Aterciopelados: la respuesta a las críticas por el "Tiny Desk" y la vuelta a Uruguay para celebrar un clásico

La banda habla de su "sufrida" sesión en NPR y el show en Sala del Museo por los 30 años de "La pipa de la paz", y Andrea Echeverri cuenta la historia de la canción que compuso tras su mastectomía.

Aterciopelados en el Tiny Desk, de NPR.
Aterciopelados en el Tiny Desk, de NPR.
Foto: Vanessa Castillo.

El paso de Aterciopelados por el Tiny Desk tomó por sorpresa a Andrea Echeverri. “No estábamos tan famosos desde la vez que fui con un traje de los Grammy a los Grammy de 2019”, le cuenta a El País en una videollamada. “Es una locura porque te sientes como muy en el ojo... Esto de las redes también abre la puerta a que cualquiera diga cualquier cosa”.

El comentario apunta a las críticas que el grupo colombiano —emblema del rock en español de los noventa— recibió tanto por el vestuario elegido para el emblemático formato de NPR como por el desempeño vocal de Echeverri. Sobre lo primero, no se detiene. Tampoco hace falta: ese estilo "reluciente, rechinante y aterciopelado" —como el título de su disco de 2016— es sello de la casa.

Sobre lo segundo, en cambio, es frontal. “Yo la sufrí por varias cosas”, dice sobre el set de 25 minutos que incluye clásicos como “Bolero falaz” y “El estuche”. “Una es que no tienes micrófono, y yo llevo casi 40 años acostumbrada a eso; así que nos tocó ensayar distinto. Y la otra es que eso de que no le hagan postproducción a uno lo pone nervioso”, admite. “Pero, al final, fue bonito porque es súper al natural. Ha tenido buena reacción y también gente que critica; es lo normal”.

El lector puede comprobarlo sin intermediarios: el set está disponible en YouTube. Allí, junto a Héctor Buitrago —bajista, compositor y la otra mitad de Aterciopelados—, la banda se rodea de siete músicos para reimaginar seis canciones, con paradas en La pipa de la paz, el disco que cumple 30 años y que será el corazón del show con el que volverán a Uruguay.

La cita será el próximo martes en Sala del Museo. Allí, los colombianos celebrarán su disco bisagra —el que incluye “Cosita seria” y “Baracunatana”— con nuevos arreglos. Las entradas están a la venta en RedTickets por 1980 pesos.

Sobre eso va este diálogo con Echeverri y Buitrago.

—En “No necesito”, de La pipa de la paz, una frase captura el espíritu del grupo: “No necesito su aprobación, / Tengo por dentro un medidor, / Que va marcando grados de satisfacción”. ¿Están de acuerdo?

Echeverri: Sí, y viene perfecto para esos que están jodiendo con el Tiny (risas). Hay veces que la música y el arte se hacen pensando en un target y que le guste a alguien, pero nosotros siempre hemos hecho canciones con la intención de que nos guste a nosotros y que exprese lo que sentimos y lo que creemos que vale la pena ser cantado y compartido.

La pipa de la paz es, además, un buen muestrario del camino que tomaría la banda en sus siguientes trabajos.

Echeverri: Sí, eso es muy chévere. Mientras montábamos las canciones para la gira, volví a leer todas las letras y recordé que en alguna entrevista, hace 30 años, alguien nos dijo que este era el disco que más “No” tenía: “No necesito su aprobación”, “No dañaré mi silueta con un bebé”, “No tengo pelos en la lengua”. Es una cosa de rebeldía que mantenemos y que ahí estaba en ebullición. También hay otras de afirmación y que me fascinan, como “La voz de la Patria”, que es de Héctor. Yo soy un ser un poco inseguro y, cuando canto: “Esta es la voz de la Patria, / Siempre ha sido y lo va a ser”, me lo tomo personal; lo siento como una vitamina.

—Para esta gira tuvieron que correrse un momento y mirar la obra desde afuera, casi como si fuera de otros artistas. En ese proceso, ¿qué es lo que más orgullo les da de La pipa de la paz?

Buitrago: El atrevimiento. Ese trabajo tan espontáneo de hacer una especie de flamenco en “Te juro que no”, o esa mezcla de bolero en “No necesito” y hasta el joropo-punk de “La culpable”. También me sorprende “Cosita seria”, que es una suite de muchos géneros, que todavía la oigo y no sé qué es...

Echeverri: ¡Pet Sounds!

Buitrago: ¡Sí! Es muy raro, pero gusta ese atrevimiento...

