito, me voy a ir de nuevo’”, contó con una carcajada.

Más de seis décadas después utilizó el mismo método para Gamurgatrónica. “Murguero amor”, la canción que abre el disco, fue uno de los casos más extremos: grabó todas las voces en menos de una tarde. “La gente no lo puede creer; en tres horas la liquidamos”, contó en enero a El País, mientras escuchaba la canción en el living de su casa y cantaba encima las diferentes partes que había registrado.

Otra de las canciones centrales del álbum es “Canción, canción”, un homenaje a La Nueva Milonga en el que, esta vez, Rada dejó los coros en manos del conjunto. El tema también funciona como ejemplo de la mezcla musical que atraviesa el disco: comienza desde el candombe, incorpora un riff de guitarra que remite a su etapa con Tótem y luego suma arreglos de instrumentos clásicos.

Ruben Rada.
Ruben Rada.
Foto: Mateo Vázquez.

“Les puse instrumentos clásicos, como el violín y el corno, para mostrarle a la gente que todas las músicas pueden ser embellecidas por instrumentos clásicos”, explicó.

De esa combinación también surgió el título Gamurgatrónica, un nombre acorde a la costumbre de Rada de cruzar géneros y buscar nuevos sonidos incluso cuando trabajaba sobre músicas que conocía desde hacía décadas.

El álbum terminó reuniendo dos momentos muy distantes de su carrera. Por un lado, recuperó el aprendizaje de aquel adolescente que ayudaba a pasar las voces de La Nueva Milonga en el Club Aldea. Por otro, mostró al Rada de 82 años todavía dispuesto a entrar al estudio, multiplicar su voz y encontrar una manera diferente de volver a la murga.

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