Este fin de semana, dentro del ciclo “Desequilibrios” que propone Cinemateca Uruguaya y programa el especialista argentino Fernando M. Peña, se exhibe una de esas películas que se han ganado la cocarda de gran clásico: Psicosis, de Alfred Hitchcock. Va a las 16.10 y conforma un doble programa “desequilibrado” con Pecados capitales, de David Fincher, que va a las 18.25.
Estrenada en Uruguay, de acuerdo al sitio Cinestrenos, el 18 de mayo de 1961 en el cine 18 de Julio (donde hoy Hitchcock mira la principal avenida desde un imponente mural), Psicosis ha sido una constante en el gusto cinéfilo local. Se ha reestrenado muchas veces y, doy fe, aún hay gente que es recelosa de meterse en una ducha por culpa de su escena cumbre.
Ese entusiasmo popular está certificado por la crítica. Ocupa el lugar 31 (compartido con 8 1/2, de Fellini, y El espejo, de Tarkovsky) en la canónica lista de las mejores películas de la historia organizada por el British Film Institute. Quedó en el puesto 14 entre las 100 mejores películas americanas de la historia que listó el American Film Institute en 2010.
“Mientras la propaganda insistía en la prensa en que no debía revelarse quién era el asesino a los futuros espectadores, se instaló un semáforo en el hall de la sala, que se ponía en rojo a los cinco minutos de comenzar la película para que nadie pudiera ingresar hasta la próxima vuelta, dejando de lado en la ocasión el sistema ‘continuado’”, dice Cinestrenos sobre las condiciones que exigía el inesperado giro a mitad de la película. Siga el consejo mañana.
En su crítica original para El País, publicada el sábado 20 de mayo de 1961, Emir Rodríguez Monegal no compartía ese entusiasmo y no hay testimonios de que haya rectificado esa primera impresión.
“La maestría es enorme, el desprecio por la materia que filma también”, concluye el crítico. “El viejo maestro parece haberse resignado ahora al papel, ligeramente obsceno, de proveedor de imágenes sádicas. Es una antigua profesión, y lucrativa”.
Se entienden las razones de Rodríguez Monegal, pero quizás exagere un poco. Una mirada anacrónica sobre su crítica es también un poco injusta.
Por las dudas: Psicosis está basada en una novelita de Robert Bloch publicada en 1959. Marion (Janet Leigh) roba 40.000 dólares de su jefe para casarse con su novio, Sam (John Gavin), y en su huida termina en el Motel Bates, una parada perdida en la carretera atendida por su dueño, el amable y algo tímido Norman Bates (Anthony Perkins).
Marion se viene a enterar, en el medio del duchazo y después de arrepentirse del robo, de que Norman es un psicópata asesino que comete sus homicidios bajo la personalidad de su madre. Su hermana (Vera Miles) sale a buscarla y al motel llega un detective interpretado por Martin Balsam.
Hitchcock venía de uno de sus períodos más creativos. Desde 1954 a 1960 estrenó algunas de sus obras maestras (entre ellas La ventana indiscreta, Vértigo e Intriga internacional) y Psicosis cierra esa etapa dorada. Podría sumarse allí la posterior Los pájaros, pero incluir en el canon sus siguientes películas ya suena a capricho de crítico.
La escena de la ducha no solo es sorpresiva porque, en el medio de la película, Hitchcock se despacha a su estrella principal, sino por el prodigio de su construcción: 78 planos y 52 cortes para convertir un asesinato en uno de los grandes momentos de la historia del cine.
Es tan crucial que ni Rodríguez Monegal pudo dejar de notarlo. “Lo único que justifica cinematográficamente este ejercicio en el sadismo es la habilidad técnica con que Hitchcock compone cada crimen y en especial el de la bañera”, escribió. “La perversidad de la escena aparece realzada por el impecable sentido del tiempo con que se proyecta cada imagen en la pantalla, suficientemente incisiva y horrible como para herir la sensibilidad pero escamoteada a tiempo para no embotarla”.
Mañana en Cinemateca se la podrá ver en su esplendor de pantalla grande.
Un puñado de películas sobre ciertas inquietudes
“De las experiencias extremas que han fascinado a los cineastas desde siempre, la alienación quizá les haya sido la más próxima”, dice en el boletín de Cinemateca Uruguaya, la presentación del ciclo “Desequilibrios” que reúne películas -seleccionadas por el argentino Fernando M. Peña- que rodean esa fascinación.
Hoy a las 16.45 va Nido de víboras (1948) con Olivia de Havilland y Nunca te prometí un jardín de rosas de Anthony Page (a las 18.55). Mañana, Psicosis y Pecados capitales y el domingo Detrás de un vidrio oscuro de Ingmar Bergman (a las 17.00) y Un ángel a quien amar de Michael Rymer a las 18.50.