Anatomía de una caída: ¿por qué "Digger", la película de Tom Cruise, puede ser el fracaso más grande del cine?

Era una de la grandes apuestas del año con la reunión del actor con el mexicano Alejandro González Iñarritu y en dos semanas no recaudó ni el 10% de su inversión

Digger
Tom Cruise en "Digger"

A los directores y a las estrellas de cine no siempre hay que atenderles los caprichos. La premisa -que suena a lección nunca aprendida- es una verdad a medias, porque de proyectos disparatados y productores dispuestos a concretarlos han salido algunas de las mejores películas de la historia. También algunas de las peores.

Digger no es ni una cosa ni la otra, aunque la acumulación de miradas negativas tenga que ver con su pedantería y su autoindulgencia que, de ambas, acá hay un montón.

Asocia a un director mexicano con dos premios Oscar y una carrera sobresaliente, y a uno de los grandes astros de la historia del cine: Alejandro González Iñárritu y Tom Cruise, respectivamente.

Una reunión de esa calaña es considerada un acontecimiento. Le permitiría al mexicano volver a las grandes ligas de Hollywood después de Bardo, interesante y demasiado mexicana y personal, y de los Oscar por Birdman y El renacido, que, a fuerza de ser sincero, son bastante mejores que Digger.

Para Cruise era volver a vincularse con un director considerado visionario y prestigioso, como alguna vez hizo con Stanley Kubrick en Ojos bien cerrados y con Paul Thomas Anderson en Magnolia (¡1999 fue un tremendo año para Cruise!). Esa clase de directores son capaces de llevarlo a territorios ajenos al suyo y sacar lo mejor de él.

En Digger lo volvió a hacer. Más allá de los apliques y las prótesis, el personaje le permitió una de las caracterizaciones más arriesgadas de su carrera, junto con la de Una guerra de película. Demuestra también aquí su potencia como comediante, un músculo que no ejercita seguido.

Entonces, ¿qué pasó con Digger que, como viene repitiendo la revista Variety desde hace una semana, no solo podría ser el fracaso del año, sino el más grande de la historia de Hollywood?

Las cifras son contundentes, aunque todavía se trate de estimaciones. Según Variety, la asociación entre Iñárritu y Cruise puede llegar a perder unos 245 millones de dólares. Hay quienes hablan de 300 millones, un agujero financiero importante.

Digger, que se estrenó el fin de semana pasado en todo el mundo y sigue en cartel en Uruguay, habría costado unos 180 millones de dólares, aunque su presupuesto original era de 125 millones.

Promocionarla costó otros 100 millones y una eventual campaña para los Oscar podría sumar 15 millones más. Casi 400 millones de dólares.

Hasta ahora, la película lleva recaudados 50 millones y, en su segundo fin de semana, cayó un 60% en la venta de entradas. De lo recaudado, además, la mitad se la llevan los exhibidores y, si generara ganancias, Cruise tiene un porcentaje. La inversión va a ser difícil de revertir.

Es el peor rendimiento de una película de Cruise, quien venía de producir y protagonizar Top Gun: Maverick y la última Misión imposible, dos de sus franquicias en activo más rentables. Un desempeño así podría afectar sus chances de figurar en los Oscar por un papel por el que tendría que estar entre los nominados, un logro para el que aquí hizo todo lo necesario.

“Cuando estoy haciendo películas, no pienso en el ‘fin de semana de estreno’”, dijo Cruise ante este panorama. “Siento firmemente que vamos a crear algo que perdure como obra cinematográfica”.

Coyunturalmente —y reconociendo lo difícil que es deducir la permanencia de una obra—, eso podría no estar sucediendo. Y una parte de su poca aceptación puede deberse a la mala onda de la crítica. En esos modernos baremos en que se ha convertido el gusto popular, la película tiene un 51/100 en Rotten Tomatoes, el sitio que mide el consenso entre los críticos. En CinemaScore, que mide la opinión de la audiencia, tiene un C+, o sea, un seis en el sistema liceal hasta 12. De mitad de tabla.