Echeverri: Pues a mí me encanta el efecto que tienen las canciones en la gente. Hay varias personas que le dicen a sus hijos “Cosita seria” (risas). Muchas mujeres me dicen que “Nada que ver” es lo máximo porque es una canción de rompimiento; una especie de inauguración de una libertad que cada uno encara a su manera. Eso es muy bonito.

—En ese sentido, el álbum está lleno de canciones de ese estilo: las que ya nombraron, pero también “La culpable”, “Chica difícil”...

Echeverri: ¡Ajá! Y también varias reacciones al éxito de El Dorado, nuestro disco anterior. “No necesito”, por ejemplo, tenía que ver con que censuraban el “Bolero falaz” y le cortaban el final ("Te dije que no, y te cagaste de risa"). Entonces, varias canciones tienen que ver con eso: aunque estés exitoso, de todas maneras tienes que reafirmar la cosa interna.

—Eso también se traslada a lo sonoro: ustedes fueron a Londres a grabar con el productor Phil Manzanera, pero en vez de buscar un sonido internacional prefirieron hacer un disco muy latinoamericano. Y, a la vez, hay tintes electrónicos que adelantan el camino de Caribe atómico, su siguiente álbum. ¿Cómo lo ven a distancia?

Echeverri: En la composición de La pipa de la paz estábamos ensayando todos los ritmos, pero hubo una coincidencia superhermosa: estábamos caminando por Londres y de repente vimos unos afiches que decían “Festival Colombiano”. Y nosotros: “¡Wow!”. Nos comunicamos con los músicos, y por eso en “La culpable” están los de Cimarrón y en “Baracunatana” y en otras, los meros vallenateros, ¿sabes? Porque se pudieron haber quedado como una versión no tan cercana, pero como pasó eso, quedó recolombiano. Y lo electrónico lo hizo un chico…

Buitrago: Era Nigel, de un grupo de música electrónica cercano a Phil Manzanera que se llamaba Tribal Drift. En las conversaciones con Phil yo le decía que me interesaba el sonido electrónico, pero en ese momento lo sentía distante por una cuestión técnica, me parecía muy complejo. Entonces hablamos con él, llamamos a este músico e hizo esos interludios y ambientes en algunas canciones que quedaron muy chéveres. Eso después abrió la puerta a Caribe atómico y ahí sí nos lanzamos sin miedo a la electrónica. Y Phil también tiene ascendencia colombiana, porque su mamá es de origen colombiano. Por eso fuimos con él: sabíamos que, de alguna forma, iba a entender las sonoridades colombianas…

Echeverri: Y hablaba español…

Buitrago: Exacto. Y también tuvimos la suerte de coincidir con otro gran músico colombiano que nos apoyó: Chucho Merchán, que tenía grupos de rock acá en los setenta, se fue para Inglaterra, entró en la escena y terminó tocando con Pretenders y con Pink Floyd. Él fue al estudio, grabó algunas cosas y nos apoyó. Entonces, a pesar de que es un disco hecho en Londres, se siente la colombianidad.

—En marzo publicaron “La Teta Pirata”, inspirada en la mastectomía bilateral a la que Andrea se enfrentó en 2025. ¿Qué representa haber compuesto esa canción?

Echeverri: Fue terapéutica porque la escribí en el momento en que me operaron y me dolía. Yo estaba superbajón; me encerré y la escribí y luego la archivé porque estábamos montando el disco Genes rebeldes, y me enfoqué en eso. Hartos meses después la volví a escuchar y dije: “acá hay algo lindo”. Hablé con Juan Pablo Villamizar, que produjo “La Teta Pirata”, y él le hizo unas separaciones porque la segunda parte, la optimista, era rarísima. Quedé muy contenta de que algo tan feo termine siendo algo tan bonito...

—Esa segunda parte es preciosa e incluye una frase muy luminosa: “Que viva la vida mientras se tenga, / Que la salud se mantenga, / y que viva la fiesta y la alegría, / que la música y el amor siempre te hagan compañía”…

Echeverri: Sí, es bien bonita (sonríe). Es una canción que toca mucho a la gente, porque a partir de lo que me pasó empecé a ver la cantidad de personas con cáncer, y en particular de mujeres con cáncer de mama. Uno te dice que la tía, otro que la mamá… es muchísimo. Entonces, lo lindo es que la canción puede dar un poco de esperanza, de compañía.

—¿Qué esperan de su reencuentro con el público local?

Buitrago: Va a ser muy chévere porque empiezan a aflorar los recuerdos. Es muy lindo volver celebrando La pipa de la paz porque vamos con el espíritu de hablar de la paz en este momento tan complejo...

Echeverri: Queremos ir a celebrar la paz y la vida. Porque yo la tuve cerca [a la muerte]... Entonces hay que aprovechar, porque no se sabe cuánto va a durar.

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