"Los planetas se alinearon”, dice, todavía con asombro, Alejandro Carbajal. Habla de los homenajes que rodean la figura de su padre, José Carbajal “El Sabalero”, y que hoy ordenan, con justicia, el legado de uno de los autores fundamentales del cancionero popular uruguayo.
El año pasado se editó La historia de mis canciones, un vinilo doble que registra el histórico concierto que el autor de “Chiquillada” y “A mi gente” ofreció en 2010 en el Teatro Solís. Aquella noche desentrañó el origen de sus clásicos en un espectáculo que terminaría siendo testamento musical. Moriría seis meses después.
El otro homenaje ocurre ahora, en pleno Carnaval: la parodia que presenta Caballeros, donde Aldo Martínez revive cada noche su figura en los tablados montevideanos.
Alejandro, que lleva media vida en Holanda, cuenta que el año pasado recibió una llamada inesperada. “Nos pidieron permiso a la familia y nos explicaron que iba a haber un trato muy respetuoso del personaje”, asegura. “Nunca tuve reparos, porque sé el amor a mi viejo”.
Músico también, y con años de carrera solista, volvió a Montevideo a fines de año y se acercó a un ensayo del conjunto. Había pasado tiempo desde aquella llamada y, dice, casi se había olvidado del tema. “No le di la dimensión que tenía”, admite. “Pero cuando fui a los ensayos me di cuenta de que estaba pasando algo”.
La confirmación llegó en la primera rueda, en el Teatro de Verano. “Era como si mi padre estuviera ahí”, asegura. “La forma en que Aldo canta, la caracterización y hasta la manera en que se encorvaba al agarrar la guitarra... ¡era como si estuviera vivo! Además, el elenco es increíble: los cantantes, el coro; realmente me despeinaron”.
Pero el espectáculo fue mucho más que un homenaje. Para Alejandro también fue una forma de volver sobre su propia historia. “Hablaban de mi familia, de partes de mi vida y de los lugares donde me crié”, dice. “Obviamente, te toca o no te toca; no hay otra”.
Esa misma pulsión es la que lo lleva ahora a subirse al escenario. Este jueves, en la Sala Zitarrosa, presentará Carbajal canta Carbajal, un tributo en el que interpretará clásicos como “Chiquillada”, “A mi gente” y “Pa’l abrojal”, acompañado por Jorge Nasser, Julio Cobelli, Catherine Vergnes y Víctor Amaral. Entradas en Tickantel, de 500 a 700 pesos.
El espectáculo tendrá una energía especial: Alejandro estará rodeado por la banda que acompañó durante años a su padre, la misma que participó en aquel último concierto del Solís en 2010. Incluso el sonidista Daniel Blanco, responsable de grabar varios discos de El Sabalero, estará en los controles. “Estamos en familia”, asegura. “El público va a ir buscando algo que le toque el corazón, y nosotros estamos muy comprometidos con eso”.
En ese sentido, Alejandro subraya la responsabilidad que implica volver sobre esas canciones. No se trata solo de interpretarlas, sino de habitarlas. Durante el espectáculo evocará parte de su propia historia, y lo deja claro cuando se detiene en “Chiquillada”, la canción emblema de su padre: “Yo pateé las mismas piedritas, caminé esas veredas, jugué en esos terrenos baldíos y fui a la misma playa. Hasta viví muchos años con sus propios padres, o sea mis abuelos. Es bastante fuerte; a veces, cuesta”.
Ejemplos le sobran. El repertorio incluye “Canción para pequeña”, que El Sabalero le escribió a su madre apenas se casaron; “Cachimba”, evocación del lugar donde tomaba agua junto a su padre durante los paseos por la Playa de los Piamonteses; y “A mi gente”, donde cantará sobre personajes que formaron parte de su infancia, como Chirimino, que vivió un tiempo en su casa.
Tal vez la más significativa sea “La sencillita”, donde El Sabalero nombra al propio Alejandro y a su hermana Susana. “¿Cómo voy a hacer para nombrarme a mí mismo?”, dice con una carcajada.
El espectáculo también incluirá canciones de su autoría y algunos adelantos de Barro y cielo, el disco que lanzará en marzo. Pero esta vez todo vuelve a esas canciones que lo nombran y lo devuelven a casa.
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