Algunos de los medios más importantes (The New York Times, IndieWire, The Boston Globe) le dieron duro, acusándola de presuntuosa y maliciosa. The Hollywood Reporter le espetó un “insufferable stinker” (literalemente “un asco insufrible”).

Para dar una mano y frenar el desastre, varias figuras salieron a defender la película. Allí estuvieron al firme, entre otros, Guillermo del Toro, Glen Powell, Anne Hathaway, Jane Fonda y Ron Howard. Warner, el estudio que financió el invento, publicó las calificaciones negativas y mandó un “Decide por ti mismo” en una campaña de salvataje más que de marketing.

En Gran Bretaña fueron más tolerantes y algunos -The Guardian, para el caso- hablaron de la negligencia de la crítica estadounidense, confundida por el juego metacinematográfico que propone la película, a la que se califica de obra maestra incomprendida.

tom-cruise-digger
Tom Cruise en "Digger"

Digger es un guion de Iñárritu con Alexander Dinelaris (que escribió El renacido y ganó un Oscar), el argentino Nicolás Giacobone (que escribió, con otros, Birdman y ganó un Oscar) y la dramaturga mexicana Sabina Berman. Tiene que haber sido un trabajo de logística y estructura muy afinado para mantener los distintos planos narrativos que la película maneja.

Cruise es Digger Rockwell, un petrolero norteamericanamente ambicioso cuyas excavaciones en Groenlandia provocan un desastre camino a ser apocalíptico. Tiene de su lado al presidente de Estados Unidos (interpretado por John Goodman) y, aunque la sugerencia es la de ir por la tolerancia y el respeto, el petrolero va por la arrogancia y la testarudez. Es un planteo bastante maniqueo quizás por acentuar el caracter de urgente que pretende la película.

Simultáneamente —spoiler menor, ya que el dato está en todos lados—, Rockwell es un personaje interpretado por Curtis Markson, un actor (obviamente, también Cruise) en una puesta en escena de Fossil Fools, una superproducción teatral adaptada y dirigida por Hannah (Sophia Wilde). La acción transcurre en esas dos realidades y exige estar atento. Iñarritu nunca ha sido de los que escatiman pretenciosidad.

Ese es el juego metacinematográfico del que hablaban los críticos británicos, que le da a la película una libertad visual barroca de la que se aprovecha Emmanuel Lubezki, el director de fotografía que ganó dos de sus tres Oscar por El renacido y Birdman, y que aquí vuelve a la troupe de Iñarritu.

Gran parte del mérito está ahí y en el diseño de producción de Dennis Gassner, que va por el deleite de una imaginación desbocada. Los escenarios son impresionantes, si se permite el facilismo.

El tono es de sátira contemporánea, que Iñárritu toma principalmente de Kubrick, aunque la puesta en escena es lo más cerca que ha estado en toda su carrera de Wes Anderson. La referencia satírica más obvia va por el lado de Dr. Insólito: como allí se alertaba sobre la amenaza nuclear, aquí se hace sobre el cambio climático.

Con todo eso se consigue una película que puede verse fallida, pero cuya gracia podría estar en su propia autoindulgencia: en su necesidad de decir cosas importantes de la manera más ostentosa, de hacer sátira sin que quede claro cuán profunda entra la daga.

Aloja una contradicción: es una crítica al capitalismo desde el propio capitalismo. O sea, cuestiona un sistema del que depende para existir y convierte sus excesos en parte de su espectáculo. Su ambición no la salva necesariamente de sus fallas, pero ayuda a entender qué busca y por qué no alcanza con despacharla como un desastre. Capaz que la intención revolucionaria de Iñarritu es llevar a la quiebra a un estudio de cine. No parecería ser el caso.

Con todo eso Digger —por su director, su estrella, su porte es un espectáculo cinematográfico tan fallido y disparatado como tienden a ser los caprichos. Y eso capaz que merece una oportunidad.

¿Encontraste un error?

Reportar
Te puede interesar