En los recuerdos de Goyo Degano, una visita a Uruguay se mezcla con otra: las noches a sala llena en la Sala del Museo, los conciertos en Medio y Medio y aquella vez que terminó cantando “¿Quién se ha tomado todo el vino?” con la Mona Jiménez en el escenario del Cosquín Rock Uruguay 2024. Ahí también estaban Ruben Rada, Juanse, José Palazzo y Justo, de Silvestre y la Naranja. “Se me vienen momentos de todas nuestras giras”, comenta a El País. Desde el debut de Bandalos Chinos en Montevideo, en 2019, las anécdotas se acumulan.
Este sábado, el sexteto argentino volverá a la Sala del Museo para presentar Vándalos, su nuevo disco. Las últimas entradas se venden en RedTickets y cuestan 1.780 pesos. Allí, en 2022, estrenaron “La final”, una de las joyas de El Big Blue; ahora regresan con una consigna clara: “Venimos en una cruzada por salir de lo mecánico”.
Esa búsqueda se juega cada noche: cambian el orden del repertorio, recuperan canciones y renuevan arreglos para evitar la rutina. El impulso nació durante la grabación de Vándalos y se extendió del sonido a la puesta en escena. Mientras llevan esa transformación de gira, Degano adelanta que ya trabajan en su próximo disco.
Después de celebrar sus 15 años, buscaron salir de la fórmula que había dado forma a BACH, Paranoia Pop y El Big Blue, grabados con Adán Jodorowsky en Sonic Ranch. COCO, su estudio en Buenos Aires, les permitió trabajar durante meses sin las restricciones de tiempo de sus anteriores grabaciones. También convocaron a Fermín Ugarte, quien terminó acompañándolos de gira.
Con Vándalos incorporado al repertorio, la banda ya piensa en su siguiente paso. Sobre eso va este diálogo con El País.
—La última vez que hablamos, me comentaste que Vándalos nació de la necesidad de volver a jugar en el estudio. ¿Cómo se trasladó ese ejercicio al vivo?
—Activó una renovación creativa que necesitábamos. Estábamos un poco estancados y con Vándalos nos renovamos. Sentimos que también había que adaptar las canciones anteriores. Eso nos llevó a abrir casos que parecían cerrados. ¿Por qué vas a volver a arreglar “Vámonos de viaje”? “Equipo que gana no se toca”, o el refrán que quieras (se ríe). Pero redescubrimos canciones que habían quedado afuera del repertorio.
—Como “Veccar” o “Nunca estuve acá”, que adquirieron la sonoridad de Vándalos...
—Sí, fue un laburo muy interesante. Nos divertimos con temas que tocamos desde hace ocho años al cambiarles una parte instrumental o engancharlos con otra canción. Esa renovación se derramó en la estética. Por ahí se trata de sacar la rimbombancia de las puestas y volver a algo más clásico: las luces y la banda tocando. Es una vuelta a las bases.
—En plena gira comenzaron a trabajar en otro disco. ¿En qué etapa se encuentran?
—Estamos recontra de gira desde agosto de 2025, pero en cada ratito libre que tenemos en Buenos Aires nos metemos en el estudio. Esta semana avanzamos en demos para un próximo álbum. Hacemos una gira con un show que nos motiva y, cuando volvemos, seguimos demeando. Es un golazo. Por ahora es un proceso nuestro. La idea es tener una buena cantidad de canciones y después ver cómo avanzamos con la producción. Todavía está muy verde.
—¿Sentís que continúa el camino de Vándalos o está apareciendo otra cosa?
—Es difícil definir qué se está gestando porque habrá ideas que quedarán en el camino. Percibo un proceso muy ecléctico: estamos pasando por todas las épocas de Bandalos Chinos, como si hubiera una amistad con cada momento de la banda. Ya salen canciones emparentadas con BACH; otras tienen que ver con los EP Nunca estuve acá y En el aire; y algunas se relacionan con Vándalos o El Big Blue. No sé si publicaremos una ensalada de frutas o si encaminaremos todo hacia algún lado. Por ahora está abierto.
—Llevan 17 años como banda y algunos de ustedes tocan juntos desde los 12. ¿Seguir encontrándose en una búsqueda colectiva es una victoria?
—Sin duda. Lo desafiante es renovar los votos y seguir más o menos en la misma, aunque haya pasado una vida. Cuando arrancamos teníamos 18, 19 o 20 años y ahora promediamos los 35 o 36. Lo lindo es coincidir en la decisión de seguir juntos y haciendo canciones. Tocamos juntos desde los 12, en distintos proyectos y a modo de juego, y vimos a muchas bandas separarse. Lo más difícil es mantenerse unidos. Salir de gira por el mundo con nuestra música es un privilegio y un regalo que nos dio la vida. Es una victoria colectiva e individual.
—Este año tocaron en el Montreux Jazz Festival y luego llegaron al Outside Lands de San Francisco. ¿Qué te pasó al subir a escenarios de esa dimensión?
—En Montreux me temblaban las patas. Vi muchísimos videos de artistas que tocaron ahí: es un festival con 60 ediciones por el que pasaron los músicos que más admiro. Tocamos con el lago de fondo, en un escenario sobre el agua. Al vivirlo con mis amigos de toda la vida aparece el síndrome del impostor: “Che, que no se den cuenta de que los estoy cagando”. Ahí te apoyás en el grupo y nos sacamos adelante. Pero también está la posibilidad de creértela y comerte la película. Para eso sirve el grupo: te baja a tierra, te baja de un hondazo, como diría mi vieja.
—Cuando salen al escenario, sin embargo, parecen dejar esos miedos atrás. ¿En qué se convierte Goyo cuando comienza el show?
—El escenario, sin faltarle el respeto, es el patio de nuestra casa, nuestro lugar de juego. Tratamos de mantenerlo sagrado. Si estás con miedo, las luces te empoderan y la adrenalina te lleva hacia adelante. El miedo puede paralizarte o impulsarte hacia el abismo, y nosotros desarrollamos la habilidad de saltar al vacío e ir resolviendo sobre el pucho. A veces hay que dejar que hable la música. Si estoy nervioso, hablo menos con el público; si estoy relajado, me pongo más charlatán. Hay algo lindo que nos decimos: “Saquémonos el miedo y dejemos que hable la música”.
—El encuentro con Uruguay se volvió casi una cita anual. ¿Qué esperás de la vuelta a la Sala del Museo?
—Me saco la expectativa y llevo mi capacidad de asombro estimulada para dejarme sorprender y que tengamos una noche única. Tengo muchas ganas de reencontrarme con nuestro público en Montevideo y volver a visitar esa hermosa ciudad que tanto me gusta.