La ceremonia del Oscar de 1993 es recordada por varios hitos. El Oscar honorífico a Federico Fellini, la última aparición de Audrey Hepburn y la consagración de Clint Eastwood con Los Imperdonables. Y fue el año en el que Uruguay tuvo, por nueve días, una candidata al Oscar a mejor película extranjera.
La alegría duró poco: Un lugar en el mundo era argentina, y la Academia decidió eliminar la candidatura. El Oscar a mejor película extranjera fue para la francesa Indochina.
Comienzo con un tropiezo. Un lugar en el mundo, dirigida por Adolfo Aristarain, había sido un éxito en Argentina y España. Protagonizada por el español José Sacristán, Federico Luppi, Leonor Benedetto y Cecilia Roth, ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y se convirtió en uno de los títulos del 1992. A Uruguay llegó, de acuerdo al sitio Cinestrenos, el 18 de junio de ese año.
La crítica de Henry Segura, publicada en El País el 21 de junio de 1992, elogiaba la película a la que se presentaba como argentina, y las virtudes de su director.
“Sigue siendo admirable lo que consigue con los pocos elementos que la producción puede darle, sobre todo en la construcción de imágenes a las que no se les puede reprochar nada, porque tanto la iluminación como la música son piezas claves”. También elogió al elenco, especialmente a Roth “que en dos momentos tiene que moverse abruptamente en estados emocionales contradictorios”.
Más allá de sus virtudes, Un lugar en el mundo —dicen que por un voto— no fue la enviada por Argentina a los Oscar. Fue El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, otra película exitosa en la taquilla y con recorrido por festivales.
Con el tiempo en contra y los países definiendo sus candidatas, Aristarain, seguramente el director argentino más importante de la década de 1980, acudió al ministro de Educación y Cultura uruguayo Antonio Mercader, para solicitar que la película representara a Uruguay, ya que nuestro país no tenía otras postulaciones. De hecho, nunca había presentado una película ante la Academia.
Ante la negativa del MEC, el realizador apeló a Manuel Martínez Carril, director de Cinemateca Uruguaya, quien aceptó el plan, y en noviembre de 1992 con el escritor Eduardo Galeano se anunció que la película había sido enviada por Uruguay al comité de película extranjera de la Academia.
Cuando el 17 de febrero de 1993 la Academia anunció las nominaciones, Uruguay aparecía entre los cinco candidatos a mejor película extranjera. Argentina, no.
A pesar de ser un hito, en la portada del 18 de febrero de 1993 de El País no había mención a la nominación uruguaya al Oscar. Los títulos se centraban en el “Espectacular operativo en Ciudad Vieja; caen asesinos del cambista”. Otro decía: “Lacalle-Pereyra: Política económica bloquea acuerdo”, por las reuniones entre el presidente Lacalle Herrera y Carlos Julio Pereyra; y en la hazaña de Bella Vista que, con nueve jugadores empató 2 a 2 con Nacional por la Libertadores.
La paternidad de la criatura
El sábado 20 de febrero, en la portada de la segunda sección de El País, el ministro Mercader, hablaba de la nominada al Oscar.
“No es una película uruguaya y en su momento, cuando nos pidieron nuestro aval, se lo negamos”, dijo. “Adolfo Aristarain es un brillante director y su obra es excelente, pero la película es ajena a nosotros y su inscripción como uruguaya es una trampa del punto de vista ético”.
Recordó el pedido de Aristarain y la negativa del Ministerio y que “podría haber un perjuicio para Uruguay en momento en que este Ministerio de Educación y Cultura está organizando, por primera vez en el país, un Instituto Nacional del Audiovisual, como parte de un programa de impulso al cine y video uruguayos”.
El domingo 21 de febrero, Alicia Migdal en una columna para El País titulada “Oscar: Argentina puede ganar”, dice que la discusión no es cinematográfica, sino política, cultural y, sobre todo, identitaria.
“Argentina todavía puede ganar el Oscar, tiene a Uruguay de hijo chico, de bobo de la película, de barrio anexo a la metrópoli para seguir teniendo una chance en la Academia de Hollywood”.
