Bruno Mars, el genio que le escapa al algoritmo: por qué es el más escuchado del mundo con su disco tras 10 años

De imitar a Elvis a conquistar Spotify con 129 millones de oyentes: la historia de "The Romantic", el disco con el que Brunos Mars vuelve para demostrar que su talento no depende de modas.

Mars
Bruno Mars en su nueva era.
Foto: Difusión

Bruno Mars le escapa a la lógica de la sobreexposición. No publica discos cada año ni vive pendiente del vértigo del algoritmo. Lo suyo es otra cosa. Aparece, arrasa y se retira. Y cuando vuelve, el impacto es total. Lo acaba de confirmar con The Romantic, su primer álbum solista en una década. Hoy es el artista número uno de Spotify, con 129 millones de oyentes mensuales; cinco canciones superan los 3.000 millones de reproducciones y dos de los nuevos temas ya están instalados en el Top 10 global. En tiempos de consumo vertiginoso, convierte la espera en estrategia y cada regreso en un acontecimiento.

Es uno de los casos más singulares del pop contemporáneo, aunque al repasar su historia poco parece librado al azar. Nacido hace 40 años como Peter Gene Hernandez en Honolulu, hijo de madre filipina y padre puertorriqueño, se formó sobre un escenario. A los cuatro años imitaba a Elvis en el show familiar que animaba hoteles de Waikiki. Más que una anécdota infantil, fue una escuela. Seis noches por semana, frente a turistas de todas partes, aprendió a sostener la atención con recursos básicos: musicalidad y presencia. Esa experiencia ayuda a explicar al artista integral que es hoy: cantante, compositor, productor y frontman con lógica de banda.

El videoclip de “I Just Might”, primer adelanto de The Romantic, sintetiza esa idea. Interpreta a los cinco miembros del grupo, un recurso que refuerza su control sobre cada capa del proyecto. La lógica viene de lejos. En YouTube todavía circula una grabación que hizo a los cuatro años, “I Love You, Mom”. Allí canta que quiere ser un cantante superestrella. Más que una anécdota, funciona como declaración de intención. El tiempo y el oficio terminaron de darle forma.

Antes de consolidarse atravesó momentos complejos. Sus padres se divorciaron cuando tenía 12 años y ese quiebre alteró su entorno familiar. Durante un período vivió en condiciones precarias. La música, sin embargo, siguió siendo el eje. A los 18 se mudó a Los Ángeles convencido de que debía probar suerte allí. Adoptó su seudónimo y en 2004 firmó con Motown, uno de los sellos emblemáticos de la música afroamericana, pero el vínculo fue breve: al año le rescindieron el contrato.

Cambió de estrategia. Empezó a escribir y producir para otros artistas. En 2009 formó el trío The Smeezingtons, responsables de éxitos como “Fuck You”, de CeeLo Green; “Nothin’ on You”, de B.o.B; y “Billionaire”, de Travie McCoy. Los dos últimos, además, lo tenían como cantante invitado en el estribillo.

Primero se hizo oír. Después, se hizo reconocer.

Por eso, cuando publicó su debut, Doo-Wops & Hooligans, en 2010, no era un desconocido. Su voz, perfecta para la balada, le dio dos éxitos globales con “Just the Way You Are” y “Grenade”. El disco también reveló su costado más lúdico en “The Lazy Song”, “Marry You” y “Runaway Baby”. Fue un hit inmediato y vendió 15 millones de discos. Ese mismo año estuvo nominado en las categorías mayores de los Grammy —mejor álbum, canción y grabación—, aunque Adele, con su imbatible 21, se llevó los premios.

Su siguiente paso discográfico, Unorthodox Jukebox (2012), no solo amplió su alcance comercial: terminó de definir su identidad sonora. Canciones como “Locked Out of Heaven” y “Treasure” confirmaron su afinidad con el R&B y el funk de los setenta, abordados con precisión y articulados con una producción contemporánea. Esa línea estética también se trasladó a los videos y al vestuario, donde consolidó una imagen asociada a esa tradición que mantiene hasta hoy. En un momento dominado por la electrónica hecha para la pista de baile y el uso intensivo de Auto-Tune, optó por una referencia más orgánica que lo diferenciaba dentro del pop masivo.

El punto de inflexión llegó a finales de 2014 con “Uptown Funk”, grabada junto a Mark Ronson. La canción —un funk de pulso firme, con vientos precisos y un estribillo pensado para el movimiento colectivo— se convirtió en el himno de 2015 y pasó 14 semanas en el número uno en Estados Unidos.

Cuando llegó el momento de pensar en el siguiente paso, evitó repetir la fórmula. En 24K Magic (2016), y siempre con la tradición funk y R&B como referencia, amplió el marco estilístico sin abandonar su núcleo. La canción que da título al disco —con su arranque de talk box de textura robótica y guiño explícito a los ochenta— funcionó como puente con el público que esperaba continuidad. A partir de allí ensanchó el espectro y dialogó con el hip-hop de principios de los noventa en temas como “Finesse” y “That’s What I Like”.

24K Magic dio paso a una gira de 215 shows que, durante dos años, recorrió los cinco continentes. Ese nivel de exposición reformuló su relación con los tiempos de trabajo: optó por lanzamientos más espaciados antes que por una presencia constante. La pandemia profundizó ese paréntesis. En 2021 regresó con Silk Sonic, el proyecto junto a Anderson .Paak, donde llevó al extremo su diálogo con el soul y el R&B clásico. El sencillo “Leave the Door Open” funcionó como carta de presentación de ese nuevo capítulo.

Desde entonces, sus apariciones fueron cada vez más esporádicas y se concentraron en colaboraciones puntuales. En 2024 volvió a sonar en todo el mundo con dos de los mayores éxitos del año: la balada “Die With a Smile”, junto a Lady Gaga, y la lúdica “APT.”, con Rosé, de Blackpink.

Volvió a correrse del centro de la escena. Hasta que en enero, de manera inesperada, lanzó “I Just Might”, una canción de pulso disco-funk, y anunció The Romantic, su primer álbum solista en una década. Presentado como un trabajo atravesado por la idea del amor, el disco abre con un movimiento claro: “Risk It All”, una balada con cadencia de bolero, arreglos de vientos con ecos de mariachi y una sección de cuerdas que refuerza el tono confesional. “Arriesgaría todo por vos”, canta.

No es el único acercamiento a la tradición latina. “Something Serious” y “Cha Cha Cha” lo confirman. La segunda arranca con un fraseo que remite a la versión de “Oye Cómo Va” por Santana, y evoluciona hacia pasajes disco que dialogan con la estética de Off the Wall, de Michael Jackson. La red de referencias se amplía en “Why You Wanna Fight?”, donde se perciben ecos del enfoque de “I Can’t Help It”.

Lo que deja The Romantic es la confirmación de un método. Sin buscar rupturas, reafirma su apuesta por el revival como sello. Todo sostenido por canciones con pasta de hit. Ahora saldrá de gira para ponerlas a prueba donde mejor se mueve: sobre el escenario. Después, probablemente vuelva a correrse del foco, como es costumbre. Las canciones, en cambio, van a quedar.

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