Las desgracias que padece Linda, ese manojo de nervios deshilachado interpretado por Rose Byrne en la desquiciada comedia dramática del año pasado Si pudiera, te patearía, incluyen, entre otras cosas: una hija misteriosamente enferma, un marido hosco y ausente, un hámster malévolo y un agujero negro cósmico en el techo de su dormitorio. Incluso ver la película resulta extenuante.
Lo fue tanto para Byrne que su siguiente proyecto es una reposición en Broadway de una poco vista obra de Noël Coward de 1925 titulada Fallen Angels, junto a Kelli O’Hara, Tracee Chimo y Mark Consuelos en la Roundabout Theater Company. Las funciones, en el Todd Haimes Theater hasta comienzos de junio.
“El placer de intentar llevar una comedia farsesca al escenario se sintió como una oportunidad enorme y un antídoto creativo encantador, y eso es algo que realmente necesitaba” dijo Byrne, cuya última actuación sobre un escenario fue hace seis años, en Medea.
Conan O’Brien, que interpreta a su terapeuta en la película, ha observado sus intentos por esquivar la atención que le trajo la película. “Rose es una actriz querida y consolidada, y sin embargo es completamente alérgica al elogio”, dijo. “Durante toda la trayectoria de la película recibió tantos elogios merecidos, pero se nota que eso la incomoda. Puedo identificarme porque, para los irlandeses, un cumplido es el preludio de un desastre”.
Su interpretación de un personaje que ella describió como “una mujer completamente colapsando y desmoronándose por dentro” le dio el Globo de Oro y el Oso de Plata en el Festival de Berlín y una nominación al Oscar. Si pudiera, te patearía llegó ayer a cines locales.
Byrne, que tenía ocho años cuando empezó a tomar clases en el Australian Theater for Young People. Fue allí donde llegaron papeles, incluido un paso de seis meses por una telenovela nocturna a los 15 años que Byrne describió como “el entrenamiento más increíble en actuación para cámara”. (Las telenovelas como trampolín profesional son casi una tradición australiana; otros miembros de esa fraternidad incluyen a Russell Crowe, Naomi Watts, Chris Hemsworth y Margot Robbie).
A los 18 años, Byrne consiguió una plaza en el programa de verano de Atlantic Theater Company en Nueva York, y pasó tres intensos meses estudiando la técnica de Practical Aesthetics. En Australia, se integró a la Sydney Theater Company.
Hizo algo de Chéjov y una comedia francesa del siglo XVIII allí, y luego comenzó a conseguir más papeles en pantalla a fines de los 90 entre ellos un policial junto a Heath Ledger y el road drama The Goddess of 1967. Su actuación en esa película como una joven ciega víctima de abuso sexual le valió, a los 20 años, la Copa Volpi, el máximo premio actoral del Festival de Venecia. “Eso fue un shock”, dijo. “Mis padres todavía tienen la copa”.
Siguió una serie de producciones de Hollywood, entre ellas Star Wars: Episodio II - El ataque de los clones (en la que interpretó a una doncella de la reina galáctica exiliada de Natalie Portman); la épica camp Troya (como posesión real del intensamente rubio Aquiles de Brad Pitt); y la ensoñadora y anacrónica Maria Antonieta de Sofia Coppola.
Un corprotagónico en la serie judicial Damages junto a Glenn Close, en la que apareció durante cinco temporadas y por la que obtuvo dos nominaciones tanto al Emmy como al Globo de Oro, fue, dijo Byrne, “verdaderamente un punto de inflexión”. Y los papeles en Damas en guerra, Insidious y X-Men: First Class demostraron que podía moverse con elegancia entre la comedia, el terror y las grandes franquicias.
La actuación descarnada de Byrne en Si pudiera, te patearía marca otro momento transformador. En la película, que Jeannette Catsoulis, crítica de The New York Times, definió como “un alarido de desesperación materna atravesado por un humor cortante”, la Linda de Byrne es una mujer tan al borde de un colapso nervioso que uno teme que pueda precipitarse por el borde mismo del mundo. Atraviesa la película un hilo de angustia metafísica, vislumbrado a través de alucinaciones auditivas y visuales que capaz son manifestaciones de su estado mental.
“Me gustaba la idea de decir: ‘Acá está esta persona que todos conocemos y queremos, dejame presentártela de nuevo’”, dijo Mary Bronstein, guionista y directora de la película. “Sabés que puede hacer esto y esto otro. Bueno, ¿sabías que puede hacer esto, y que puede hacerlo mejor que nadie?”
Su película, dijo Bronstein, “es todo lo que Hollywood nos dice que no quiere en una película: una mujer de mediana edad muy difícil de empatizar, donde no hay mirada masculina, no hay sexualidad, simplemente está realmente abordando una experiencia femenina”.
Byrne es consciente de que Linda, con su furia y ansiedad desbordadas, sus salidas nocturnas en busca de marihuana y sus cuestionables decisiones como madre, sigue siendo una excepción en una industria donde, desalentadoramente, todavía son sobre todo los hombres quienes cosechan los beneficios de ser desmesurados en pantalla.
“Es una cosa muy trillada de decir, pero sí se siente un poco radical”, dijo sobre el reconocimiento por el papel. “Tiene algo un poco punk”.
Leah Greenblatt, The New York times
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