Al igual que hace más de 20 años, cuando era aquel joven de rizos dorados con un sueño en el reality Operación Triunfo, David Bisbal sacó a relucir su talento como intérprete. Ayer, en el Antel Arena, minutos después de las 21.00, salió al escenario vestido de traje y rompió el hielo con “Vivir así es morir de amor”, una canción original de su compatriota Camilo Sesto.
Durante dos horas, continuó con temas de Jeanette, Julio Iglesias y otros artistas, intercalados con varias canciones del amplio repertorio que construyó a lo largo de su carrera. La gira Eternos —definida por él mismo como un capricho— está acompañada por un álbum homónimo, que incluye diez canciones icónicas del pop romántico en español de los años 70 y 80.
El proyecto supone también una vuelta a canciones que acompañan a Bisbal desde los comienzos de su carrera. “Vivir así es morir de amor”, por ejemplo, forma parte de su historia desde el casting del reality español. Con Eternos, el cantante recupera ese vínculo como un intérprete consolidado que rinde homenaje a las voces y composiciones que marcaron a distintas generaciones y no como el joven que buscaba abrirse camino en la música.
Las columnas corintias y los frontones griegos en la pantalla lo dejaron claro: los clásicos resisten el paso del tiempo, al igual que su voz, que le permite darse estos gustos y que no muestra señales de haberse oxidado. Como bien le dijo al público en un momento, varias de sus canciones también pasaron a formar parte de esa categoría; no faltaron “Herederos” ni “Hasta el final”.
La calidad del sonido se vio acompañada por el desempeño de su banda, con grandes solos de guitarra de Sergio Gallardo, reconocido guitarrista de flamenco que ha colaborado con el músico en varias ocasiones.
El talento de Bisbal no se limita a la capacidad de hacer propias canciones ajenas y cantar las suyas con la misma potencia que el primer día.
Con la elegancia de un crooner, el andaluz recorrió todo el escenario para estar lo más cerca posible de todos los sectores del Antel Arena. Habló constantemente con el público, se dirigió a algunos como “señor” y “señora” e hizo alusión a la primavera montevideana, que por ahora brilla por su ausencia. Entre varias lluvias de confeti, cambió su blazer negro por uno blanco y, finalmente, por una camisa negra con la mitad de los botones desabrochados.
Después de interpretar el melódico “El ruido”, anunció que era tiempo de “rumba” y dio paso a un bloque compuesto por algunas de sus colaboraciones más populares: “Si tú la quieres”, grabada junto a Aitana; “Perdón”, junto a Greeicy; y “A partir de hoy”, con Sebastián Yatra. El cambio de registro le permitió dejar atrás, por un momento, el tono romántico de las baladas para entregarse a un repertorio más rítmico. El espectáculo encontró un equilibrio entre la nostalgia de los clásicos y la faceta más festiva de Bisbal, que hizo de su energía sobre el escenario uno de los hilos conductores de la noche, con movimientos de caderas y giros que fueron celebrados por la audiencia como piruetas olímpicas.
“Abrázame muy fuerte”, de Juan Gabriel; “El amar y el querer”, de José José; “Frente a frente”, de Jeanette; “Quijote”, de Julio Iglesias, y “Te quiero”, de Nino Bravo, fueron apareciendo a lo largo del espectáculo. Tanto en las canciones propias como en las ajenas, Bisbal señalaba al público con el micrófono para que lo acompañara con sus coros; algunos más satisfactorios que otros. En más de un caso, las voces del público brillaron por su ausencia.
Sin embargo, el cantante reconoció la fidelidad de sus clubes de fans. En primera fila, una joven mostró con orgullo el “D.B.” tatuado en su muñeca. Distribuidos en distintos sectores del recinto, los grupos levantaron carteles y desplegaron banderas de Uruguay, España y Almería, lugar natal de Bisbal. Durante la última parte del show, el artista se mantuvo con las banderas sobre los hombros mientras interpretaba las explosivas “Lloraré las penas” y “Oye el boom”.
Como broche de oro, anunció en pantalla que volverá a Montevideo. Será el 3 de setiembre de 2027, en el mismo lugar y como parte de la misma gira. Las entradas están a la venta desde las 00.00 a través de Tickantel y van de los $ 2.800 a los $ 8.500.
Aunque varios espectadores dieron por terminado el espectáculo y enfilaron hacia la salida, todavía quedaba una vuelta más con un bloque de éxitos. “Esclavo”, “Bulería” y “Ave María”, que no podían faltar, fueron las elegidas para cerrar la noche “eterna” que David Bisbal ofreció en el Antel Arena.
El andaluz pertenece a esa generación de cantantes melódicos de los años 90 y 2000 cuyas canciones calaron hondo en el público hispanohablante y mantienen su vigencia hasta hoy. Lo curioso es que, al igual que su repertorio, Bisbal parece resistirse al paso del tiempo: conserva la potencia vocal, la energía y el carisma que lo convirtieron en una figura popular, como si aquellos más de 20 años desde Operación Triunfo no hubieran hecho más que consolidar su lugar en la música en español.
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