La nueva película de “Rebelión en la granja”: la insólita historia que hoy une a Orwell, la CIA, Stalin y Trump

Se estrenó en cines locales, la fábula anticomunista que George Orwell publicó en la década de 1940 en una versión animada dirigida por Andy Serkis

Rebelión en la granja
Rebelión en la granja

Escrita en 1945 y publicada con el subtítulo “Un cuento de hadas”, Rebelión en la granja fue la advertencia de George Orwell sobre una corrupción que percibía inherente al comunismo. Cuatro años después, con mucho menos tono de fábula, volvería a alertar sobre las autocracias en 1984, una advertencia bastante más directa y siniestra.

Rebelión en la granja, que hoy llega a los cines locales en su tercera adaptación cinematográfica animada, es una fábula política inequívocamente basada en la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia y en lo que veía como traición a la causa por parte de Josef Stalin.

Orwell cuenta esa historia a través de unos animales de granja que, después de derrocar y exiliar a los humanos explotadores y negligentes, funda una sociedad igualitaria, basada en siente principios: “todos los animales son iguales” es el más importante. Pero los cerdos, los más inteligentes y ávidos de poder de la granja, terminan corrompiendo la revolución. Así, todos los animales son iguales, aunque algunos pasan a ser más iguales que otros. Cualquier coincidencia con la realidad no es pura coincidencia.

Los cerdos instauran una dictadura, liderada por Napoleón (o sea, Stalin), todavía más opresiva y despiadada que la de los humanos. Frente a él está Snowball, el revolucionario bueno, que Napoleón se encarga rápidamente de sacar de circulación y que Orwell asocia claramente con Trotsky.

Escribir y publicar una obra semejante -fue rechazada por cuatro editores- era una apuesta difícil. El propio Orwell, que siempre se definió como socialista demócrata, escribiría más tarde que, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Stalin era un aliado, la “ortodoxia dominante” consistía en “una admiración acrítica de la Rusia soviética”. El poeta T. S. Eliot, que entonces era editor en Faber & Faber, elogió la escritura, pero señaló no saber “si este es el punto de vista adecuado desde el cual criticar la situación política en el momento actual”.

Dio en el clavo: Orwell concibió la novela como un reproche a sus camaradas occidentales, que se negaban a ver cómo Stalin había traicionado la revolución.

“(Orwell) no ataca la condición humana en su raíz, sino el error y la maldad de los hombres”, escribió en febrero de 1949, en Marcha, Emir Rodríguez Monegal. “Orwell -de cuya lucha contra los fascistas en España un testimonio valioso: Homage to Catalonia- pinta una situación sin salida a la que se llega por estupidez e ignorancia de una parte, y por ambición y crueldad de la otra. Y por eso su historia no es solo una dura y minuciosa descripción. Es también una advertencia que no por implícita resulta menos clara”.

Intentos en el cine.

Con todo es es una historia infantil, aunque sus tres adaptaciones cinematográficas hayan sido animadas, una elección que podría hacer que el tono de “cuento de hadas” se imponga al de sátira.

La primera adaptación, de 1954, tiene un tono Disney, aunque algo más oscuro, y fue financiada por la CIA como parte de su propaganda anticomunista (está en YouTube en español). En 1999 se estrenó una versión para televisión que combinaba títeres con animales reales y que resulta bastante tenebrosa.

La versión que se estrena hoy en Uruguay está dirigida por Andy Serkis, el actor que interpreta a Gollum en El Señor de los Anillos y a César en El planeta de los simios.

Tiene porte de superproducción: el guion está escrito por Nicholas Stoller (Buenos vecinos) y en el elenco están Seth Rogen, Glenn Close, Steve Buscemi, Jim Parsons, Kieran Culkin, Gaten Matarazzo, Woody Harrelson y Kathleen Turner. No queda claro cómo hizo Serkis para convencerlos. Igual en Uruguay todas las versiones disponibles están dobladas al español.

En su crítica para The Guardian, Peter Bradshaw, que le otorgó una estrella sobre cinco, fue contundente. La calificó de “imperdonablemente empalagosa” y la acusó de “traicionar a Orwell al insípidamente despojar de toda fuerza su clásica alegoría del estalinismo y la revolución fallida con un final feliz tonto al estilo Disney”. Todas las versiones, conviene decirlo, han aliviado la sombría conclusión orwelliana.

Otros críticos han señalado en la versión de Serkis una crítica al presidente Donald Trump —ciertamente, Napoleón está lleno de “trumpismos”- y referencias cristianas en el edulcorado nuevo final, lo due parecería, de antemano, una contradicción. Detrás de la película -en una ironía que solo el negocio del cine puede permitirse- está Angel Studios, una distribuidora vinculada a la ultraderecha cristiana y que ha producido películas cercanas a la conspiranoia del movimiento QAnon como Canciones de libertad, seguramente su mayor éxito. Entre el merchandising de Rebelión en la granja, informó The New York Times, hay un gorro de béisbol con letras blancas en el que se lee “Make Animal Farm Fiction Again”, de claras connotaciones MAGA.

Todo muy raro y, en cualquier caso, una circunstancia que habilita nuevas lecturas de una obra clásica que nunca ha tenido demasiada suerte en el cine pero que sigue siendo pertinente.

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