Migdal también comenta sobre la curiosa recepción de algunos medios que recibieron la noticia “como si fuera lógico y natural ese regalo del cielo que ubicaría al ignoto Uruguay en el mapa del cine con una película argentina”.
Explicaciones a medias
Finalmente, nueve días, el 26 de febrero, después de haberse anunciado las nominaciones al Oscar, la Academia descalificó a la película.
Ese día, Aristarain y Luppi vinieron a Montevideo para dar sus explicaciones a la prensa.
“La reunión tuvo un clima singular”, dice la crónica de El País. “Por un lado, la mesa que la presidía se esmeró en ofrecer argumentaciones que apoyaban la procedencia de que Uruguay respaldara a un film argentino (con escasa participación uruguaya) y por otro lado, los abundantes periodistas presentes mantuvieron un silencio colectivo, apenas cortado por breves preguntas, hasta que otro tipo de planteamientos de la prensa encabritaron el clima de la conferencia con visible malestar de, por lo menos, Luppi y Aristarain. No les gustó que un cronista uruguayo quisiera saber por qué Un lugar en el mundo había sido presentada como película argentina (con algún capital español) cuando se estrenó en Montevideo, para descubrir luego su porción uruguaya cuando se trató de aspirar a la competencia del Oscar”.
Pero en vez de explicaciones, hubo chicaneos y enojos de Luppi contra los periodistas que cuestionaban la uruguayez de la película.
Martínez Carril dijo en la conferencia que “según las reglas de juego de la Academia, lo que era suficiente en noviembre (cuando se presentó la candidatura del film) es insuficiente en febrero”.
También habló Galeano, quien elogió la película (“irradia autenticidad y calor humano en una época de frigidez”) y mostró su disgusto ante lo que calificó como “un coro de ofendidos, voces de indignación y de pena que no entiendo” por la candidatura de la película, que en cambio para él “era un motivo de alegría”. Definió a esas voces discrepantes como “la victoria de la burocracia sobre la energía creadora”.
En esa misma página se anunciaba la decisión de descalificar la película de los Oscar. “La película concursaba a solicitud del Uruguay, pero luego del anuncio de las candidaturas, se obtuvo información que sugería que la película era esencialmente una producción argentina y que no había suficientes artistas uruguayos en su creación para permitir que figurara en nombre del Uruguay”.
“El problema es que no se trata de una verdadera co-producción”, dijo Fay Kanin, miembro del comité para películas en idioma extranjero de la Academia. “Si en el equipo creador hubiera figurado un número significativo de uruguayos junto a los realizadores argentinos, no hubiéramos tenido ese problema. Pero los únicos uruguayos son la diseñadora de vestuario, que también colabora en el argumento, y el quinto integrante del reparto. Todo lo demás en la película es argentino”.
Y así, sin película propia y sin premio, el país protagonizó uno de los trucos de magia más insólitos en la historia de los Oscar: haber estado, por un instante, en el centro de la escena, solo para desaparecer antes de que empezara la función.
Otros borrones del Oscar
En muy pocas ocasiones la Academia decidió descalificar a una candidata. En 1956 se retiró la nominación a High Society, nominada a mejor guion para Edward Bewrnds y Elwood Ullman, confundida con Alta Sociedad, protagonizada por Frank Sinatra, Bing Crosby y Grace Kelly. Ullman mandó un telegrama a la Academia pidiendo que sus nombres sean removidos de la papeleta.
Peor suerte tuvo el documental Young Americans. Ganó el Oscar en abril de 1969 y al mes siguiente fue declarado inelegible al comprobarse que se había estrenado comercialmente antes del período de elegibilidad de la Academia. En los registros figura que el premio fue para Journey into Self.
Y el caso de Un lugar en el mundo no es la última interacción de Uruguay en la categoría ahora llamada Película Internacional, ya que en la edición 2025, Uruguay decidió bajar de la carrera el documental Hay una puerta ahí, de Juan y Facundo Ponce de León (entonces presidente del ACAU, uno de los organismos que elige la enviada al Oscar) sobre la amistad entre un paciente con ELA que busca la eutanasia, y un médico español de cuidados paliativos.