Antonio Vizintín recordó el golpe más duro en los Andes: "Vos estabas vivo, pero para el mundo estabas muerto"

El sobreviviente de los Andes presentó "La montaña siempre vuelve" y conversó en "En Clave País" de los 72 días en la nieve, la pérdida de su primera esposa y las otras cordilleras que atravesó después.

A los 73 años, Antonio Vizintín todavía siente que entre el 13 de octubre y el 22 de diciembre algo cambia adentro suyo. Son las fechas que enmarcan los 72 días que pasó en la Cordillera de los Andes tras el accidente de 1972 y, aunque hayan transcurrido 54 años, asegura que durante esas semanas se vuelve "distinto", más sensible.

De ese y otros temas habla La montaña siempre vuelve, el libro que publicó por Planeta y que presentó este viernes en En Clave País, el streaming de El País, en conversación con Malena Castaldi y Rodrigo Guerra. Durante mucho tiempo creyó que no tenía nada nuevo para contar. Hasta que empezó a anotar episodios de su vida en una libreta y descubrió otra cosa.

"Me han pasado una cantidad de cosas", comentó. Algunas parecen casualidades; otras, vistas en perspectiva, forman una trama. Entre ellas menciona que debió hacer respiración boca a boca cinco veces a lo largo de su vida. Así empezó a escribir, con una premisa sencilla: contar como habla.

El título surgió de una idea que excede a aquella montaña de nieve. "En la vida, la montaña siempre vuelve", explicó. Para Vizintín, son las dificultades que obligan a subir, los valles en los que se puede descansar y las mochilas que cada persona carga. Los Andes son el telón de fondo, pero el libro se extiende hacia todo lo que vino después.

También reconstruye lo que ocurría en Montevideo mientras él estaba desaparecido. Su hermano le contó que el 13 de octubre de 1972, a la hora del accidente, su abuela se dejó caer al piso y dijo: "Tintín me necesita". Vizintín conoció mucho después los telegramas de pésame enviados por su propia muerte, supo que habían donado su ropa y que incluso se discutió cómo sería un eventual velorio.

En la cordillera, uno de los golpes más duros llegó al séptimo día, cuando escucharon por radio que se suspendía la búsqueda. "Vos estabas vivo, para el mundo estabas muerto", recordó. De noche, la certeza podía ser insoportable. Hubo un momento en que le pidió a Dios volver a Montevideo, despedirse de su familia y regresar a la montaña para morir. A la mañana siguiente, sin embargo, volvía a convencerse de que iba a salir: "Tenía como un uniforme de invencible".

Tintín Vizintín en "En Clave País".
Tintín Vizintín en "En Clave País".
Foto: Darwin Borrelli.

Para sobrevivir también tuvieron que bloquear emociones. Cuando moría un compañero, contó, bajaban una cortina: no podían detenerse en el dolor. A eso se sumó una organización que Vizintín vincula con la disciplina aprendida en el Stella Maris y con la lógica del equipo de rugby. El grupo fue construyendo así lo que después se conocería como “la sociedad de la nieve”.

Vizintín integró la expedición final junto a Fernando Parrado y Roberto Canessa. Al llegar a la cima descubrieron que del otro lado no estaban los esperados valles de Chile, sino montañas hasta el horizonte. Parrado y Canessa siguieron; él emprendió el regreso. Años después supo que su mochila pesaba entre 30 y 40 kilos.

Durante unas dos horas estuvo completamente solo. Bajó deslizándose sobre la nieve, aun sabiendo que podía encontrar un precipicio o una piedra. Cuando llegó al fuselaje y sus compañeros preguntaron por los otros dos, decidió preservar la esperanza: les dijo que habían encontrado un camino y que habían seguido.

El libro aborda también la decisión de alimentarse con los cuerpos de quienes habían muerto. Vizintín la define como un pacto colectivo: nadie sabía quién sobreviviría y todos aceptaron que, si morían, su cuerpo podía ayudar a los demás. "La obligación tuya es conservar la vida", afirmó. Para juzgar aquella decisión, agregó, había que estar a 3.600 metros de altura y soportar temperaturas extremas.

"La montaña siempre vuelve", el libro de Antonio Vizintín.
"La montaña siempre vuelve", el libro de Antonio Vizintín.
Foto: Planeta.

El rescate le permitió cumplir aquello que durante las noches parecía imposible. Volvió a abrazar a sus padres, a su hermano y a su abuela; regresó a su casa, vio a su perro y se acostó otra vez en su cama. Después de más de 70 días, recuerda especialmente haber recuperado un olor: el suyo, todavía presente en la almohada.

Pero esa no sería la última montaña. Décadas después, su primera esposa, Graciela, murió de forma repentina en el baño del British School. Vizintín quedó solo con dos hijos, de 11 y 9 años. Escribir ese episodio fue uno de los tramos más difíciles del libro. Empezaba, lloraba, se levantaba del escritorio y volvía cuando podía. “En un chasquido de dedos te quedaste sin nada”, recordó.

Durante aquellos años lloraba cuando estaba solo bajo la ducha y, al salir, volvía a ser "superpapá y supermamá". Con el tiempo reconstruyó su vida junto a Josefina, con quien tuvo más de 30 años de matrimonio. Hay una coincidencia que todavía lo desconcierta: mucho antes de morir, Graciela le había dicho que, si algún día ella faltaba, Josefina podía ser una buena compañera para él.

Vizintín insiste en una idea que atraviesa el libro: "El accidente fue una parte de mi vida, no es mi vida". Después de volver retomó la facultad, formó una familia y tuvo una existencia que define como normal. Sin embargo, la historia nunca terminó de irse, y La sociedad de la nieve volvió a ponerla frente a nuevas generaciones.

Ver la película junto a Agustín Della Corte, el actor que lo interpreta, fue otra forma de regresar. "Todo lo que está pasando ahí te pasó a vos", dijo sobre la recreación de J. A. Bayona.

¿Por qué, después de más de medio siglo, la historia continúa interpelando? Vizintín tiene una respuesta: porque habla de "gente común, ordinaria, a la que le pasaron cosas extraordinarias". Y porque, en condiciones en las que habría sido posible el sálvese quien pueda, ocurrió lo contrario.

"Nos salvamos todos o nos morimos todos", resumió. Para él, ahí está lo que permanece mucho más allá del accidente: la amistad, la fraternidad, el sacrificio y la decisión de no abandonar al que estaba herido. La montaña, como dice el título, siempre vuelve. También vuelve la pregunta sobre qué hace una persona cuando la vida la obliga a subirla.

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